Isabel Coixet ha encadenado en poco más de tres años proyectos tan dispares como Ayer no termina nunca, Mi otro yo y Nadie quiere la noche -en la que está inmersa en estos momentos-. Además, son varios los proyectos sobre la mesa que demuestran una determinación por hacer cine que contrasta con una preocupante espiral en su obra.
Este artículo no pretende destruir la imagen de la directora, sino analizar una involución en su carrera que ha sido ampliamente comentada por los usuarios de esta web, a la espera de que la mejor Coixet vuelva a regalarnos su buen cine de años atrás.

La directora catalana no tuvo suerte en su primer largometraje en el año 1988, Demasiado viejo para morir joven. Con sólo 24 años y especializada en el mundo de la publicidad, en este drama trató de retratar sin éxito alguno de sus temas fetiche, como la muerte.

Pasaron 8 largos años hasta rodar su siguiente película y uno de sus grandes éxitos: Cosas que nunca te dije. Coproducida con Estados Unidos y rodada con actores extranjeros, Coixet propone una singular historia de amor donde temas recurrentes como la soledad o el suicidio merodean sobre una atmósfera impresa con la “marca Coixet”, caracterizada por el cuidado de los pequeños detalles y una cuidada estética. Al contrario de lo visto en los últimos tiempos, en la película había ingenio y buenos diálogos.

A los que aman fue un salto al SXVIII. En esta película observamos a la Coixet más lírica e intimista. Juega con los tiempos para retratar el sufrimiento del amor en una nebulosa atmósfera romántica y neoclásica por la que Lana del Rey mataría para uno de sus videoclips. Una propuesta que espantó por completo al público pero consolidó su incipiente prestigio en circuitos internacionales. Pese a ello, las pocas aspiraciones comerciales de sus proyectos le impidieron volver a rodar hasta años después.

En el año 2003 contó con el respaldo de los hermanos Almodóvar para sacar adelante Mi vida sin mí, quizá su trabajo más aclamado y redondo. Sarah Polley bordó su personaje silencioso y gris que descubre las ganas de vivir cuando le diagnostican una enfermedad terminal. Era un momento en el que las escenas de lluvia y los momentos de sensibilidad dentro de su cine no eran tachados de pedantería.

La vida secreta de las palabras le deparó 4 premios Goyas, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección. De nuevo un trabajo internacional y en este caso mucho más accesible al gran público. Fue su mayor éxito comercial y tal vez su mejor historia, aunque quizá pudo desarrollar el guión con mayor ambición.

Con Elegy trabajó por primera vez un guión no propio, aunque el contenido no podía estar más en su línea: drama intenso, erotismo y enfermedad. El resultado fue correcto, especialmente gracias a la entrega de una pletórica Penélope Cruz. Sin embargo, empiezan a surgir algunas voces que cuestionan su vacuidad y la mera sucesión de bellas imágenes.

Pero el mayor castigo lo recibió tras presentar Mapa de los sonidos de Tokio, una producción de 8 millones de euros diseñada para conquistar festivales y taquillas internacionales. No fue así. La película fue un estrepitoso fracaso comercial y de crítica. Sin duda su guión más absurdo y un trabajo autocomplaciente en el que más allá del esteticismo no hay nada.

Tras un largo periodo asimilando ese varapalo, el año pasado presentó Ayer no termina nunca. Si algunos alabaron en su día la sutileza con la que Coixet plantea temas terribles, en este caso se trata de su trabajo más impúdico en el que los actores -entregadísima Candela Peña en una versión desaforada de sí misma- afrontan unos diálogos sonrojantes. La intensidad agotadora en un escenario minimalista y teatral se convierte en un reto casi insoportable para el espectador. Personalmente creo que se trata de una de las películas más irritantes que he visto en los últimos tiempos.
De nuevo malas críticas y un fracaso comercial estrepitoso, pero lo peor estaba por llegar.

La primera incursión de Coixet al cine de género ha sido la recientemente estrenada Mi otro yo. Estamos hablando de la película más vapuleada por la crítica de su filmografía y quizá de la que más trabajo cueste reponerse, dada la repercusión negativa que ha tenido dentro de los circuitos de autor. Se trataba de aunar el cine autoral con el mainstream, y el resultado ha sido rotundamente decepcionante en ambas vertientes.

En estos momentos se rueda Nadie quiere la noche, una interesante historia de superación con Nikolaj Coster-Waldau, Rinko Kikuchi y Juliette Binoche de protagonistas. La película tiene buena pinta, ¿supondrá el regreso a la senda del éxito para Isabel Coixet?

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Isabel Coixet ha encadenado en poco más de tres años proyectos tan dispares como Ayer no termina nunca, Mi otro yo y Nadie quiere la noche -en la que está inmersa en estos momentos-. Además, son varios los proyectos sobre la mesa que demuestran una determinación por hacer cine que...