Hay cierta tendencia de tildar al cine español por parte de la opinión popular (y crítica) de seguir los patrones americanos…y sinceramente, no seré yo quien les lleve la contraria. Hay ocasiones en los que la formula funciona, desde luego (este año no ha parado de decirse que la excelente La isla mínima sigue los patrones de la serie True Detective…y es cierto que se parece por su atmósfera pero consigue que tenga personalidad propia como para no fijarse demasiado en esa referencia), pero hay casos donde no, espencialmente en el género de cine adolescente. Lo que allí podrá funcionar por su cultura, aquí no lo hace por esa misma razón…porque nosotros tenemos la nuestra, y, sinceramente, rara vez he visto una película nacional destinada al público adolescente que  sea destacable…y no, no me vale una película como A 3 metros sobre el cielo o Tengo ganas de ti, o incluso la mediocre Mentiras y Gordas (aunque esta reflejaba un estado de la salud juvenil tan demencial que hasta tenía gracia)…éxitos en nuestros país, que se evaporarán como la espuma (y cinematográficamente hablando…ya ni quiero comentar). Ahora, nos venden la adaptación de la saga de Blue Jeans, El club de los incomprendidos, cuyas novelas (que, digámoslo así…no pasé de la página quince), destinados a este público, en general, se estrena entre nosotros el 25 de diciembre. ¿El resultado? El que esperaba, sin duda.

Valeria (Charlotte Vega) se muda, junto a su madre (Aitana Sanchez Gijón), a Madrid, después de pasar un duro divorcio, para abrir y regentar un bar en pleno centro de la ciudad. La joven se siente perdida, y mas aún, cuando entra en el instituto a mitad de curso…tanto que ya tiene una trifulca con una alumna el primer día. Debido a ese pequeña altercado, nuestra protagonista deberá asistir a clases con el orientador (Raul Arevalo), y es allí donde conoce a un grupo de alumnos (a cada cual mas variopinto) de los que poco a poco irá conectando hasta hacerse compañeros y amigos, haciéndose llamar “El club de los incomprendidos”.

He de decir que saqué varios elementos positivos de El club de los incomprendidos, y si he de destacar uno, es que los actores resultan mucho mejor de lo esperado, especialmente sorprendente en los jóvenes. Primero, porque ya es difícil encontrarse en nuestro cine a jovencitos que sepan vocalizar, y segundo, porque asumen su rol de forma estupenda manejando a cada personaje con buen tino. Si hubo algún momento donde me chocaran no fue precisamente por culpa de ellos, sino por su dirección, y por ello he de decir, que en ese sentido, sorprende gratamente ver a sus actores protagonistas entregados y disfrutando de sus respectivos papeles con buen hacer (Charlotte Vega cumple bastante bien; Alex Maruny al menos vocaliza y hace lo que puede ante un papel que por momentos roza el ridículo; Michelle Calvó se lo pasa bien con su personaje; Ivana Baquero está irreconocible y sorprende su contención; Jorge Clemente solventa dramáticamente un personaje caricaturizado; y Andrea Trepat me pareció la mejor del grupo, pues está estupenda). No son interpretaciones increíbles pero, desde luego, no dan ganas de mandarlos a una escuela de interpretación, pues están muy correctos. También destacaría a una encantadora Aitana Sánchez Gijón y a un sobrio Raúl Arévalo, aunque lo de Luis Homar en esta película…es casi de chiste.

Y casi de chiste es el guión de la película…aunque a decir verdad, y una vez empecé a leer la novela en la cual se basa la película, creo que incluso la cinta resulta mas sutil que el libro…y ya es decir (el primer capítulo se resume en “Jo tia, estoy gorda, no me cabe tu pantalón” “Que no tía, que estás muy bien” “Que no tía, que estoy gorda y el chico que me gusta me va a ver sin los Straudivarius que yo quiero ponerme y que no me caben porque estoy gorda”…todo finura, vaya).Lo que en sus primeros minutos puede incluso funcionar (al menos su guión se muestra mas convincente a la hora de presentar a los personajes), lo que viene después, por momentos, es de traca: la relación de Valeria con su madre se olvida en un abrir y cerrar de ojos (cómo se olvidan de este personaje es algo que se me escapa a mi comprensión); lo de Valeria y el chico del metro…es indescriptible (que sí, que mucha adrenalina, pero sentido común también, sobre todo cuando te amenaza con tirarte desde la cúpula Metrópoli de Madrid…por no hablar de la facilidad con la que abren el recinto a portazos sin seguridad ninguna, vaya…); la vida de Raúl…¿se la cree alguien? (carcajada general en el cine cuando dice que su pasión es ser cineasta…y lo de Faunia ya es de vergüenza ajena); el personaje de Eli…sin palabras (de risa su último plano); Valeria y Raul mirando miles de estrellas en el cielo en pleno centro de Madrid…no pude evitar reírme (los que residan en Madrid ya sabrán el por qué); el numerito de Atocha…con parada imprevista del AVE incluida (y ya sabemos lo “comprensibles” que son los del AVE para que alguien pare el tren por un capricho amoroso…)…y así un no parar.

Un no parar, que, no os engañaré…se me hizo entretenido y todo. Debido a la incesante sucesión de acontecimientos (inverosímiles), lo cierto es que el relato no me aburrió, también pora un ritmo bastante dinámico cuyo montaje es la mayor beneficiada de todo este entramado. Aunque tampoco negaré que el film, dentro de lo que cabe, está cuidado, gracias a una fotografía que intenta aprovechar lo posible, el relato que tiene entre manos, y al menos, se agradece el intento (aunque anda que no son cantosos los focos que ponen en plena avenida como Preciados), y también a una puesta en escena que, por momentos, intenta salvar la papeleta en cierta momentos (el montaje con las reuniones del orientador). Pero su director exagera tanto el tono ambicioso del proyecto que, finalmente, provoca la risa involuntaria: las escenas dramáticas las exagera de tal manera que no resultan creíbles (el clímax final en el puente, o ese momento en la estación de Atocha), y salvo algún caso (sobre todo en el caso del personaje de Esther, donde si resulta convincente su conflicto dramático), el resto nos importa muy poco o nada…y cómicamente, ni os cuento (cómicamente lo consigue de forma involuntaria, ya digo).Ah, y otra cosa…la película parece que en todo momento es un “patrocinado por la Comunidad de Madrid” pues recorre todos los sitios emblemáticos de la urbe.

El club de los incomprendidos es una película para adolescentes que intenta imprimir un patrón americano del “todo vale” que en esta película no funciona. No funciona por un guión que, por momentos, provoca la risa involuntaria, exagerando las situaciones y los personajes de forma que el espectador mas avido no conecta en ningún instante con las situaciones que plantea la película. Cierto es que sus actores al menos intentan dignificar el producto, pero poco pueden hacer ante un guión cuyas bases ya eran muy dudosas…

Nota El Blog de Cine Español: 4

Manu Monteagudo

RedaccionCríticasCríticas,El club de los incomprendidos,Ivana Baquero
Hay cierta tendencia de tildar al cine español por parte de la opinión popular (y crítica) de seguir los patrones americanos...y sinceramente, no seré yo quien les lleve la contraria. Hay ocasiones en los que la formula funciona, desde luego (este año no ha parado de decirse que la...