Mi acercamiento al cine de Pablo Larraín tuvo lugar en el año 2010 con la película “Post Mortem” donde el director chileno ya prometía un acercamiento distinto al cine social que resultaba harto interesante y, sobre todo, muy prometedor (aunque en dicha película no me convenció mucho debido a un ritmo que me resultó de lo mas soporífero…aunque poseía indudables ventajas como una interpretación principal brillante y una puesta en escena muy interesante). Pero fue en el año 2015 cuando nos dejó a todos a cuadros cuando estrenó entre nosotros “El Club”, uno de los dramas más perturbadores que han parido en años con un tema controvertido y polémico como pocos (y resuelto de forma magistral). Su nueva película, “Neruda”, aspira a más pretensiones y lo que podría tratarse de un biopic al uso del poeta, lo que Larraín consigue es un relato íntimo, lleno de sensibilidad (quizá demasiada) que narra de manera bastante poco corriente los años mas inestables del artista.

En 1948, el senador Pablo Neruda (Luis Gnecco) acusa al gobierno chileno de traicionar a los comunistas en el congreso. El presidente González Videla lo desafuera y ordena su captura. El poeta emprende la huida del país junto a su mujer. Mientras es perseguido por el prefecto de la policía (Gael Garcia Bernal), Neruda se convierte en símbolo de la libertad y leyenda literaria.

Neruda no es una película de narrativa fácil. Quien se espere un biopic al uso que narre la vida del poeta será mejor que espere para otra ocasión por que a Pablo Larraín no le interesa eso. Lo que pretende el director es embaucarnos, simple y llanamente. Embaucarnos en el sentimiento del poeta, en su narrativa, en su juego narrativo a través de una etapa de su vida…y es aquí donde el espectador descubre, especialmente a medida que avanza el metraje, que Neruda se trata de un homenaje en toda regla a la figura del poeta como pocas veces el cine se ha atrevido a componer. Resulta difícil escribir palabras sobre la melancolía que transmite el film y el adentrarse en su juego narrativo y de personajes, cuyo uso del metalenguaje no puede estar mejor justificado que aquí, porque hay que vivirla y sentirla más que explicarla.

También es cierto que hay quien entre mejor o peor en su relato, pues, si os soy sincero, durante un buen tramo de película no terminaba de encontrar el tono por el que la película quería transitar (siendo especialmente en su tercio final, mucho más íntimo y crepuscular, cuando se asienta mucho mejor), y en cierta manera pienso que es algo buscado, pero resulta bastante difícil meterse a la primera de cambio al espectador en el bolsillo con un montaje que alterna escenas de forma bastante bruscas aunque premeditadas que, lo único que consiguen, o al menos fue mi caso, era la confusión. Sus diálogos, bien hilados y definidos, transitan de escenario en escenario de manera que crea un desconcierto que, mas que aportar originalidad, genera que el espectador se sienta confundido, y no la poesía que pretende buscar. Es esa sensación de desconcierto y de qué quiere contarnos lo que hizo que Neruda me hiciera sentir bastante perdido ante el tono que quiere buscar y qué quiere contar realmente.

Afortunadamente lo encuentra y, cuando lo hace, su pretexto es lo bastante bueno como perdonarlo, aunque quizá transite demasiado tiempo. Al menos, nos quedamos con unas interpretaciones maravillosas de todo su plantel (no me dejo siquiera a los secundarios, que están magníficos), donde destacaría a su dúo protagonista (cuyas interpretaciones, al igual que el relato, van modificándose y asentándose mas una vez quedan claras las intenciones), una fotografía que alcanza su culmen en un clímax final muy poderoso visualmente (parece que estamos ante El Renacido…no digo más) y una banda sonora IMPECABLE, que cuenta con una selección musical intachable y una música de Federico Jusid fantástica que dibuja a la perfección a su personaje a la hora de desarrollarlo a través del relato (solo hace falta quedarse en los títulos de crédito finales para corroborarlo).

Resumiendo, “Neruda” es la demostración de que Pablo Larraín es el director chileno más interesante de su país en estos momentos y una promesa totalmente cumplida que, películas tras película (aunque a decir verdad, me quedo con “El Club”), demuestra una versatilidad y un énfasis en aportar cierta originalidad en sus planteamientos que lo hacen una figura a seguir muy de cerca en cada proyecto que lleve su firma tras las cámaras. No es un film fácil, desde luego, pero pocos han conseguido acercarse a través de la figura del poeta con el sentimiento que descargaba en sus poesías con tan delicadeza y riesgo…y eso se merece un reconocimiento en toda regla al no rebajarse a contar su relato como si fuera el típico biopic. Un homenaje a Pablo Neruda distinto, arriesgado pero también hermoso en su conjunto y muy melancólico.

Nota El Blog de Cine Español: 6

Manu Monteagudo

RedaccionCríticasCríticas,Neruda,Pablo Larraín
Mi acercamiento al cine de Pablo Larraín tuvo lugar en el año 2010 con la película 'Post Mortem' donde el director chileno ya prometía un acercamiento distinto al cine social que resultaba harto interesante y, sobre todo, muy prometedor (aunque en dicha película no me convenció mucho debido a...