Los miércoles no existen está basada en una obra de teatro que está actualmente en cartel en el Teatro Fígaro de la ciudad de Madrid (ya ha sido vista por más de 100.000 espectadores en cinco temporadas en cartel). Digo esto porque a veces las adaptaciones del mundo del teatro al mundo del cine suelen resultar fallidas, y aunque en este caso no puedo opinar al no haber visionado la obra representada, si que puedo decir que en otros casos como El método Gronholm (cuya obra teatral era magnífica) los resultados se vieron mermados por un cambio tonal que no las beneficiaban en absoluto. Con Los miércoles no existen, sus creadores han querido conseguir un nuevo éxito como lo fue hace ya unos años, El otro lado de la cama, y desde luego, en intenciones se acerca demasiado (gran reparto, comedia ligera de relaciones, musical por momentos…), pero he aquí mi sorpresa, que esta película cuenta con un guión y unos diálogos muy afilados y muy bien estructurados del que se nota una adaptación fiel debido a su estructura teatral en su libreto, que funciona estupendamente, tratándose, por ahora, de la mejor comedia nacional estrenada este 2015.

Patricia (María León) sale con César (Gorka Otxoa), pero él no ha podido olvidar a Mara (Inma Cuesta), su novia de toda la vida, que le dejó justo después de pedirle que se casara con él. Hace ya unos meses de esto pero aún no se ha recuperado. Su mejor amigo, Hugo (William Miller), está decidido a animarlo y una noche de fiesta conocen a Paula (Andrea Duro), la hermana pequeña de Irene (Alexandra Jiménez), un antiguo ligue de Hugo y la mujer de Pablo (Eduardo Noriega). Acabaron juntos tras la despedida de soltera de ella y nunca más han vuelto a verse. A Pablo le han despedido. Lo mejor del día ha sido sin duda que ha conocido a Mara y han intercambiado teléfonos. Podría ser el comienzo de algo, si no fuera porque Pablo ya está casado con Irene…

Leer su sinopsis oficial puede parecer un trabajo de chinos pues la marabunta de personajes que pueblan el film es abundante y, sobre todo, la relación que ocupan cada uno de ellos y entre ellos confunde bastante por sus saltos temporales, pero, lo cierto, es que esta decisión no la perjudica mucho, la verdad, pues, aunque por momentos pueda generar confusión, consigue cierta solidez estructural en su desarrollo, porque lo que finalmente prima por encima de todo son las set pieces que adornan su relato, todas y cada una de ellas con una estructura de introducción, nudo y desenlace que funcionan por sí solas, hablando de manera distinta, sobre las relaciones de pareja. Por eso, hablo de que su adaptación (sin yo haber visto la obra de teatro) está bien tratada, pues ya en su propio libreto se nota el carácter teatral de la misma con unos diálogos que son la parte fuerte del mismo, y que son las que marcan el ritmo del relato, que es sólido y muy entretenido, con un estupendo trato de los personajes donde se nota el esmero y cuidado de sus guionistas, perfilando a cada uno de ellos con una personalidad marcada.

Aunque, en cierta parte, esto es gracias a unos actores que están fantásticos, y aquí he de decir, que no podría dejarme a ni uno solo: Eduardo Noriega quizá tengo el personaje menos cómico del relato, pero consigue su mejor interpretación en años, encontrándose muy cómodo y demostrando una madurez interpretativa que, al actor, ya le iba haciendo falta (atención al encanto que desprende durante su primera escena); Inma Cuesta sigue demostrando trabajo tras trabajo que es la mejor actriz de su generación en nuestro país, con un personaje que sabe llevar a la perfección con una naturalidad pasmosa (su primera aparición junto a Noriega, repito, es encantadora por la naturalidad que desprenden los dos); Alexandra Jiménez está estupenda, y sorprende en su registro dramático que hasta ahora, yo no había visto en la actriz y, os aseguro, que sorprende y para bien (la escena en el terapeuta es un ejercicio de contención de la actriz fantástico); Gorka Otxoa interpreta a un personaje que lo puede hacer con los ojos cerrados, y sale vencedor, sin duda (y su registro dramático en su última escena impacta); Andrea Duro está correcta (aunque en la escena con su hermana en la clase de punto está excelente), pero porque su personaje tampoco da para mucho más (pues se pudo aprovechar mejor en la historia, aunque resulte interesante, desde luego); María León, correcta, sin más (pues es la encargada de abrir el film); y el que es la mayor sorpresa de toda la película y el roba escenas absoluto de la cinta, un William Miller que os va arrancar carcajadas por doquier, con un personaje perfectamente tratado, y en la que el actor demuestra una vis cómica excelente (está maravilloso en todas las escenas…y su aparición garantiza risas sí o sí).

Acompañada esporádicamente de unos números musicales que, en lo que a mi respecto, me resultaron completamente innecesarios (no aportan nada, la verdad), Los miércoles no existen es un film donde sabe los puntos fuertes que debe aprovechar, y lo hace de manera que son su libreto y sus actores los que sostienen en el film, dos pilares básicos que en este film se ejemplifican, ya que su puesta en escena (salvo el plano secuencia de su escena de apertura) deja respirar a sus actores como si un escenario teatral se tratara, siendo ésta la mejor decisión que podía realizar su director…sin alardes de ningún tipo. Así, pues, Los miércoles no existen resulta una película divertida, bien interpretada, con un libreto repleto de buenos diálogos y bastante divertidos, que habla de las relaciones de pareja sin ningún tipo de aleccionamiento, solo con la intención de hacer pasar un buen rato al espectador….objetivo cumplido.

Nota El Blog de Cine Español: 7

Manu Monteagudo

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Los miércoles no existen está basada en una obra de teatro que está actualmente en cartel en el Teatro Fígaro de la ciudad de Madrid (ya ha sido vista por más de 100.000 espectadores en cinco temporadas en cartel). Digo esto porque a veces las adaptaciones del mundo del...