Es realmente difícil escribir una crítica de ‘ma ma’ (sí, en minúsculas), de Julio Medem, sin desvelar detalles importantes de su intensa trama. Durante los 111 minutos de metraje, el espectador percibe un complicado viaje emocional al descubrir las peculiares vicisitudes de los protagonistas, Magda y Arturo, una Penélope Cruz y un Luis Tosar en plausible estado de gracia. Tras visionar la producción, se entiende por qué ha habido tanto secretismo alrededor del rodaje, ya que el guion (aunque se puede decir sin miedo a equivocarse que el director ha creado un drama clásico en el buen sentido del término), cuenta la historia de una pareja atípica donde las haya, marcada por los duros golpes de la vida. El cineasta vasco, que abandonó sus cuestionados experimentos después de la irregular ‘Caótica Ana’ y nos ofreció un ligero destello de luz en ‘Habitación en Roma’, ha vuelto a su mejor pulso narrativo sin gran pretenciosidad, a pesar de que se permita ciertos caprichos que perfectamente podrían haberse quedado en la sala de montaje (al igual que ha ocurrido con la comentada secuencia en un bar de intercambio de parejas, por lo que el modelo y actor Jon Kortajarena no participa finalmente en la cinta).

Magda es una madre valiente y resolutiva, una luchadora nata que afronta sin mayores preocupaciones estar desempleada después de haber trabajado durante años como maestra, su verdadera pasión. El comienzo de la película no puede ser más esclarecedor: la protagonista recibe la impactante noticia de que sufre cáncer de mama en plena crisis matrimonial. Arturo, un ojeador de fútbol infantil del Real Madrid, se encuentra con ella por casualidad en un partido del hijo de ésta, justo el día en que Magda ha conocido el fatal diagnóstico. Es aquí cuando Medem nos da el primer puñetazo en el estómago y nos arrastra hasta donde quiere. Las vidas de los protagonistas estarán unidas para siempre debido a un estremecedor suceso. Sin darnos cuenta somos testigos de cómo el ser humano tiende a solidarizarse con los demás aunque sean meros desconocidos. Porque siempre puede haber alguien que sufra más que tú, que tenga el futuro más negro que el tuyo si cabe. Y como espectador de tan dantesco espectáculo, cuando crees que el destino sonríe por fin a una familia agotada por los sinsabores, te hundes aún más en la tristeza poniendo la otra mejilla sin haberte repuesto del anterior manotazo.

Es increíble como Cruz y Tosar llevan todo el peso del film en un tour de force que no decae en ningún instante, con la ayuda de correctos secundarios a los que dan vida Asier Etxeandia, Àlex Brendemühl o Silvia Abascal. No imagino a nadie mejor que Penélope para ponerle rostro a Magda y no me tiembla el pulso al asegurar que nunca ha llorado tan bien como en ‘ma ma’. Ella es el alma (y sobre todo el corazón) de la película y sus ojos nos llevan de la alegría a la pena y viceversa, del pesimismo a la ilusión, en un vaivén de sensaciones que un servidor llevaba tiempo sin experimentar en una sala de cine. De este modo, la actriz consigue una nueva interpretación con mayúsculas en su currículo (que se une a sus laureadas Raimunda, en ‘Volver’; Italia, en ‘Non ti muovere’; María Elena, en ‘Vicky Cristina Barcelona’, que le valió el Oscar a la Mejor Actriz Secundaria; y Macarena, en ‘La niña de tus ojos’). Tosar, que representa con firmeza los cimientos en los que se sustenta la protagonista femenina, duele hasta en sus miradas. Sus lágrimas son las más amargas y sin embargo las más calladas. Es la presencia en la sombra sin la que la trama no sería la misma. Preocupa que su papel no sea lo suficientemente valorado porque el actor siempre esté bien en sus proyectos. Sin duda, su Arturo no es un personaje más en su carrera.

En el aspecto técnico, sorprende negativamente la partitura creada por Alberto Iglesias para la cinta. Aunque posiblemente en esta ocasión Medem no haya querido que la música sea determinante en la historia como en anteriores trabajos (cómo olvidar las imprescindibles bandas sonoras de ‘Los amantes del Círculo Polar’ o ‘Lucía y el sexo’). No obstante, estamos ante una de las composiciones más flojas del músico donostiarra. Por su parte, la fotografía de Kiko de la Rica brilla por su sencillez, potenciando la luz que irradia Magda y matizando las sombras que desprende Arturo. Hay que destacar también el impecable sonido, con unos incómodos silencios, rotos en ocasiones por el inconsolable llanto de algunos espectadores.

Lejos de ser una obra maestra, tengo el pleno convencimiento de que ‘ma ma’ puede dividir completamente a crítica y público. Medem está acostumbrado y su cinematografía no sería la misma sin polémica. Pero espero que se considere el tremendo esfuerzo del director y de Cruz por levantar como productores un proyecto como éste, basado en la lucha de una madre por vivir porque, como la propia Magda asegura, “la vida es lo único que sabemos que tenemos”. No es más que un ejemplo de todas y cada una de esas mujeres que tienen que lidiar con una enfermedad tan cruel como el cáncer y a la vez ser un referente para su familia. Y sirve, asimismo, como homenaje al servicio médico de nuestro país que, a pesar de los varapalos de la crisis en lo que a Sanidad se refiere, ofrece su mejor cara y su valiosa sonrisa a todos y cada uno de los pacientes a los que trata.

Es de justicia que aquéllos que vean este film lo hagan sin prejuicios de ningún tipo porque, en mi humilde opinión, ha regresado el mejor Medem; eso sí, licencias de autor aparte, de una manera más madura y sin histrionismos. Ojalá sea para quedarse.

Nota El Blog de Cine Español: 7,5

Javier Redondo
Twitter: @JavierRedondo81

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Es realmente difícil escribir una crítica de ‘ma ma’ (sí, en minúsculas), de Julio Medem, sin desvelar detalles importantes de su intensa trama. Durante los 111 minutos de metraje, el espectador percibe un complicado viaje emocional al descubrir las peculiares vicisitudes de los protagonistas, Magda y Arturo, una Penélope...