Venga, lo voy a decir…no he visto ninguna película de Arturo Ripstein. Muchos de vosotros, cinéfilos (que no descarta que igualmente yo lo sea), lo tomaréis como una ofensa, pero, sinceramente, ninguna de sus películas me ha llamado especialmente la atención, y, tampoco os voy a mentir, a veces necesito vida social (no puedo estar enclaustrado viendo la filmografía de todos los directores que deambulan por el mundo). Cultureta o no, nunca he sido un seguidor ferviente de las modas, y si una película gusta a todo el mundo y a mí no me convence, no daré mi brazo a torcer porque todo el mundo lo diga, y lo mismo de forma contraria (aunque hay veces, que un mal día puede influir y un segundo visionado puede cambiar tu percepción de la misma)…y no creo que por ello cada uno deba entender menos el cine. Yo soy de los que dice, si no te gusta, peor para ti, y si te gusta…bienvenido sea, no hay más. Todo esto viene a colación porque el último film de Arturo Ripstein, La calle de la amargura, que ha estado en los festivales de Venecia y de Toronto y que ha obtenido unas críticas estupendas, me ha parecido una decepción mayúscula de un autor que por llevar su nombre, debe ser encumbrado…porque sí no, no lo entiendo.

Es la madrugada y dos putas de edad provecta vuelven a sus cuchitriles. No están cansadas de trabajar. Están cansadas de no hacerlo. Una, en su casa, tiene problemas con su hija adolescente y con su marido transvertido. La otra con su soledad. Pero para esa noche, tienen compromiso para celebrar la victoria en el ring de dos luchadores enanos. En el hotel de paso y para despojar a los hombres minúsculos de las ganancias, los narcotizan con gotas oftalmológicas. Pero la dosis resulta letal. Los asesinan sin querer. Asustadas y confusas, cometen todos los errores posibles. Las aprehenden

Si me hubiera gustado la película no os pondría la que es la sinopsis oficial de la película, pero como no lo ha hecho, allá que os aguantáis….¿que por qué comento esto? Porque yo, iluso de mí, lo leí antes de asistir al pase donde se proyectaba la película y cual es mi sorpresa que hasta pasada una buena hora de película…no ocurre el conflicto principal. Vamos, lo que viene siendo…la sinopsis oficial….te cuenta la película entera, sin bromear ni un ápice. Y, ustedes dirán ¿pero habrá algo más no? Pues señor espectador…no. Lo que el público visiona es a una presentación de personajes a los que es imposible empatizar ( por que ya ni siquiera digo simpatizar), bien por el carácter desagradable y excesivamente patético de todos y cada uno de ellos, bien por que sus actores no dan la talla (y créanme cuando digo esto…por momentos parece que están recitando sus diálogos) o bien por que, y esto no es broma, apenas se entiende nada de lo que dicen, lo cual nos es muy difícil conectar con lo que estamos viendo.

Y aún así, cuando el relato se centra en su conflicto, consigue despegar de una mediocridad exasperante en la que, como espectador, me era imposible creerme nada de lo que veía…pero absolutamente nada. Por eso, creo que su última media hora, al menos salva un poco los muebles de lo que podría haber sido, en mi opinión, uno de los mayores suplicios y ejercicios de pedantería, del año. No es así, porque al final sus dos personajes centrales, consiguen evolucionar un poco y empatizar algo más con el espectador, pero de todos modos, ya es demasiado tarde, pues su exhasperante ritmo ha hecho mella en los cuerpos de las personas pegadas a su butaca y retorciéndose como si no hubiera un mañana (desde aquí digo, que la mayor parte de la sala, todos críticos…sacaron los móviles en mitad de la proyección, para que luego se diga que les “encantó” la película…quizá estaba igual que yo, mirando continuamente la hora para que acabara este sufrimiento). Una pena, porque posibilidades había en esta historia, que aunque en determinados momentos, coge su tonalidad (en su media hora final, cuando la fatalidad recae sobre ellas), la mayor parte del film resulta plano, monótono, sin vida y sin la menor gracia.

Lo que no voy a negar es que su trabajo de fotografía resulta estupendo, creando algún que otro plano secuencia bastante destacable, y aprovechando bastante bien los espacios que tiene, aunque sin excederse demasiado (no quiero que después os llevéis una decepción). A lo que ya no doy crédito es a un trabajo tan primordial como el sonido…tan descuidado que, además de que es muy difícil de entender a sus actores, apenas se les escucha debido a la ínfima calidad del mismo, y el hecho de que algunos actores estén doblados y otros no en la misma escena resulta cantoso, no, lo siguiente (y no es a propósito, créanme, que estas cosas se notan). Y el montaje, bueno, prefiero ni comentar, porque el film es un continuo fundido a negro…termina una escena, fundido a negro…termina un diálogo, fundido a negro…se tira un pedo, fundido a negro…es tal la sucesión de este recurso que hasta me sacó una risa involuntaria (hay un momento que realiza un fundido…para abrirlo con el mismo plano y en la misma escena, no digo más).

Estoy siendo muy duro con La calle de la amargura, pero me ha sido inevitable dar mis impresiones a un film que ha obtenido miles de elogios y que cuando me ha tocado visionarlo, me he reído en la cara de todos ellos. No por nada, estuve muy poco a salirme del cine (ya no por no entender apenas a sus actores, sino porque ni su historia ni sus personajes tenían algo que desarrollar u ofrecer), pero mi furia ante el film consiguió apaciguarse debido a que cuando entra el conflicto principal, el film despega de su letargia, y al menos ofrece un relato sobre la fatalidad que, aunque no conmueva (para nada), si resulta acertado por el patetismo reflejado antes. Lo que tengo muy claro es que si el resto de la filmografía de Arturo Ripstein se asemeja a esta obra, doy gracias a Dios que no he perdido tanto el tiempo. Y si, esta vez, nadie hará que cambie de opinión respecto a este film, y respeto mucho a los que os haya encantado el film, a mí me ha parecido lo más cercano a una tomadura de pelo.

Nota El Blog de Cine Español: 3.
Manu Monteagudo

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Venga, lo voy a decir…no he visto ninguna película de Arturo Ripstein. Muchos de vosotros, cinéfilos (que no descarta que igualmente yo lo sea), lo tomaréis como una ofensa, pero, sinceramente, ninguna de sus películas me ha llamado especialmente la atención, y, tampoco os voy a mentir, a veces...