La gala de la 33 edición de los Premios Goya ha marcado uno de sus mejores registros históricos de share y, lo que es mejor, ha dejado buen sabor de boca -en términos generales- en un espectador habitualmente crítico con la fiesta del cine.

Sin embargo, hay ciertos aspectos a mejorar y hemos recabado diferentes opiniones vertidas por nuestros usuarios, así como de nuestro equipo, en búsqueda de la gala perfecta.

Ampliar a 5 nominadas. Una eterna reivindicación que erradicaría omisiones absolutamente injustas. El ejemplo está en los análogos europeos: los César nominan a 7 en película, director, actor y actriz y 5 en el resto de categorías; los David di Donatello, al igual que los Bafta, cuentan con 5 nominados.

Silvia Abril y Buena Fuente: SÍ. La pareja profesional y sentimental ha pasado el test con nota y los queremos para el año que viene.

Sevilla tiene un color especial. El cuestionado cambio de ubicación trajo consigo una de las mejores escenografías y la sensación de encontrarnos en un entorno a la altura de las circunstancias, desde luego muy por encima del aspecto cutre de las últimas ediciones madrileñas.

Intro. La introducción con un corto trepidante y altas dosis de humor es esencial para empezar con buen pie y atrapar al público. La idea este año estaba bien, pero el texto fue poco ingenioso y se alargó más de la cuenta.

Menos es más. Y es que, si hay una premisa que debería ser preceptiva en los Goya esa es la del “menos es más”.

Don’t stop the music. Aunque hemos mejorado al erradicar terribles vicios como actuaciones cantadas por actores que no cantan -Hugo Silva, Laura Pamplona, Noriega, Secun de la Rosa…-, seguimos soportando números como la última tuna-batucada que ponen a prueba la paciencia y salud mental del espectador.

Vídeos. Urge depurar el criterio de selección de los vídeos de presentación para lucir al máximo la nominación. En categorias técnicas, en lugar de escenas de la peli, sería interesante destacar el trabajo técnico como han hecho en los artículos que la Academia ha dedicado a los nominados -por ejemplo, en vestuario mostraban los bocetos y patrones-.

Interacción con los asistentes. Este año se echó de menos bajar a la gradería y una mayor interacción con los asistentes ilustres, algo siempre bien recibido con el espectador.

Solo un agradecimiento. Que la gala muere con los agradecimientos es algo sabido por todos. Es absurdo pretender que los premiados sean generosos con el espectador y renuncien a su momento de gloria, por lo que se deberían establecer normas inquebrantables. La primera, que solo una persona agradezca. El pasado sábado el público tuvo que soportar discursos interminables en categorías tan poco morbosas como sonido, efectos o corto documental, donde no solo se extendieron más de la cuenta, sino que agradecieron más de una persona en cada premio. Pese a estar rodeada de polémica, la música corta-rollos es esencial en estos casos.

Agradecimientos que sobran. Hay que asumir definitivamente que en película europea y película latina, la subida al escenario y agradecimiento del distribuidor de turno es absolutamente innecesaria, ¿qué tal un vídeo breve promocional despachar esas categorías en un plis?

Promoción del cine que viene. El repaso del cine que viene es un aspecto esencial que este año fue omitido.

Gente del público que viene y bah. Uno de los errores garrafales de la última gala fue ver a gente pasar por delante del plano cuando están enfocando a los nominados. También resultan muy antiestéticos los enormes huecos en las butacas, ¿cuántos de nuestros lectores estarían dispuestos a cubrirlos? Además, mostrarían mejor actitud que todos esos asistentes que este año salieron en plano con cara de sopor y bostezando.

Extrañas parejas. Es un clásico: parejas sin sentido y/o atractivo. Una excelente idea importada de los Oscar sería contar con los ganadores del año anterior para entregar el premio.

Agilidad desde la realización. Con un guión cerrado y butacas asignadas, cuesta entender cómo la realización suele estar tan poco ágil a la hora de pinchar a los aludidos en cada momento.

In memoriam. Aquí debería primar la sobriedad, buen gusto y un máximo cuidado en la realización para que la imagen y nombre del fallecido se lea perfectamente. Otro detalle de buen gusto sería suprimir desde sonido el “aplausómetro”.

¡Esperamos vuestras aportaciones!