He recalcado una y otra vez el hecho de que ir a una sala de virgen sin saber prácticamente nada de la producción es una experiencia que, por lo menos, alguna vez en la vida, hay que sentir. Comento esto, porque últimamente estoy realizando esta práctica y la veo como algo positivo a la hora de comentar una película por la razón misma de que no tienes ninguna expectativa sobre ella. Y, precisamente, al desconocer, prácticamente, la totalidad de su argumento puede llevarte a alguna que otra sorpresa muy agradecida, o bien por el otro lado, un chasco de proporciones épicas. Con El Apóstata he vuelto a realizar esta experiencia, desconociendo por completo la producción y a sus integrantes, y afortunadamente puedo decir que se encuentra en el apartado de pequeñas sorpresas que, de vez en cuando, uno se encuentra en la cartelera.

El apóstata es una comedia dramática que repasa las cicatrices de un joven que desea emanciparse de aquello que se escapa de su control, a la vez que dispara contra sí mismo y con un afán cínico en algunas cuestiones de fe, de culpa y de deseo.

El apóstata es una película que no se puede explicar (lo intentaré hacer lo mejor que pueda), ya que hay que sentirla. Es una película que no busca una definición concreta, aunque tiene una clara premisa con la que juega estupendamente y la desarrolla aún mejor, pues estamos ante la búsqueda de identidad de un hombre que sufre ataduras y que lo único que quiere es deshacerse de ellas, aunque ni siquiera el sepa quien y es y quien debe ser. Y el tono por el que se mueve la película es la que dota de identidad propia a un film sencillo que se mueve por terrenos que, podrán resultar pretenciosos, pero que gracias la sencillez con la que aborda el tema, resultan frescos y originales. Es un film que posee voz propia y alma, y es el mayor halago que le puedo hacer, ante un tipo de película que podía haber sido una gafapastada inmensa y no lo es por el hecho de resultar harto simpática en su modo de narrarla.

Y la puesta en escena, es muy culpable de que esto pase. Es cierto, y esto es innegable, que el film sufre cierta limitaciones, pero no la perjudican en absoluto, sino que la dotan de frescura, ya que su puesta en escena sabe cómo contarnos cada momento de manera harto especial para que el espectador no se despegue de la pantalla, y lo consigue tanto en sus escenas mas íntimas (preciosa escena entre nuestro protagonista y su ceina en la casa del primera en una terraza), como en las más cotidianas (esa comida familiar, o cualquier clase con el hijo de la vecina) e incluso en las oníricas (que es donde, en mi opinión, mejor funciona, como esa escena nudista, de una atmosfera perturbadora), por no hablar de que maneja muy bien un equilibrio entre lo cómico y lo dramático sin resultar evidente el decantarse por uno de los dos géneros. Pero especialmente me encantaría destacar un uso de la banda sonora que, de arriesgado funciona MARAVILLOSAMENTE en todos los momentos en los que la música cobra protagonismo, sobre todo por que da esencia al alma de la película (el clímax final es una maravilla, así de sencillo).

Respecto al trabajo interpretativo…hay de todo tipo, la verdad. Es cierto que su protagonista, Álvaro Ogalla, resulta un acierto de casting absoluto, pues el físico del actor encaja con el personaje a la perfección, pero he de admitir que hay instantes en los que resultan forzados los diálogos que tiene recitar, y no resultan del todo creíbles, y me lo podría creer con el personaje pero siempre hay un punto en el que no me lo termino de creer…aún así, da el perfil estupendamente, que conste. Podría decir lo mismo de Marta Larralde que interpreta a la prima del protagonista, aunque resulta menos forzada que su compañero (pero hay momentos donde no me la termino de creer). Respecto al resto del reparto…ninguna queja pues todos están esplendidos, especialmente una Vicky Peña que posee una de las mejores escenas de la película, una encantadora (por la naturalidad que desprende) Barbara Lennie, y un MAGNÍFICO Juan Calot (maravilloso en su primera entrada).

El Apóstata es así, un film, que es mejor sentirla y vivirla que explicarla. Su forma de contarla hacen especial a una película que resulta pequeñita en sus intenciones pero, que además de que plantea muchas cosas, resulta fresca y con vida propia. Una cinta de autosuperación personal distinta a lo que suele llegarnos en las pantallas, y solo por el mero hecho de hacer algo distinto se merece una atención, pues además de que podía haber caído en la gafapastería y en el soberano aburrimiento, no es ni lo uno ni lo otro por las intenciones de sus creadores a la hora de abordar este film. Lo dicho, una pequeña sorpresa, que no me esperaba, y que consigue que salgas de la sala con la sensación de haber visionado un film de lo más recomendable.

Nota El Blog de Cine Español: 6.

Manu Monteagudo

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