CRÍTICA “LOS HERMANOS SISTERS”: DOS ASESINOS A SUELDO CABALGANDO JUNTOS

Corre el año 1850 y Charlie (Joaquin Phoenix) y Eli (John C. Reilly) son dos hermanos que trabajan como asesinos a sueldo. En medio de la fiebre del oro, los hermanos Sisters serán contratados por el Comodoro para matar a un químico sabedor de una fórmula, para facilitar la extracción del metal precioso. De este modo los dos hermanos cabalgarán juntos por el lejano oeste, siguiendo al químico y a al detective Morris (Jake Gyllenhaal), crucial para el devenir de la historia.

Esta es la sinopsis de la nueva película del realizador francés Jacques Audiard que lleva como título Los hermanos Sisters (2018). Tras películas como Un profeta (2009) o De óxido y hueso (2012), el realizador francés se sirve ahora de una novela de Patrick deWitt, para realizar su primera película en inglés. Es éste un western muy poético con dos vertientes temáticas. Por un lado, la utopía de construir un mundo mejor y más democrático que encarna Warm, el joven e idealista químico, y por otro lado, la avaricia general de la época y la falta de escrúpulos personificada en Charlie. Si Warm quiere buscar oro para crear una nueva sociedad ideal, tarea para la que consigue convencer al detective Morris, que también destaca por su mente humanística, los hermanos Sisters llevan toda la vida guiándose por la violencia indiscriminada. Aunque entre ellos destacan las diferencias palpables, ya que mientras Charlie está incapacitado para el sentir, Eli se muestra sensible, romántico y reflexivo. Un personaje, el de Eli, que llama la atención y rompe con la percepción del rudo hombre de western.

Las dos interpretaciones principales son cruciales para el buen devenir de este wester, basado más en la palabra, la belleza de lo enmarcado por la cámara y en una banda sonora muy evocativa, que en festivales pirotécnicos. Joaquin Phoenix conquista, de nuevo, con su particular forma de armar la máscara de este personaje impulsivo, violento y con un sentido del humor, un tanto cruel. Jake Gyllenhaal da serenidad y consigue reconciliarnos con el ser humano, entre tanta barbarie. Pero quizás la interpretación más sorpresiva la realiza un John C. Reilly bonachón y de mirada penetrante que borda su papel de hombre común, anhelante de una vida más tranquila, con la que quizás poder dar rienda suelta a su sorpresiva delicadeza. Una interpretación que se compenetra perfectamente con la de Phoenix, para así destacar las claras diferencias entre estos dos peculiares hermanos.

No obstante, por mucho que Eli intente desmarcarse de su sangrienta vida, los dos hermanos deben convivir con una infancia trágica, fruto de un padre vil que marcó sus vidas. Y es aquí donde la película se plantea la posibilidad de heredar los males de los progenitores. ¿Acaso llevan estos hermanos en la sangre el mal de sus ancestros? En una secuencia inicial, Charlie se lo pregunta a su hermano y aunque apenas puede responder, el final deja un halo de luz. La idea de viaje (físico y mental) que guía toda la historia, finaliza influenciada por el clásico de John Ford, Centauros del desierto (1956). Mientras Ethan (John Wayne) constata la imposibilidad de quedarse en el hogar y ve como la puerta de la nueva civilización se le cierra, para los hermanos Sisters todavía hay esperanza. Todavía tienen un hogar en el que descansar sus pecados y volver al sentir que la sinrazón borró de sus almas.

Laura Acosta

Nota El Blog de Cine Español: 9

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