El anuncio de la sección oficial del Festival de Cannes de 2014 celebrado el pasado mes de mayo confirmó que el principal festival del mundo recompensa a sus directores fetiche con una selección automática año tras año que complica que cineastas sin una trayectoria destacada previa puedan competir en la primera división de La Croisette.
Sin embargo, entre los habituales Dardenne, Loach, Leigh o Bilge Ceylan, se colaba inesperadamente una película argentina, que además suponía la primera incursión festivalera de su director, Damián Szifrón.

Indudablemente el venir producida de la mano de Pedro Almodóvar, adorado por el festival francés, debió ser un importante apoyo para su elección, pero los comentarios entre la prensa surgidos tras la proyección del filme, anunciaban que “Relatos salvajes” era una cinta especial que iba a dividir a los críticos presentes.

Ausente del palmarés final del Festival, la cinta se estrenó recientemente en Sudamérica a lo grande, convirtiéndose en la película nacional estrenada con mayor número de copias en Argentina y alcanzando unos impresionantes resultados de taquilla. No es de extrañar, dado que su reparto es de auténtico lujo, compuesto por una importante representación de lo más granado del star system argentino, con intérpretes como Darín, Sbaraglia, Grandinetti o María Onetto al frente.

La cinta está compuesta por 6 historias que, a diferencia de lo habitual en este tipo de filmes, constituyen relatos independientes que no llegan a cruzarse en ningún momento. Dada la reducida duración de cada historia, es preferible no conocer la sinopsis de cada relato y dejarse llevar por la locura de cada corto.
A lo largo de dos horas, sus personajes se ven expuestos a situaciones al límite, que les llevan a desbordar sus emociones y a reaccionar con comportamientos más propios de bestias salvajes que de seres humanos. El frenético montaje y el ritmo in crescendo de cada historia atrapan al espectador desde el comienzo, que no puede evitar aceptar la provocación del filme y dejarse llevar por el desenfreno, incluso aprobando la violencia utilizada en buena parte de las historias.

Durante los 3 primeros capítulos, el humor negro y el absurdo son tan apabullantes que la sensación de “¿todavía puede pasar algo más?” se apodera del espectador. Especialmente en la historia protagonizada por Leonardo Sbaraglia, un delirio creciente, ante la que no es difícil imaginar a Quentin Tarantino disfrutando a rabiar de este segmento, que bebe mucho del estilo del norteamericano. Pasado el ecuador del filme, la película se toma un pequeño respiro para introducir el drama y narrar, de una forma algo más pausada, la que es tal vez la mejor historia de la cinta; la protagonizada por Darín, y en la que la empatía con el conflicto del personaje resulta inevitable.

Uno de los principales méritos de la película es que sin dejar de ser una cinta profundamente argentina, presenta con cinismo algunos conflictos sociales extendidos a muchas otras naciones (en España la burocracia institucional o la corrupción nos son demasiado familiares) que permiten hacer calar con mayor efectividad el mensaje de indignación que sobrevuela a lo largo de la película.

Por si fuera poco, Szifrón deja claro que una cinta comercial también admite toques de autor y aprovecha para gustarse, dando una lección de realización con algunos encuadres de escándalo. Ya sea colocando la cámara en la cabina de equipaje de un avión o debajo de un puente, consigue introducir nuevas perspectivas y llenar de dinamismo a las ya potentes historias.

En lo referente a las actuaciones, todo el reparto cumple con creces, si bien Ricardo Darín (qué lujo para una cinematografía poder contar con un actor tan extraordinario), Óscar Martínez y Rita Cortese alcanzan los puntos más altos. Esta última, bordando un papel robaescenas, que de haberse trasladado la acción a España, pediría a gritos que Terele Pávez lo encarnara.

No todo es perfecto en Relatos Salvajes, sin embargo. A una cuestionable elección como músico de un Gustavo Santaolalla que continúa repitiéndose, se le añade que existe una historia claramente descompensada respecto a las demás, y con el handicap de ser la elegida para cerrar la película, lo que puede dejar un sabor no tan satisfactorio en el espectador. Aunque casi todos los relatos están lógicamente exagerados para forzar las situaciones extremas, en este último capítulo se nos exige un ejercicio de fe demasiado grande para conceder verosimilitud al episodio, que alcanza un exceso tras otro. Tampoco encaja demasiado esta historia dentro del contexto de la película, entre otros relatos ética y políticamente más potentes.

En cualquier caso, no tengo duda de que “Relatos salvajes” es desde ya, una de las películas del año, y que lo tiene todo para triunfar en España igual que lo ha hecho en su país de origen. Aquel que desde una sala de cine quiera subirse a una montaña rusa inteligente y desbordada, disfrutará de comienzo a fin con la atrevidísima propuesta de Szifrón. Háganse un favor, y vayan a ver “Relatos salvajes”.

Nota El Blog de Cine Español: 8

JAVIER CASTAÑEDA

Óscar TACríticasDamian Szifron,Relatos salvajes
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