Según las notas del director Lino Escalera “No sé decir adiós es una película que resulta ser la evolución natural dentro de mi carrera después de los cortometrajes que he realizado. Es una película de y para actores, construida desde una estética narrativa. Por otro lado, esta película significa un cambio considerable dentro de mi filmografía, no ya solo por la diferencia de metraje, sino también porque trabajo por primera vez con un guión que, aún enclavado dentro del drama, incluye el humor de manera sutil y cotidiana. La idea de trabajar con una historia dentro de este tono fue algo que busqué tras rodar mi último cortometraje, Elena quiere. Sentía la necesidad de afrontar una historia alejándome de ciertos criterios formales, sobre todo a la hora de desarrollar el guión. Por todo esto comencé a trabajar con el guionista Pablo Remón. Me parecía muy interesante cómo Pablo manejaba el humor en sus guiones, un humor que surge desde la cercanía y la cotidianidad. Esta fue la manera en la que enfocamos el tono general de la película durante la escritura del guion, queríamos dibujar a unos personajes muy creíbles, que resultaran muy familiares. La idea era generar una sensación general de cercanía y proximidad a la historia. Durante el proceso de escritura me planteaba cómo iba a convivir una historia construida dentro de un tono más vivo, más cercano, dentro un lenguaje cinematográfico que había vertebrado todos mis trabajos anteriores y que, en definitiva, me define como director. Es este un lenguaje formal, austero en la puesta en escena, que apuesta por el encuadre y la composición como principal elemento narrativo. Desde el principio la apuesta ha sido crear una dialéctica entre lo físico y lo estático, entre texto y subtexto, entre forma y contenido, para generar desde ahí una sensación de perturbación, de extrañeza, de desamparo. Conceptos todos estos que conectan de manera muy íntima con cómo se relacionan los personajes de esta película con su entorno y con ellos mismos”. Una vez visto el film, desde luego los objetivos propuestos por sus creadores, se ha visto plasmado en pantalla de manera muy notable.

Carla (Nathalie Poza) recibe una llamada de su hermana (Lola Dueñas): su padre (Juan Diego), con el que hace tiempo que no se habla, está enfermo. Ese mismo día, Carla coge un vuelo a Almería, a la casa de su infancia. Allí, los médicos le dan a su padre pocos meses de vida. Ella se niega a aceptarlo y contra la opinión de todos, decide llevárselo a Barcelona para tratarle. Ambos emprenden un viaje para escapar de una realidad que ninguno se atreve a afrontar. Y será en esa huida donde se terminarán encontrando, donde finalmente se podrán decir adiós.

“No sé decir adiós” es un regalo para cualquier actor que se precie. Los personajes que presenta su libreto están repletos de matices que, además de perfilarse bien en el guión, son llevados a cabo por parte de los actores, de forma magistral. No hay duda que con el reparto que cuenta la película, podíamos esperarnos como mínimo, unas estupendas interpretaciones, pero lo que consiguen aquí es que el espectador se sienta cercano a estos personajes de manera que puedes ser tú, tu vecino o cualquier persona cercana. El director lo muestra como si fuera una ventana de nuestras vidas, y como tal, funciona a la perfección, gracias a una mezcla de crudeza y ternura que la hacen verdaderamente emotiva. Más arriesgado resulta el punto de vista que adopta, y es, sin duda, el personaje más difícil debido a lo desagradable que llega a resultar, por cómo conlleva la situación de su familiar, realizando unos actos que, una vez pasada buena parte del filme, llegamos incluso a comprender el por qué de su situación, sin dar muchos detalles al respecto (lo cual es mucho más meritorio).

Y es aquí donde entra de lleno la interpretación de Nathalie Poza, pues aborda un personaje muy complejo, repleto de inseguridades y que se autodestruye sin apenas remisión. Su presentación ya de por sí da una idea clara del personaje y la actriz lo va desarrollando con una determinación que hasta resulta sobrecogedora sin caer, en absoluto, en la lágrima fácil (ni por asomo)… consigue crear una tensión continua debido a que el espectador no sabe qué camino tomará su personaje durante todas sus escenas, resultando así un personaje tan impulsivo, que termina por pasarla factura. Poza está impresionante y creíble en todas y cada una de sus escenas y, desde luego, aborda una interpretación muy difícil de la que ha salido claramente vencedora por abordar un personaje que así de primeras “no cae bien” pero del que sufrimos tanta lástima que, al fin y al cabo, sentimos compasión por ella. Del resto de intérpretes destacar a un maravilloso Juan Diego, que borda su papel con una naturalidad pasmosa (de ahí la cercanía que buscan sus creadores y que está muy conseguida) y una encantadora Lola Dueñas, que es el contrapunto emotivo y enternecedor del relato

Puede que muchos espectadores puedan llegar a sentirse algo incompletos a la hora de cerrar el filme, pues lo que hace Lino Escalera, resulta, cuanto menos, arriesgado, pero es la moraleja final mejor expuesta que he visto desde hace años en una película…abrupta, sin concesiones, dejándote con un dolor que, todo aquel que haya perdido a un ser querido sabe lo que es. Al final, “No sé decir adiós” nos habla del tiempo vivido, del cómo aprovechar cada instante de tu vida con tus seres queridos, aquellos a los que más quieres pero que, por cierto miedo a asimilar la realidad, nos alejamos por no hacernos daño (cuando finalmente es todo lo contrario). Un filme estupendo, por no decir, de lo más notable, que espero que los espectadores den la oportunidad que se merece ante un drama emotivo, muy creíble, que aúna la comedia y el drama de forma harto efectiva con un encanto indistinguible, y que además cuenta con un trío de interpretaciones inmaculadas de las que, con toda probabilidad, se llevaran algún que otro premio en la próxima edición de los Goya.

Nota El Blog de Cine Español: 8

Manu Monteagudo

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