Con motivo del estreno de la serie “Vergüenza” en Movistar+ el pasado día 24, nos reunimos con Juan Cavestany y Álvaro Fernández, creadores y directores de la serie, y esto es lo que nos contaron:

Empecemos con la pregunta más básica: ¿Cómo surge la idea? ¿De donde viene este singular personaje?

J.C.: En realidad todo, en algún momento, te lo tienes que inventar. Álvaro y yo nos conocíamos desde hace años, y un día, a base de hablar, nos dimos cuenta de que nos hacía mucha gracia contarnos anécdotas relacionadas con temas de vergüenza, patetismo, meteduras de pata, …, que habíamos tenido nosotros, u otras que simplemente habíamos visto. Así que dijimos: “oye, ¿por qué no nos inventamos un personaje para un formato de serie en esta línea?”.
Todas las comedias en el fondo manejan elementos muy parecidos, pero nos apetecía hacer una apuesta muy marcada y que este tema fuera muy recurrente, o bien porque el personaje fuera muy patético, o porque viéramos situaciones muy desagradables… queríamos ofender, jugar con los límites, y se nos ocurrió el personaje de Jesús. Para él buscamos una profesión en la que se pudiera subir a la gloria o caer en lo más mundano, como la fotografía; y necesitábamos que tuviera pareja, porque no queríamos la historia de un señor “ratonil”.
Con estos elementos, escribimos un piloto, lo rodamos, lo movimos por muchas teles, y, aunque gustaba, no había un hueco para ese tipo de producto en las parrillas: una comedia de media hora, no coral, incómoda de ver, etc. Hasta que llegó Movistar, una plataforma en la que sí había una flexibilidad tanto de parrilla como de tipo de producto. Un producto de autor. Como decíamos al principio, nosotros queríamos hacer un producto no con expectativas determinadas, sino que nos hiciera gracia.

¿Teníais ya pensados a Javier Gutiérrez y a Malena Alterio como protagonistas al escribir la serie, o los buscasteis una vez hecho el guion?

A.F: Sí, estaban ya pensados. A la vez que surgió esta colección de anécdotas y la idea de querer hacer una serie con ellas, inmediatamente surgió que esa serie la haríamos para Javier Gutiérrez y Malena Alterio. Ellos eran parte del argumento. Y ya teniendo los actores, el perfil que dan, la química que imaginábamos que iban a tener como pareja (como así ha sido), … es más sencillo escribir la historia.

J.C.: Sí, escribir con caras en la cabeza es una ventaja, es muy interesante. Sabíamos que Jesús no iba a ser un personaje agradable, que iba a ser problemático y que no iba a car bien – algo habitual en las ficciones actuales, llenas de protagonistas moralmente cuestionables -, y era muy importante que esto estuviera servido por alguien al que apeteciera ver, que compensara todo eso con una cierta afabilidad, cercanía, comedia, y esa persona es Javier Gutiérrez: un tipo divertido y gracioso pero que no tiene problema en meterse en berenjenales. Y Malena es esa persona vulnerable, despistada, cercana, cómica, pero a la vez muy probada como actriz y que sabe muchísimo.

Comentasteis en el Spoiler Fest que la idea de la serie surgió hace nueve años. ¿Cuánto ha evolucionado desde entonces?

A.F.: El espíritu se ha mantenido tal cual, pero hemos incorporado muchas más cosas que en su momento no estaban. Y no solo eso, sino que, si no la hubiéramos renovado, la serie habría envejecido; las tendencias han cambiado en estos nueve años, y han surgido cosas más novedosas. En aquel momento estaban en boga Larry David, Ricky Gervais, The Office, … Ahora las referencias se han ampliado, nosotros hemos envejecido, hemos vivido. ¿Qué hay de nuevo en la serie? Básicamente lo mismo: han crecido los personajes, se ha ampliado su mundo, se ha desarrollado su actividad laboral, han aparecido nuevos personajes que han enriquecido ese universo, y se ha desarrollado mucho más la historia de amor (o de desamor, no sabemos muy bien como denominarla) entre Nuria y Jesús, que lo ha impregnado todo de un aire de comedia romántica oscura que inicialmente no sabíamos que fuese a tener tanto recorrido.

Hay muchas escenas que dan la sensación de tener gran parte del actor. ¿Cuánto hay de guion y cuánto de improvisación en el personaje de Jesús?

A.F.: El guion está plasmado con bastante fidelidad en cada escena. Ha habido improvisación, pero siempre desde el guion, no hay ninguna escena completamente improvisada. Siempre los actores aportan, es así y es como debe ser, y Javi es de los que les gusta aportar mucho y suele tener bastante atino en lo que propone, al igual que Malena. Pero es verdad que la serie está muy escrita.

J.C.: Me acuerdo de que Javi venía y nos decía “qué cabrones lo que habéis escrito”, porque hacía el esfuerzo de memorizarlo tal cual, y si le decíamos que si quería podía cambiarlo respondía que no, que era importante decir eso en ese momento. Más que de improvisación yo hablaría de márgenes de como interpretar las cosas, y ahí sí que necesitas actores con capacidad no tanto de improvisación como de creación, son creadores. Si encuentran algo que no se puede decir, que no es coherente, ayudan a la creación; es lo que haces con actores buenos, que saben lo que dicen y se comprometen con el personaje.

Al grabar toda la serie seguida, ¿en qué cambó, con respecto a otras series, la forma de elegir las localizaciones?

J.C.: Como la serie se encargó y se entregó a Movistar en conjunto, nos pudimos plantear hacer un rodaje como de película, y no atado a un “tiene que haber tres casas, dos bares y una oficina”. Los decorados van cambiando, y eso te lleva a que sean localizaciones reales, como se hace cada vez más también en otras ficciones. Son localizaciones cercanas, peculiares, … creo que va un poco de la mano con el casting: todo va enfocado hacia lo mismo, hacia crear un mundo que te puedas creer, con una intención más de película, de contar también la ciudad. Nos hubiera gustado contar incluso más, por ese lado.

A.F.: Lo que no teníamos previsto – esto es una mini anécdota del rodaje – es que no habíamos contado con la altura del personaje de, David, el vecino. Sabíamos que Francisco Reyes era alto, pero no Juan, que era quien le había visto, no le recordaba tan alto. Y cuando apareció para hacer la prueba de vestuario, no cabía por la puerta. Era tan alto que en el decorado natural del descansillo de la casa casi chocaba con los focos del techo, y el iluminador tuvo que cambiar todo el montaje de luces porque no cabían él y el foco. Esto dio un punto cómico por el contraste con Javier [Gutiérrez], pero no fue un gag buscado.

¿Cómo cambian las preocupaciones con respecto a la audiencia al trabajar en una plataforma de pago como Movistar?

J.C.: Las plataformas de pago como Movistar (que tiene una filosofía del estilo de, por ejemplo, HBO) encargan todos los capítulos de golpe; la serie se rueda y se pone entera a disposición del público. Pero eso no significa que te dé igual la audiencia, o que digas “como no dependo [de la audiencia] hago lo que quiero”. Para nada. En todo momento lo que ha habido ha sido una gran exigencia por parte de Movistar, han puesto el listón alto. No porque te vayan a cambiar de día, etc., sino porque vas a estar compitiendo con las series que son tu referencia. Obviamente, siempre piensas en el público: quieres hacer una serie que guste y que enganche, que tú pudieras ver, no se trata de hacer una cosa por la cara. Pero hemos trabajado con un objetivo de autoexigencia, más que de pensar a quien le puede gustar.

¿No hay un tipo de público al que os dirijáis, entonces?

A.F.: Tengo la sensación de que el espectador está muy por delante de nosotros, más por delante de lo que pensamos. Hay un prejuicio a la hora de encasillar al espectador, y esto nos puede dar muchas sorpresas. No debemos minusvalorar la capacidad del espectador. Somos nosotros, los creadores de ficción, los que tenemos que espabilar.

¿Deja el final de la temporada las puertas abiertas a una segunda tanda?

A.F.: Nos las abre, claro. Estamos ya escribiendo esta segunda temporada, tenemos las tramas bastante claras en la cabeza y esperamos poder rodarla el año que viene.

J.C.: Sí, creemos que es una fórmula con dos personajes que tienen más recorrido. Esperemos.

Gracias a Juan y a Álvaro por su atención y simpatía. Les deseamos un gran éxito.

Laura Enríquez Madero.

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