Tras la puesta de largo del Festival del viernes con la presentación de “Las leyes de la termodinámica”, que respondía al clásico esquema que sigue la organización de inauguración a través de cinta comercial con caras populares, este sábado comenzó la verdadera competición con la proyección de 3 películas con mayores pretensiones en la Sección Oficial.

La jornada en el Cervantes se inició con “Ana de día”, ópera prima de Andrea Jaurrieta, y en la que queda claro durante su visionado es un proyecto anhelado y muy pensado por su creadora.
La fascinante idea que supone encontrarte con tu propio doble logra captar al instante la atención del espectador, aunque pronto comprendemos que esta premisa fantástica no es relevante en la historia, y no es sino la excusa para mostrar el viaje de su protagonista hacia la búsqueda de su propia identidad. Ingrid García Jonsson ofrece un tour de force en el que crece como actriz, afrontando con valentía la complejidad de un personaje atrapado en una crisis existencial que le hace ir dando tumbos en un mundo que le es ajeno, hasta forjarse una nueva personalidad. La actriz de origen sueco terminó llorando al finalizar la proyección y comprobar cómo el público del Cervantes reconocía con largos aplausos el esfuerzo del equipo de la película.

En una historia en la que los mayores golpes de efecto sobre la vida de Ana transcurren en lo mas turbio del mundo de la noche, es la recreación del club nocturno en el que trabaja la protagonista, donde la directora tiene ocasión de demostrar su habilidad para crear atmósferas. En su grotesco retrato del club, es fácil que nos venga a la cabeza la influencia que Lynch habrá causado sobre Jaurrieta. No termina de explotar todas sus posibilidades; hubiera sido mucho más interesante un numerazo musical protagonizado por Garcia Jonsson que el show demasiado alargado que atribuye a la bailarina travesti, pero es un ejercicio de estilo apreciable en una ópera prima.

Toques de thriller, drama con tintes oníricos y casi diríamos que hasta de ciencia ficción (¿quién tiene un reproductor de VHS en su casa en el año 2018?) para la que es sin duda la opción más ambiciosa de lo que llevamos de festival.
No será seguramente la mejor película; de hecho, hay bastantes detalles que no funcionan, pero es de esperar que una propuesta con tanta personalidad sea reconocida por el jurado con presencia en el palmarés.

El siguiente turno fue para la novedosa inclusión en la Sección Oficial de una película de animación: “Memorias de un hombre en pijama”. Teníamos muy buen recuerdo de la anterior adaptación de un cómic de Paco Roca: la conmovedora “Arrugas”, que hace unos años arrancó lagrimones nunca vistos en una cinta de animación española y logró la proeza de arrebatar el Goya de Mejor guión al mismísimo Almodóvar. La propuesta que ahora dirige Carlos Fernández de Vigo es mucho más inofensiva y ligera, centrándose en las aventuras sentimentales de un treintañero urbanita celoso de su independencia, cuya mayor ilusión es poder trabajar en pijama desde casa (el propio Roca). En apenas 70 minutos, ofrece una trama ágil y muy entretenida, en la que hay momentos divertidos, especialmente aquellos en los que el personaje de Manuel Manquiña sufre todas las penalidades posibles provocadas involuntariamente por el desastroso dibujante protagonista (geniales los momentos de la encuesta telefónica o el protagonizado por Dora la Exploradora). Raúl Arévalo da voz al personaje principal, logrando un tono entre pícaro y entrañable, e incluso llegamos a verle en algunos momentos donde son insertadas imágenes reales. Destaca también su trabajo de cuidada ambientación, dibujando localizaciones muy reconocibles de Barcelona y Valencia. En resumen, una muy correcta propuesta en la que sin embargo, hubiéramos agradecido algo más de riesgo (la manía de cortar los encuadres para evitar mostrar desnudos ha llegado hasta aquí).

Cerró la jornada la primera producción latinoamericana de la edición: “La reina del miedo”, el debut en la dirección de la argentina Valeria Bertuccelli. Sin duda fue una mala elección para la codiciada sesión del sábado noche, al ser una película áspera, en la que la sensación de que “no pasa nada” sobrevuela durante gran parte del metraje. Bertuccelli se reserva el papel protagonista, en un rol omnipresente. Su Tina aparece en todas las escenas del filme, prestándose a pesados discursos motivados por sus permanentes inseguridades personales y profesionales. Si bien la actriz está estupenda encarnando a su caprichoso y antipático personaje, se echa en falta el diseño de personajes secundarios que hubieran podido dotar de mayor dinamismo a la historia (el desaprovechamiento de Darío Grandinetti es casi denunciable). Una pena que una película que comienza con una escena tan sugerente como la del inquietante apagón inicial se suma pronto en el tedio. Una secuencia inicial, que no obstante, es estropeada en parte por haber leído en los créditos que la cinta está financiada por Prosegur, lo que nos deja claro que los vigilantes de seguridad tendrán una visión positiva en el relato y no se aprovechará la ambigüedad que su presencia provocaba.

No puede terminarse la crónica del sábado malagueño sin mencionar el gran impulso que ha supuesto la concesión del premio Málaga-Sur a Guillermo del Toro. La gala entrega del galardón nos dejó el gustazo de escuchar discursos emotivos plagados de anécdotas por parte de Ivana Baquero o Eduardo Noriega, o directamente desternillantes en el caso de Santiago Segura. El speech del director mexicano fue el perfecto colofón y con el que terminó llevándose de calle al público. Desbordó agradecimiento a España, al expresar que el rodaje de “El espinazo del diablo” en nuestro país le salvó sus dudas tras la complicada experiencia de “Mimic”. Y supuso un canto a los personajes que le han hecho más popular: sus monstruos, reflejo de las imperfecciones que hacen más especiales a los seres, y ejemplo de grises en un mundo de blancos y negros. El giro dado por el Festival de Málaga hacia el cine hispanoamericano es todavía muy cuestionable en lo que se refiere a lo que aporta en la programación, pero eventos como el protagonizado por Del Toro nos reconfortan y nos aportan un verdadero ejemplo de éxito en la colaboracion entre países hermanos.

JAVIER CASTAÑEDA

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