
¿Qué ocurre cuando una simple decisión cotidiana —leer un mensaje ajeno, intervenir en lo que no te concierne— se convierte en el detonante de una espiral de consecuencias imprevisibles? El cuento del lobo, dirigida por Norberto López Amado, ganador de un Goya y con una extensa trayectoria en cine y televisión, construye un thriller inquietante desde lo más íntimo: el límite difuso entre el deber moral y la intromisión.
Inscrita a 16 categorías en los 40 Premios Goya, la película destaca en apartados clave como interpretación, guion y dirección. No busca respuestas fáciles, ni consuelo: es una obra que incomoda y exige reflexión.
La amenaza está en el gesto. Cuatro actores, una tensión compartida
La película transita en un espacio donde el espectador nunca tiene el control total de la verdad. López Amado lo sabe y lo aprovecha: el silencio, las miradas, lo que no se dice… todo se convierte en herramienta narrativa. El thriller se aleja de artificios y gana fuerza en lo sutil.
Daniel Grao ofrece una interpretación contenida y feroz como Javier, atrapado entre el sentido común y sus demonios internos. Lucía Jiménez —en uno de los trabajos más sólidos de su carrera— construye a Olga desde la contradicción: vulnerable y determinada, marcada por su propio desencanto.
La crítica ha aplaudido con especial entusiasmo a María Romanillos, cuya mirada, según El Diario de Burgos, “inquieta y atrapa”. Su Lucía desarma: víctima y enigma, joven e impenetrable. Paco Tous, por su parte, aporta el punto de quiebre: un personaje visceral, incómodo, que empuja al relato hacia su lado más oscuro. Según No es cine todo lo que reluce, El cuento del lobo es “un thriller atípico y arriesgado”. Y De Cine 21 destaca lo esencial: “Un cuarteto actoral a la altura de la propuesta”.
Mentiras, límites y moral
Inspirada en una obra teatral de Borja Ortiz de Gondra, la película adapta su estructura a un lenguaje puramente cinematográfico. El guion —también de López Amado— desafía al espectador: ¿Hasta dónde puedes ir cuando crees estar haciendo lo correcto? ¿Qué hay detrás de cada mentira?
Rodada con una paleta visual sobria y precisa, con la dirección de fotografía de Néstor Calvo, la puesta en escena potencia ese aire de tensión contenida. Aquí todo es apariencia, duda, y amenaza velada.
Un proyecto de altura
Detrás de El cuento del lobo hay una producción consolidada: Álamo Producciones Audiovisuales, Secuoya Studios y A Contracorriente Films, con la implicación de productores como Eduardo Campoy, Adolfo Blanco, Raúl Berdonés y Pablo Jimeno. Es cine español hecho desde la experiencia, pero con voluntad de riesgo y de actualidad. Porque si algo demuestra esta película es que los dilemas éticos y personales más comunes —esos que podrían pasar desapercibidos— son, en realidad, las grandes bombas de relojería del día a día. Y el cine, cuando se atreve a enfrentarlos con rigor, genera algo más que entretenimiento: genera pensamiento.
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