Son muchas las películas que se han hecho relacionadas con el conflicto de la Segunda Guerra Mundial, desde todos los puntos de vista y perspectivas, desde los vencedores y desde los vencidos, desde los estereotipos a las contradicciones, las batallas, la política y los exilios y el holocausto. Atreverse a realizar otro film más sobre el asunto es una empresa ciertamente arriesgada, y es lo que hace Pablo Solarz en El último traje, protagonizada por Abraham (Miguel Ángel Solá) un sastre judío de 88 años que, tras sobrevivir al holocausto se marchó a vivir a Argentina. Ahora, próximos lo últimos años de su vida, y a punto de perder una pierna, sus hijas deciden vender su casa y enviarlo a un geriátrico, hecho que empuja a Abraham a escaparse para regresar a Polonia, su país natal.

Efectivamente la historia se sitúa muy lejos del conflicto bélico y de los campos de exterminio, pero el recuerdo de aquellos acompaña al personaje durante todo su viaje, especialmente el recuerdo del amigo que le salvó la vida una vez se habían marchado los alemanes. No obstante, la trama no aporta apenas ninguna novedad con respecto a una realidad tantas veces narrada por el cine y la literatura. No sólo son lugares comunes el reencuentro de dos amigos que vivieron unidos la guerra, la historia del judío que se salva por los pelos de una muerte casi segura, el judío que se niega a pisar suelo alemán etc. sino también el contexto familiar del protagonista, un abuelo casi despreciado por sus hijos y sus nietos, un anciano terco que decide escapar para no ser enviado a un geriátrico…

Cierto es que, a pesar de todo lo dicho, y de lo acostumbrados que estamos a ver películas con argumentos basados en este contexto, hay que decir que son películas que siempre gustan al público, la fuerza emocional de un acontecimiento tan impactante y brutal como fue el holocausto, genera siempre empatía y sentimiento. En este sentido, la identificación con el personaje de Abraham es absoluta incluso en aquellos momentos en los que su tozudez está más injustificada, a pesar de que es también un personaje egoísta y a veces caradura. A lo largo del metraje deseamos, casi como lo desea él, que pueda culminar su viaje a Polonia, regresar a casa y encontrarse con su amigo Pietrov (Jan Mayzel).

Le acompañan en esta aventura otros personajes que, empezando por el vuelo en avión desde Argentina, su llegada a Madrid y hasta sus viajes en tren pasando por Francia y Alemania, aderezan el guión. Abraham tiene la fortuna de que cada una de las personas con las que se cruza tiene la voluntad de ayudarle pero, al mismo tiempo, y hábilmente por parte del guión (realizado también por Pablo Solarz) se trata de personajes utilizados para poner al protagonista frente a sus propias contradicciones y al mismo tiempo para que los espectadores le conozcamos más en profundidad. Mencionamos entre ellos la participación del actor argentino Martín Piroyansky, la alemana Julia Beerhold o las españolas Ángela Molina y Natalia Verbeke. El reparto al completo lleva a cabo unas interpretaciones eficaces y es especialmente destacada la del propio Miguel Ángel Solá, que lleva el peso dramático de la historia.

En cuanto al resto de los elementos de esta coproducción Argentino-española (de la mano de Zampa Audiovisual, Tornasol Films, Hernández y Fernández PC, Rescate Producciones AIE, Haddock Films y Patagonik Films Group) hay que resaltar la fotografía de Juan Carlos Gómez o el vestuario de Montse Sancho, que acierta con un traje azul a rayas para Abraham que recuerda a los famosos “pijamas a rayas” de los campos de concentración. Finalmente mencionar la secuencia que, en mi opinión es la más brillante de la película, tanto desde el punto de vista de la interpretación de Solá como del montaje: el viaje en tren atravesando Alemania, una tortura para Abraham, que no puede soportar escuchar después de tantos años ese idioma o compartir el vagón con ciudadanos alemanes. Entonces, en busca de otro vagón, el protagonista recorre el pasillo, mareado por la angustia y los recuerdos y el tren se convierte en uno de los años cuarenta, pasado y presente se funden en el montaje y parece que se alían para torturar a Abraham, que pese a sus intentos de evitarlo, ha tenido que pasar por Alemania en su camino a Polonia.

En definitiva, El último traje es una película sencilla sobre un tema frecuente, pero realizada con cuidado y destreza, lo que resulta en un producto visual de calidad y en una historia que, por más que nos la cuenten, nos sigue conmoviendo.

Nota El Blog de Cine Español: 6,5

Débora Madrid

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Son muchas las películas que se han hecho relacionadas con el conflicto de la Segunda Guerra Mundial, desde todos los puntos de vista y perspectivas, desde los vencedores y desde los vencidos, desde los estereotipos a las contradicciones, las batallas, la política y los exilios y el holocausto. Atreverse...