La irrupción en cartelera de la película ‘El hombre de las mil caras’ tras su éxito crítico en San Sebastián -Premio Feroz Zinemaldia-, nos ha brindado la oportunidad de entrevistar a Eduard Fernández y José Coronado, ambos ganadores del Premio Goya a mejor actor y dos de los actores más polifacéticos y prolíficos de nuestro cine.

Ambos se adentran en el género del thriller que tanto ha marcado sus carreras y la su director Alberto Rodríguez. Asimismo, la recreación de Fernandez del espía Paesa fue recompensada en San Sebastián con la Concha de Plata a mejor actor.

No os perdáis nuestra entrevista a Eduard Fernández y José Coronado, protagonistas de ‘El hombre de las mil caras’:

-Viendo la película uno no puede evitar descubrir analogías con la España actual, ¿qué comparaciones creéis que existen entre la situación política actual y lo que muestra la peli?

Eduard Fernández: La película habla del inicio de la corrupción en la democracia en España, de lo cual ahora sabemos mucho. Tenemos muchos datos o tal vez algunos, porque igual hay mucha más corrupción de la que sale… En todo caso, sí, Paesa puede haber sido pionero y me imagino que habrán aprendido de él. Inevitablemente a veces aún me coloco en Paesa y creo que era una figura muy grande, incluso tenía algo shakespiriano que le motivaba el levantarse y la adrenalina de jugar con el peligro real. El poder era algo que necesitaba para vivir y eso era algo innato y que iba con su propia naturaleza, que va más allá de pequeños hurtos o de recalificar un terreno… No, no, él jugaba a otro juego más peligroso y cinematográficamente muy atractivo.

José Coronado: Yo creo que ese periodo, y en especial el periplo del amigo Paesa, fue uno de los pioneros que implantó la semilla por la que se mueve la sinvergonzonería actual que reina en España. Es cierto que eran unos tiempos diferentes, había mucha más bonanza e impunidad en el país y este caso enseñó el camino a todos estos sinvergüenzas, a todos estos Bárcenas y Blesas y paraísos fiscales. Paesa fue posiblemente uno de los pioneros pero creo que con una seña de identidad diferente a todos estos. Era un tipo que provocaba admiración en ese entonces, sin duda. Hoy en día a lo mejor con la crisis que nos acucia, ya no lo vemos como tal, pero estoy seguro que Paesa era tan listo que se reinventaría para seguir haciendo sus fechorías de una forma elegante como nadie ha sabido hacerlo.

-Eduard, ¿cómo has trabajado los rasgos característicos de tu personaje siendo un personaje envuelto en tal secretismo?

Eduard Fernández: Ese era el mayor reto. En primer lugar contando con un muy buen guión, que está basado en el libro de Cerdán y que está lleno de datos que sirven mucho al guionista, aunque al actor un poco menos. Me sirve mucho porque el guión es el suelo que piso, pero el actor tiene que transformar todo eso en humanidad y en el caso de Paesa era especialmente difícil porque tiene una gran máscara, creo que para no ser visto, pero ya a nivel personal, emotivo, humano. Hay una frase en el libro que dice: “Me sabe muy mal que mis padres no me hayan enseñado a usar los cubiertos del pescado”. Denota cierto complejo de clase, que no le descubran que no sabe utilizar los cubiertos del pescado. Me lo imagino ensayando en casa y es un plano bonito que no rodamos pero debía tener gracia. En todo caso, creo que le gustaba jugar con el poder más alto, se metía con lo más peligroso. Yo me entrevisté con un exagente del CNI y me decía que en los casos que eran muy peligrosos nadie se querían meter y en cambio Paesa levantaba la mano para ir. Me dijo que no sabía cómo no lo mataron, ni yo lo sé, lo cual explica tal vez en lo bien que se esconde. El reto era hacer esa gran máscara. Creo que Paesa disfrutaba imaginándose todos los movimientos encima de su cabeza con todos los personajes puestos y viéndolos sin que nadie lo viera. Aparte de lograr la máscara, había que conseguir que el espectador tuviera cierta empatía por el personaje. Por lo tanto, nos inventamos que si alguien tiene algo tan desarrollado innatamente, que luego lo desarrolla con la capacidad de seducir, de engañar, de embaucar; hecho con una cierta ironía y sentido del humor como persona inteligente que era, debe tener algún gran hueco. Y yo creo que era el emotivo, la parte humana donde Paesa, muy a pesar suyo, no era su terreno. Eso se demuestra en la película en una pequeña dosis en la relación con su esposa, donde él no sabe manejarse.

-¿Cómo es el proceso de lograr esa empatía con dos canallas?

José Coronado: La picaresca ha sido siempre innata a la idiosincracia del español y siempre hemos admirado a los pícaros. Evidentemente hoy en día con la crisis que hay y con todo esto ya no nos gustan tanto, pero en esos tiempos de bonanza en los que en España salía a la luz la democracia, la gente permitía esto como también el admirar a personajes como Paesa.

Eduard Fernández: Con los canallas es fácil empatizar por un lado, ya que todos tenemos alma de canalla o nos gustaría serlo a pesar de nuestra moral, en el caso de que uno la tenga. El personaje canalla en principio siempre ha sido atractivo.

-La película muestra a un Paesa sobrio e inexpresivo al que es difícil acceder, ¿no creéis que, por ejemplo, hubiera sido clave enfocar el nerviosismo, la reacción de Paesa en el momento en que su sobrina saca el dinero, ya que ahí es un momento clave donde se jugaba todo?

Eduard Fernández: En todo caso creo que el punto de vista con el que juega la película no permitía eso. Está jugando a que el espectador sabe justo lo que sabe y no sabe más. Es verdad que esto es algo muy exigente con el espectador, no le da esa posibilidad de saber cómo está Paesa en ese momento sino que al espectador también le acompaña esa mentira y no sabe hasta dónde llega ni cómo ni cuánto sufre Paesa. Evidentemente un actor siempre quiere tener más planos. Pero ese es el reto para mí: tenía ese espacio y no más, y en él teníamos que contar todo. Precisamente creo que en este reto consiste también la calidad de la película.

José Coronado: Alberto siempre dijo que la verdad absoluta no la sabe nadie. Se ha acercado lo más posible, pero creo que ha hecho un ejercicio de respeto al espectador que le permite reflexionar y que tome partido por donde él piense, aportándole datos que va sumando y así convirtiéndose el espectador en investigador de todo este periplo maravilloso. Queda de manifiesto que la cabeza de Paesa era un tormento en ebullición de estrategia y un gran rasgo que le acompañaba era esa contención. Tal vez por ahí apunta Alberto Rodríguez a enseñar lo que este hombre pensaba. Porque realmente no se sabe, pero lo deducimos.

-José, explícanos tu experiencia de ese cara a cara con Eduard.

José Coronado: Eduard Fernández te lo pone muy fácil. Es uno de los actores con más verdad que hay en el cine español y en especial en este personaje porque lo trabajamos durante un mes y medio de ensayos lo que es un lujazo. Por lo tanto teníamos todos una carga de personajes brutal. Mi personaje admiraba profundamente a Paesa y  el reto consistía en estar toda la película presente pero hablando poco. De hecho el mío era el personaje más humano de la película, considerándose él mismo como un simple peón en las manos de este estratega.

-Eduard, ¿qué destacas tú del trabajo junto a José?

Eduard Fernández: Yo creo que igual que yo, José tenía esa dificultad tan grande de tener que expresar y tener empatía siendo tan reservado y secreto. Tuvo una dificultad enorme en esta actuación al estar tan presente y tener tan poco texto y argumento, y eso es muy complicado. Es una maravilla lo que ha logrado con su interpretación, mostrando una gran generosidad hacia la película y hacia mí.

GABRIELA RUBIO

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La irrupción en cartelera de la película 'El hombre de las mil caras' tras su éxito crítico en San Sebastián -Premio Feroz Zinemaldia-, nos ha brindado la oportunidad de entrevistar a Eduard Fernández y José Coronado, ambos ganadores del Premio Goya a mejor actor y dos de los actores más...