Nos encontramos con Bárbara Lennie en el Hotel URSO de Madrid, donde la actriz hispano-argentina se encuentra promocionando su última película, “Una especie de familia”, dirigida por Diego Lerman. De ese y otros temas charlamos con ella.

– ¿Qué te conquistó de Malena, tu personaje en “Una especie de familia”?

– Fue una mezcla de varias cosas, porque por un lado era una oportunidad de trabajar con un director que me apetecía, por otro lado, era la oportunidad de trabajar en Argentina, que era algo que venía buscando, persiguiendo desde hacía ya tiempo y que no había cuajado. Con “Una especie de familia” leí un guion que, a priori, me pareció como… incomprensible en el sentido de que no sabía como hacer a esa mujer, pero que a la vez me daba todas las ganas, me parecía súper estimulante la complejidad de la historia que presentaba y de la mujer que me estaban ofreciendo.

– Has hecho mucho cine en España, pero no todo el mundo conoce tu origen argentino. ¿Cómo ha sido esta vuelta a tus raíces?

– Bueno, ha sido intenso, porque además ha sido volver a mi tierra, pero a una parte que yo no conocía, la provincia de Misiones. Estuvimos bastante aislados ahí en medio de la selva en este pueblito pequeño donde se desarrolla la película, donde están las localizaciones es donde nosotros estábamos viviendo. Ha sido como perder la confortabilidad, aquí ya conozco a prácticamente todo el mundo: si no has trabajado con ellos es amigo de un amigo. Y allí, de repente, un equipo que no controlas, de diferentes partes del mundo, a 10.000 km de tu casa y de la gente que normalmente te acompaña en los procesos creativos. Todo eso supuso un reto.

– ¿Cómo fue el proceso de “recuperación” del acento y el registro argentino?

– En realidad, más que el acento, lo que tuve que recuperar fue el dominio del cotidiano. El acento lo cambio: en mi casa, mis padres conservan su acento. Pero el vocabulario sí que fue una cosa de… de estar muy atenta, básicamente, como de perder el pudor. Casi siempre en lo artístico al final de lo que se trata es de perder el pudor. Y fue un “voy con esto” y deje atrás todo lo que en ese momento quería dejar atrás en España. Fue un momento de casi quitarme de mi identidad española y de ponerme al servicio de mi identidad argentina, de reconectarme con cosas que estaban más olvidadas, o… más desconocidas.

– En “Magical Girl”, “María y los demás” … tienes papeles muy potentes, en los que además recae bastante sobre ti el peso de la película. ¿Cómo eliges tus personajes?

– En general, los guiones, cuando los lees y te gustan, te gustan. No hay que hacer una lectura especialmente profunda. Hay algo que te lleva y por lo menos a mi me pasa y me conquistan, y los siento casi inmediatamente. Me dejo guiar bastante por lo que me diga mi instinto, la verdad. Y en general suele tener bastante que ver con deseos, como con impulsos internos de lo que vas necesitando: a veces las películas te buscan a ti, otras las buscas tú y otras veces es una simbiosis de ambas cosas.
Suelen ser además personajes psicológicamente muy complejos.

– ¿Estás especialmente cómoda en este registro o estás igualmente abierta a otro tipo de papeles?

– Yo estoy abierta a todo, o más bien a casi todo (risas). Hay cosas que me dan más pereza, la verdad. Pero…no lo sé, no lo sé. Me parece que a lo mejor es una mezcla de algo que yo proyecto sin ser muy consciente, de un deseo mío y una búsqueda personal de querer investigar sobre mujeres que a mi me generen contradicciones, que no acabe de entender, o que sean viajes estimulantes, no sé, porque para hacer cosas que te dan un poco igual, mejor me quedo en mi casa.

– ¿Crees que estos personajes femeninos profundos están suficientemente representados actualmente en el cine, o que aún falta visibilidad y perspectiva femenina?

– Creo que estamos viviendo un camino de no retorno con el empoderamiento de la mujer en la ficción. Como en la vida, una vez que se toma conciencia, que dices “vale, se trata de retratar lo que nos pasa a todos, así que la mujer tiene que estar”. Además, existe un fenómeno que está estudiado y que no solo pasa en pequeños círculos: tú vas a las salas, entre semana, y lo que más hay son mujeres. Grupos de mujeres, amigas, que buscan las películas que se estrenan, que van al día del espectador. Que buscan historias en las que se reconozcan. Estamos viviendo una reivindicación de la mujer, hay muchas películas acerca de pintoras, de escritoras, algo que es buenísimo y que hay que reivindicar y que militar. Siempre ha habido excepciones, cineastas que han contado a la mujer maravillosamente, pero históricamente el cine ha sido un lugar de hombres. Hay que ser conscientes de ello y hacernos fuertes unas con otras, el diálogo y el lugar de encuentro son importantes; se nos ha vendido que las mujeres somos víboras unas con otras y es una cosa que ni veo ni siento a mi alrededor.

– ¿En qué te identificas con Malena, tu personaje? ¿Y en qué crees que no os parecéis?

– Algo en lo que me parezca…la perseverancia. En cuanto a la diferencia…quiero pensar que…bueno, que en esa situación… es difícil, porque no sé cómo actuaría yo en esa situación. Tal vez hay algo del egoísmo del personaje que a mí como actriz también me costaba y que quiero pensar que yo lo manejaría de otra manera.

– ¿Cuál ha sido el momento que más te ha costado de este rodaje? (AVISO: SPOILERS)

– No sé si es el que más me acostado, pero sí el que más me ha perturbado. En una secuencia con el personaje de Marcela, hay un momento en el que ella decide que no quiere coger al bebé, y fue uno de esos momentos en los que el cine se transforma en otra cosa. Ella no es actriz, y había vivido una situación parecida a la de su personaje hacía poco tiempo; de repente, el cine le dio la posibilidad de llevar a cabo una catarsis y una sublimación de algo que estaba en ella pero que no había salido. Y yo fui testigo de primera mano de todo eso. Recibí de pronto una energía y una verdad muy apabullantes.

– Hemos podido leer que una parte del reparto no eran actores…

– Así es. Todos los que están en el círculo de Misiones, la mujer que lleva la casa de adopción, el camillero, … casi todos los del pueblo son gente del pueblo real. La intención era darle a la película un aire más de realidad, de verdad.

– ¿Podríamos entender la película como una mezcla entre la ficción y la esencia documental?

– En esencia. Diego [Lerman] estuvo mucho tiempo investigando sobre lo que pasaba allí, haciendo trabajo de campo. Tiene horas y horas de entrevistas con mujeres, con médicos, … Pero no hizo un documental porque es un narrador de ficción, si no lo hubiera hecho, tenía material de sobra como para ello.

– ¿En que proyectos podremos verte próximamente?

– Pues estreno en febrero “La enfermedad del domingo” de Ramón Salazar. Después está “Petra”, de Jaime Rosales, y voy a empezar teatro ahora, con una comedia muy genialoide de Pablo Remón en torno a la escritura cinematográfica. Además, acabo de terminar el rodaje de “Todos lo saben” de AsgharFarhadi que el año que viene llegará a los cines.

Laura Enríquez

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