Una de las películas que más ganas tenía de ver en el pasado Festival de Málaga era “Al final todos mueren”, puesto que conocía a todos sus directores (Roberto Pérez Toledo, Javier Botet, Pablo Bara y David Galán Galindo) a través de sus cortometrajes.

Y, después de verla, me sorprendió que estos jóvenes directores no trasladarán su experiencia de contar historias, muy buenas, en un breve corto de tiempo a la que supone su primera experiencia en el largometraje, excepto para Roberto Pérez Toledo (“Seis puntos sobre Emma”), porque todas las historias, incluida la de Javier Fesser, menos la de David Galán, les sobra metraje porque carecen del ritmo necesario para mantener la atención del espectador durante las dos horas que dura “Al final todos mueren”.

El prólogo de Javier Fesser, padrino de este proyecto, da paso a la primera de las cuatro historias que está dirigida, escrita y protagonizada por Javier Botet, el actor que está detrás del maquillaje de la conocida “niña Medeiros” de la saga “REC”. En ella, Botet nos introducirá en una trama de terror contándonos la historia de un asesino en serie al que el fin del mundo le va a destruir su obra y trabajo de años asesinando a personas inocentes porque, cuando está a punto de llegar a su crimen número 100, la llegada del apocalipsis es la gran y única noticia en todos los medios de comunicación. Un gran guión pero que, como ya he dicho anteriormente, si se hubiera acortado unos minutos hubiese sido una historia más redonda.

Lo mismo ocurre con la parte dirigida por Roberto Pérez Toledo que introduce en “Al final todos mueren” la parte más romántica de la película. Las diferentes historias que ocurren en las instalaciones de una piscina climatizada tienen el amor, en sus diferentes variantes, como principal punto de argumento.

Quizás, y que me perdone su director Pablo Bara, la parte más floja es la tercera donde veremos cómo reaccionan un grupo de amigos reunidos en un chalet cuando se encuentren con una chica herida que posee unas entradas para llegar a un búnker donde, supuestamente, se podrá sobrevivir al fin del mundo.

Se cierra esta película, dirigida a ocho manos, con la historia de David Galán Galindo que sorprende al espectador con agilidad, ingenio y sobre todo mucho humor. Ver como un orondo friki se quiere despedir del mundo encerrado en su tienda de cómics cumpliendo diez normas autoescritas por él mismo, sin embargo, el descubrimiento de una chica embarazada a punto de dar a luz escondida en su tienda le hará cambiar todos sus planes.

En resumen, este film realizado con un presupuesto ínfimo, de 9.000 euros (financiados por los propios directores con sus ahorros), y rodada en apenas 12 días, es una película entretenida, más que otras producciones españoles que cuentan con subvenciones millonarias, donde cada director nos muestra su peculiar visión del fin del mundo de forma independiente, aunque entre las cuatro historias hay puntos de unión convergentes.

Los cuatro directores tiraron de agenda para contar con actores tan conocidos como Manuela Vellés, Alejandro Albarracín, Miguel Ángel Muñoz, Elisa Mouliaá y Andrea Duro, entre otros muchos.

A día de hoy, a pesar de que Javier Fesser es el padrino de este proyecto bastante inusual en nuestra cinematografía, todavía no tiene distribuidora para que sea estrenada en cines.

Nota El Blog de Cine Español: 6.

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Una de las películas que más ganas tenía de ver en el pasado Festival de Málaga era 'Al final todos mueren', puesto que conocía a todos sus directores (Roberto Pérez Toledo, Javier Botet, Pablo Bara y David Galán Galindo) a través de sus cortometrajes. Y, después de verla, me sorprendió...