En una estupenda secuencia inicial, Kike Maíllo nos introduce en pocos minutos de lleno en la trama de “Toro”, manteniendo una tensión muy conseguida y con una estética deudora de “Drive”, de Winding Refn, en la que la iluminación nocturna con el neón por bandera, hace que la referencia vaya más allá y se convierta por momentos en una emulación del estilo del director danés.

En su ópera prima, la irregular pero interesante “Eva”, su director dejó claro que su ambición era la de hacer un cine grande, de género y con la pretensión de conseguir el mejor producto comercial posible. Esa intención y esa irregularidad también están muy presentes en la película que nos ocupa, un thriller de acción que bebe de sus contemporáneos asiáticos o sus antecesores setenteros por su carácter excesivo, violento e intenso. Después de los inspirados títulos de crédito, con canción incluida, la narración se sitúa para rápidamente construir un relato de manera precisa en donde se nota la mano de Rafael Cobos, coguionista habitual de Alberto Rodríguez, remitiéndonos así a “Grupo 7” alusión inevitable pero en esta ocasión con la mirada de un director totalmente distinto, hambriento de efectismo y sangre para decorar un desbarre con grandes momentos pero también con innecesarios tópicos que derrumban el castillo de naipes donde iban colocando cada hilo argumental avanzando de manera farragosa y en una única dirección sin salida, sospecho que de manera deliberada.

Esa revisitación formal de sus precedentes, es disimulada por un imaginario cañí y una banda sonora que potencia esta impostación del contexto del sur de España, sin recurrir nunca al realismo pero adaptándose al paisaje con ojos viciados. Tal y como pronuncia un personaje durante la película disculpándose por recitar unos versos del soneto de la dulce queja de Lorca: no es propio, sino robado. En su defensa he de decir, que toda esta metáfora es muy consecuente con todo lo que ocurre en la película: esas escenas de persecuciones algo tramposas en su realización, pero muy eficaces, los robos, las traiciones y el dinero sucio que mancha a los personajes continuamente como en un destino fatal. Más subrayado me ha parecido, sin embargo la alegoría religiosa, principalmente en el personaje de José Sacristán, que sobre todo sirve para ofrecer más momentos de personalidad visual en una película que fracasa precisamente en tener entidad propia.

Los dos protagonistas absolutos son Mario Casas y Luis Tosar, dos hermanos improbables que están metidos hasta el cuello en esta espiral malsana. Mario Casas recuerda al personaje que ya interpretó en “Carne de neón” de Paco Cabezas, pero más maduro y sin rastro del humor que lo contaminaba. Luis Tosar vuelve a componer a un personaje estupendo, un buscavidas con cierta guasa pero con la desventura pisándole los talones. El villano es interpretado por José Sacristán, al que no le hace falta ningún alarde para convertirse en lo mejor de la función, sin despeinarse. Completan el reparto la debutante Claudia Canal, Ingrid García Jonsson, con un personaje algo desdibujado, y unos extraordinarios José Manuel Poga y Alberto López.

“Toro” conseguirá el aplauso de aquellos que disfrutaron con los últimos thrillers patrios como “No habrá paz para los malvados”, de Urbizu, o “El niño”, de Daniel Monzón, porque es una película muy solvente y a ratos muy entretenida, pero si se rasca en esa superficie recién pintada hay muchos aspectos discutibles en la propuesta de Kike Maíllo más allá del excelente nivel técnico y el uso de una cámara interesada por dar ritmo constante al film. Logra que el espectador se involucre con la historia y se agradece la expresividad de la violencia gráfica, pero el conjunto se ve algo lastrado por el pastiche de ideas y referencias visuales.

Nota El Blog de Cine Español: 5,5.

Chema López

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En una estupenda secuencia inicial, Kike Maíllo nos introduce en pocos minutos de lleno en la trama de “Toro”, manteniendo una tensión muy conseguida y con una estética deudora de “Drive”, de Winding Refn, en la que la iluminación nocturna con el neón por bandera, hace que la referencia...