Los recuerdos son el legado del alma. En Guinea Ecuatorial, aún colonia de España a mediados del siglo XX, pero a punto de vivir las revueltas previas a su independencia, muchos españoles trabajaban e incluso nacían allí para más tarde regresar después de ese momento conflictivo. A esta tierra eternamente verde y voluptuosa nos traslada la novela landscape de Luz Gabás, contada en dos espacios de tiempo, uno más reciente y el otro visto a través de los ojos de Clarence, una joven que encontrará en el diario de su tío Kilian un secreto que revelar y para ello se embarcará en un viaje hasta Bioko, la isla que antiguamente se llamó Fernando Poo y que alberga los hechos que llaman su curiosidad tras la muerte de su padre Jacobo, también protagonista de esos lejanos momentos ya olvidados por todos.

En este contexto socio-político nos situamos para vivir un drama romántico como los de antes. Con aroma clásico y deformado por la idealización del que lo ha vivido en primera persona y quien lo rememora tiempo después. La luz dorada (buen trabajo del director de fotografía Xavi Giménez) del pasado se diferencia de la actual, menos idílica y desapacible en la misma lluvia torrencial del ecuador.

Con cierto aire academicista, es una película grande, con un gran presupuesto (dentro de sus posibilidades) que luce muy bien y realizada con mucho oficio. Fernando González Molina, da un gran paso en su trayectoria con este producto llamado a funcionar en taquilla a pesar de su larga duración y su corrección formal. Hay que reconocer y valorar de manera muy positiva una producción ambiciosa, de gran factura y de temática poco explorada en el cine español a pesar de su interés cultural e histórico. Desde una mirada completamente distinta podríamos encontrar algunos antecedentes como: “Misión blanca” de Juan de Orduña, aunque en el film que nos ocupa prevalece sobre todo su historia de amor imposible. En sus más de dos horas y media de duración ocurren muchas cosas, su narración es novelesca y aunque con sus significativas diferencias argumentales gustará al público que rompió los audímetros con la excelente serie también producida por Atresmedia “El tiempo entre costuras”. Su tono sentimental evoca incluso a ese leitmotiv “biggerthanlife”al estilode por ejemplo, “Memorias de África” de SydneyPollack.

Espléndido trabajo de ambientación, localizaciones y decorados, uno de los aspectos a destacar es su excelente música. La preciosa partitura de Lucas Vidal está presente durante toda la película, quizá muy expuesta y subrayando muchos momentos al igual que ocurre con el guión de Sergio G. Sánchez, muy efectivo pero que tal y como ocurría en sus libretos para “Lo imposible” o “El orfanato”, ambas de Juan Antonio Bayona, están muy acusados los momentos dramáticos con el objetivo de para hacer más directa y accesiva la narrativa. Se entiende, desde luego, aunque algo más de contención no le hubiera sentado nada mal. En el reparto, grandes nombres como los de Mario Casas y Adriana Ugarte, aunque para mí la gran revelación es Berta Vázquez que interpreta a la amante bubi de Kilian: Bisila, el corazón de la película. Su belleza y su emotividad justifican algunos los mejores momentos.

Su perspectiva consciente pero menos cruda de lo que cabría esperar de la hostilidad en el trato hacia los originarios de la isla por parte de los colonizadores o trabajadores en las fincas de explotación agrícola y sus correspondientes respuestas por parte de la rebelión negra son episodios muy atractivos de la película, así como la comparación entre el frío norte de España de los cincuenta y la exuberancia de los paisajes africanos. La inquietud de saber sobre la vida de los antepasados, una reflexión acertada sobre la memoria y el origen hacen esta película apreciable. Es recomendable para todo tipo de audiencias dispuestas a emocionarse y sobre todo a dejarse llevar por la recuperación de esos momentos felices, que aunque cortos marcan la vida de las personas y hacen que el olvido sea menos cruel manifestándose presentes y cercanos por mucho que pase el tiempo y caiga la nieve.

Nota: 6,5

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Los recuerdos son el legado del alma. En Guinea Ecuatorial, aún colonia de España a mediados del siglo XX, pero a punto de vivir las revueltas previas a su independencia, muchos españoles trabajaban e incluso nacían allí para más tarde regresar después de ese momento conflictivo. A esta tierra...