La idea de un biopic de Cantinflas resultaba interesante, en la medida que lo hacen las películas que representan la vida de un personaje famoso de más o menos trascendencia. Este género me resulta siempre más estimulante si se centra en algún episodio importante de la biografía de los personajes en los que se basa o el acontecimiento que relata. Es del todo comprensible que se opte por el cómico mexicano más representativo del pasado siglo y sus vivencias que por supuesto, dan de sí para una película y además genera una buena predisposición de antemano ante el visionado de esta producción mexicana dirigida por Sebastián del Amo.

Contada a modo de un gran flashback a partir de la preproducción de la película “La vuelta al mundo en ochenta días”, narra el ascenso de una gran estrella girando en torno a este rodaje y a tenor del globo de oro que ganó por la misma. Realmente este punto de partida tan circunstancial y ligero es insuficiente para sumar fondo al contenido del film aunque con cierta gracia por ese afán trivial e impostado del glamour que pretende otorgar a la imagen del actor Mario Moreno, personaje e intérprete indivisibles.

Para dar forma a tal despropósito argumental, se empeña en colores resplandecientes y una apuesta visual desatada y llena de brillo estético y superficial. En todo momento se subraya la figura del retratado y pocas veces se ahonda en la persona con lo cual todo queda en una colección de anécdotas consecutivas que solo esboza al personaje y pasa por encima de cualquier profundización de esa dualidad entre el actor y su alter ego, ese que traspasó fronteras y constituyó una manera de hacer humor, a la altura de los grandes.

Sin incidir demasiado, si se centra algo más en detalles sentimentales que nos ayudan a comprender las decisiones que tomó a lo largo de su carrera cinematográfica que le llevó a Hollywood, codeándose con grandes estrellas y admirado por enormes artistas de la talla de Charles Chaplin, y su disposición fundamental de continuar su carrera en México, a pesar de la gran proyección conseguida en la meca del cine.

Para dar vida al personaje han recurrido al actor español Óscar Jaenada. Sorprende la elección al no contar con un actor mexicano, algo que fue cuestionado en el origen del proyecto y que se entiende tras ver el resultado. Jaenada se mimetiza de manera indiscutible con Cantinflas, con un estupendo acento mexicano y su característica manera de hablar y de moverse. Tal y como en su día hizo con Camarón en la película de Jaime Chávarri, su interpretación física convence y la armadura del personaje es realmente espectacular. Hace todo lo que está en su mano en la película en la que le ha tocado lidiar. Aunque en algún momento por la construcción narrativa del personaje se pueda pensar en la caricatura, el derriba esas dudas con su trabajo interpretativo. A su lado, es más difícil sin embargo, creer en el resto de actores que incorporan a personajes ilustres de la época, llegando a ser irrisorio en algunos momentos, véase el caso de Yul Brynner o Marlon Brando.

Los que se acerquen a la película, con simpatía hacia Cantinflas, disfrutarán de la propuesta, si se dejan encandilar de la fastuosa pulcritud de este acercamiento a los decorados hollywoodienses y de la ambientación artificiosa del cine dentro del cine que supone esta recreación de producción mexicana de un momento determinante de la historia del séptimo arte en que los estudios buscaban grandes películas en manos de famosos productores como Mike Todd, uno de los maridos de Liz Taylor que abrió las puertas a Mario Moreno al cine estadounidense y supone el origen de este filme que es poco más que la reivindicación del humor natural de este legendario símbolo mexicano del que se dijo que era: “el pícaro hijo iletrado que triunfó sobre los poderosos”.

Chema López

Nota: 4’5.

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