España ha sido considerada durante siglos tierra de picaros, buscavidas, golfos y timadores… Esto nos viene de lejos, como ya se plasmó maravillosamente en el anónimo “LAZARILLO DE TORMES”, el 1554… El timo de la estampita, el toco mocho… Pequeños timos que han ido evolucionando hasta nuestros días.

De esas pequeñas historias han surgido, a lo largo de la historia, grandes películas, tales como “NUEVE REINAS”, “EL GOLPE”, “LOS TIMADORES” o “THE PELAYOS”, “LA TONTA DEL BOTE” y “LOS TRAMPOSOS” como aportaciones patrias.

Antonio Cuadri abordó ligeramente el tema en “LA GRAN VIDA”, donde un Carmelo Gómez en su mejor momento, debía dilapidar una fortuna antes de morir, siendo, sin saberlo, complice de una estafa…

En esta ocasión, en el marco de la 64ª edición del Festival de San Sebastián (mientras escribo estas líneas, podrán ser testigos, en directo o por televisión, del desfilar de multitud de estrellas en la alfombra roja de dicho festival en su 65ª edición) donde, casualmente, este film será presentado en sociedad.

Un productor arruinado y sus asociados (un contable amargado y un director sin talento ni futuro) pretenden estafar a una rica millonaria con el fin de conseguir dinero para su próxima película. Pero la señora exige que la película, escrita por su joven amante, la protagonice Ray Silvela (Jordi Mollà) la estrella del momento. Con el tiempo en contra, los productores deberán descubrir a un doble convincente, (encontrándolo en un club de striptease…) que se preste a la estafa…

OPERACIÓN CONCHA tiene un inicio inmejorable. Karra Elejalde interrumpiendo el rodaje de su última película, dirigida por Fernando Colomo (fantástico cameo) cuando le cierran la financiación. Esa simple secuencia sirve para presentar a su personaje, para que la audiencia pueda hacerse una idea en tan solo un minuto quien y como es.

A partir de este momento da inicio una sucesión de secuencias hilarantes y surrealistas, hasta dar lugar a un final en el mismísimo escenario del Kursaal…

OPERACIÓN CONCHA es una película sencilla, pero muy bien filmada. El reparto está en su punto justo, equilibrado. Jordi Mollà es, sin duda, el mejor parado, puesto que interpreta a dos personajes, ambos de manera convincente y divertida. Podemos ver, por sus gestos y expresiones su evolución, y a pesar de que podamos considerarlo “chusma”, descubriremos sus vulnerabilidades. Hay verdadera evolución en él. En cuanto a su otro personaje, está desatado como el colombiano Ray Silvela. Tremendamente divertido. Karra Elejalde está inmenso. Sus estallidos de histeria, su verborrea, sus exabruptos… Excelente.

El único “error” que podemos encontrar en este punto es la falta de “chicha” en el personaje femenino. Bárbara Goenaga es un pedazo de actriz, con una cartera de personajes muy interesante. En esta ocasión está totalmente desaprovechada… Y es una lástima, porque el toque femenino, en este tipo de películas, siempre es determinante… Aunque, visto de otro modo, es agradable que Cuadri se halla saltado el tópico de “femme fatale” … En fin…

Lo curioso del film son las subtramas. Por un lado, tenemos la del quinqui que interpreta Mollà, o más bien, la de su exjefe, un mafioso soviético… O la del propio Ray Silvela, quien sufre un drama interno al que la película no da, en mi opinión, el final que merece.

El espectador medio (re)conocerá la cantidad de pasajes comunes de la película, peajes obligatorios, ya que estamos hablando de un género en sí mismo. Estafas en el propio grupo, falsas alianzas, subir las apuestas en momentos limite, persecuciones, fugas, secuestros, nuevos jugadores a la trama…

Aun así, el incomparable marco donde ocurre la película, un festival de cine (y no olvidemos que el cine es el mayor engaño de todos) da cierta elegancia al producto final. Sumemos una fantástica fotografía, unos paisajes maravillosos y un ritmo que no decae y acabamos disfrutando de los entuertos de este entrañable grupo de timadores a su pesar.

Como puntos negativos podemos señalar lo previsible de su desarrollo y conclusión, (como digo, la película pertenece a un género concreto y se ciñe a sus reglas), un final excesivamente blanco, la falta de coherencia entre dos secuencias protagonizadas por Jordi Mollà (y me ahorraré el spoiler, pero el espectador se dará completa cuenta de ello en su momento…) a una partitura musical excesiva (no hay minuto de descanso… varias secuencias requieren de su ausencia, o, por lo menos, de algo más sutil) y como mencionaba líneas más arriba, un mayor desarrollo al personaje de Nekane (Bárbara Goenaga), un personaje que podía haber dado (muchísimo) más de sí, enriqueciendo notablemente la película.

En resumen, una historia de entrañables perdedores, una carta de amor al cine, enmarcada en una ciudad preciosa, vestida de gala, divertida y sin más pretensión que hacer pasar un buen rato a la audiencia.

Misión cumplida.

LO MEJOR
Los personajes. Timadores, sí, pero entrañables.
El ritmo. No hay momentos de descanso. Siempre está pasando algo.
El apartado técnico. La fotografía, los escenarios naturales…
La secuencia después de créditos… No abandonen la sala hasta que les estén barriendo los pies…

LO PEOR
Que acaba siendo bastante predecible.
La música. Atención, no es una mala partitura. Solo digo que hay minuto sin música, cuando, en momentos, se agradecería otra partitura más sutil… o directamente su completa ausencia.
Bárbara Goenaga, totalmente desaprovechada.

LA PREGUNTA
Con lo bien que se nos da este género en concreto, ¿Por qué han pasado cinco años desde THE PELAYOS?

Nota El Blog de Cine Español: 6.

Wiman González

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España ha sido considerada durante siglos tierra de picaros, buscavidas, golfos y timadores… Esto nos viene de lejos, como ya se plasmó maravillosamente en el anónimo “LAZARILLO DE TORMES”, el 1554… El timo de la estampita, el toco mocho… Pequeños timos que han ido evolucionando hasta nuestros días. De esas...