Carlos Saura es una de las figuras fundamentales de la cinematografía española. Desde sus primeros largometrajes en la década de los cincuenta hasta sus proyectos actuales ha ido atravesando las pantallas de nuestros cines con películas que se convirtieron en hitos fundamentales en España y que hicieron al director trascender como artista más allá de nuestras fronteras. Ahora, al cumplir sus 85 años, le tenemos de nuevo en las salas oscuras, y aunque no pretende ser él quien nos cuente la historia, se podría decir que este film ha sucumbido al ritmo que él mismo marca.

Félix Viscarret dirige Saura(s), un documental sobre el director que se incluye dentro del proyecto serial Cineastas Contados, producida por Pantalla Partida e Imval Producciones,en el que jóvenes directores pretenden retratar a los maestros que les precedieron. Así lo hizo Virgina García del Pin con Basilio Martín Patino: la décima carta en 2014, y así lo harán Borja Cobeaga con Enrique Urbizu, Javier Rebollo con Francisco Regueiro, Jonás Trueba con José Luis García Sánchez y Daniel Sánchez Arévalo con Pedro Almodóvar.

El planteamiento de Viscarret es nada más y nada menos que tratar de mostrar la faceta más íntima de Carlos Saura, aquello que de él no conseguimos entrever entre los fotogramas de sus películas, dar a conocer a la persona que hay detrás de la cámara en su vertiente más oculta y emocional. Para ello propone una estructura del film que se organiza en diversas conversaciones que Saura mantiene con cada uno de sus siete hijos. ¿Qué mejor que rodear al maestro de su familia para tratar de dibujar su faceta más personal? Lo que quizás Viscarret no se esperaba cuando planificó el largometraje era que, tal vez, en la vida de Carlos Saura, no eran precisamente sus hijos los que componían su cara más íntima sino, verdaderamente, su trabajo.

Como nos avanza el título elegido por Viscarret, a lo largo del documental podemos apreciar bien a diferentes Sauras, y no solo porque veamos pasar a cada uno de los descendientes del director aragonés, sino porque nos descubre diferentes aspectos de la vida del cineasta. Por un lado, llama la atención la escasa presencia que ocupa en el documental la obra cinematográfica de Carlos Saura, apenas algunos fotogramas y unas pocas escenas se intercalan a lo largo del metraje. Sin embargo, hay que reconocer que cada una de ellas está perfectamente seleccionada para el momento adecuado de la conversación. Descubrimos así que las películas de Saura son mucho más autobiográficas de lo que en un primer momento podríamos haber pensado.

Por otro lado, acompañar a Carlos Saura en su vida cotidiana obliga a conocer su otra faceta artística relacionada con la fotografía, el dibujo y lo que él llama sus “fotosaurios” (fotografías pintadas). La creatividad del director está siempre funcionando, es difícil verle sin un lápiz o una cámara fotográfica en la mano. Su taller, abarrotado hasta el techo, es el lugar donde se siente más cómodo, donde más veces le vemos, donde prefiere estar. El trabajo es para él lo más gratificante, lo más necesario. Los diálogos del cineasta con sus hijos, por el contrario, surgen de una manera que no parece para nada espontánea, ellos saben que su padre nunca habla de sentimientos o de recuerdos, y muy pronto nosotros advertimos que no lo hará. Sus hijos van pasando delante de él en tomas en las que vemos trabajar a Félix Viscarret, vemos las cámaras, los focos, el micrófono… recordándonos que, después de todo, estamos en una película, recordando lo que Carlos Saura afirma en una ocasión, que el cine es siempre una mentira. Quizás por eso rechaza desvelarse ante las cámaras, o al menos él cree que no lo hace.

La sucesión de fotosaurios que Carlos Saura va realizando a lo largo de la película son algunas de las fotografías preferidas que tiene de cada uno de sus hijos. La manera en que las elige, las mira, y delicadamente pinta sobre ellas; la seguridad y convicción con que las trabaja, nos hace casi comprender mejor como, aunque nunca se lo diga, el artista adora a sus hijos. Al final, y a pesar de haber intentado evitarlo a toda costa, Carlos Saura acaba, en este documental, más expuesto aún que si hubiera accedido a abrirse sobre determinadas cuestiones sentimentales o nostálgicas a cerca de sus relaciones amorosas, la relación con sus hijos, su manera de lidiar con los recuerdos del pasado, la nostalgia etc. En definitiva, y en contra de la voluntad de Saura, acabamos conociéndole más de lo que esperábamos, aunque no fuese de la manera en la que, en un principio, Félix Viscarret había imaginado. Eso sí, dudo de que, en vista del resultado, el director siga pensando en cómo le habría gustado que fuera el guión de esta historia.

Nota El Blog de Cine Español: 8

Débora Madrid

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