
Hay cortometrajes que atrapan por el impacto de una escena. Otros, por un personaje que se queda en la memoria. PÁLPITO consigue ambas cosas. Pero lo que lo distingue realmente es su pulso narrativo: una tensión de principio a fin, que se filtra plano a plano, hasta convertirse en certeza. O en miedo. O en verdad.
Dirigido por Marisa Crespo y Moisés Romera (M+M), autores del premiado 9 pasos —nominado al Goya y preseleccionado a los Oscar—, PÁLPITO ha recorrido más de 80 festivales internacionales, acumulando más de 50 premios y colocándose entre los 15 cortometrajes de ficción en carrera al Goya 2026. Y no por acumulación de méritos: por su capacidad para inquietar sin explicarse, para sugerir sin forzar, para sostener un thriller emocional desde lo íntimo.
Una intuición que incomoda
La premisa es incómoda desde su sencillez: una mujer siente que algo terrible va a pasar, pero no sabe qué. Solo lo presiente. Y ese presentimiento, que podría desecharse como paranoia, se convierte en motor narrativo, en brújula incierta que arrastra a la protagonista —y al espectador— por un recorrido sin certezas.
Sin aspavientos ni dramatismos, PÁLPITO construye una tensión cada vez más asfixiante. La protagonista —una tarotista de barrio, vencida por el tiempo, el desarraigo y la duda— se lanza a una búsqueda que no entiende, pero que necesita. Lo que sigue es una serie de encuentros, decisiones y sospechas en espiral. El suspense no se impone, crece con ella. Y la película se convierte en una experiencia más emocional que racional. Como un vértigo que no sabes si está dentro o fuera.
Contar sin explicar: la mirada de M+M
Lo que logra el dúo creativo formado por Crespo y Romera es notable: un thriller que respira cine negro y, al mismo tiempo, revela una sensibilidad poco habitual en el género. Porque aquí no hay detectives, ni crímenes evidentes, ni resoluciones fáciles. Hay percepción, hay duda, hay dolor. Hay un mundo interior que se despliega.
Cristina Fernández: cuerpo, miedo, verdad
Todo el cortometraje reposa sobre una interpretación principal que evita el estereotipo. Cristina Fernández construye una antiheroína creíble y vulnerable, sin recursos ni certezas, pero aferrada a lo único que tiene: su intuición. Y la defiende hasta el final. La actriz sostiene la historia con una entrega física, emocional y medida, que se convierte en el gran acierto del corto.
Le acompañan Àngel Fígols, Jordi Ballester, María Maroto, Estela Martínez y Luca Soler, en un elenco que no adorna ni desvía, sino que da verosimilitud y textura al mundo que rodea a Marcela.
Un cortometraje que sí dice algo
PÁLPITO se posiciona como uno de los cortos de ficción más sólidos del año porque tiene algo que decir. Aunque no lo diga abiertamente hasta el final. Y cuando lo hace, golpea. Porque lo que parecía una historia de sospechas y corazonadas revela un trasfondo social dramático y urgente, que transforma la lectura de todo lo anterior. Sin ser panfletario, el corto logra que miremos hacia una realidad que suele quedar fuera de plano. Y lo hace desde la emoción, no desde el discurso.
A nivel visual y técnico, PÁLPITO es una lección de contención y coherencia:
– La fotografía de Víctor Entrecanales y el uso del color acompañan el estado emocional de la protagonista, con una paleta que va de la apatía a la alarma.
– El diseño sonoro de David Doubtfire construye la inquietud sin sobresaltos: el miedo entra por el oído, más que por la imagen.
– El montaje de Moisés Romera y la música original de Joan Vilà terminan de ajustar una maquinaria que avanza sin respiro, pero sin ruido.
Producido por Proyecta Films y con el apoyo del Institut Valencià de Cultura, À Punt Media y Crea SGR, PÁLPITO no es solo una muestra de dominio técnico: es cine con mirada, con compromiso y con pulso narrativo. Una propuesta tan incómoda como necesaria.
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