La llegada las próximas semanas de la coproducción hispano-venezolana Libertador, con un presupuesto de 50 millones de dólares y donde no se han escatimado medios para dotar al film del carácter épico que requiere la biografía del icono histórico de Latinoamérica  Simón de Bolívar, nos obliga a retomar un viejo debate sobre nuestro cine.

Echando mano de la filmoteca, sorprende la ausencia de películas españolas recientes que aborden nuestra extensa historia en su vertiente más épica, siendo un género que en nuestro cine clásico sí fue ampliamente retratado.
Con una rica historia por la que Estados Unidos mataría, plagada de personajes apasionantes, hazañas y batallas idóneas para grandes producciones, en los últimos años nuestras ofertas más ambiciosas y comerciales jamás contemplan proyectos sobre la historia de España anterior al Franquismo, al contrario de nuestros vecinos europeos como Francia o Inglaterra -que ha hecho películas de todos y cada uno de sus reyes-.

Unos aseguran que se trata de una cuestión de presupuesto y otros de talento; otros creen que los realizadores españoles rehuyen de todo lo que pueda parecer “españolista”; y también hay quien cree que comercialmente no es una temática que al público interese, un dato que se contradice con la aceptación de producciones televisivas como Isabel o Hispania.

Las pocas incursiones al cine de acción bélica en nuestro cine reciente han tenido una notable acogida. El primer ejemplo fue Alatriste, dirigida por Agustín Díaz Yanes y protagonizada por Viggo Mortensen, basada en el personaje protagonista de Las aventuras del capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte. Curiosamente se trata de un personaje de ficción enmarcado en un fondo histórico real. Otro ejemplo fue el salto a la gran pantalla de otra serie de éxito: Águila Roja, aunque de nuevo se trata de una historia de ficción.

Vicente Aranda fracasó al llevar a la gran pantalla la historia ficticia de Tirante el Blanco, dejando a un lado el carácter aventurero de la historia y centrándose en lo ‘erótico-festivo’. Una tendencia habitual en las incursiones de nuestro cine reciente a personajes históricos, más enfocado en sus pasiones e intrigas que en hacer un auténtico espectáculo de fuegos artificiales. Es el caso de Juana la Loca (Vicente Aranda, 2001), Volavérunt (Bigas Luna, 1999), Esquilache (Josefina Molina, 1988), El rey pasmado (Imanol Uribe, 1991), Goya en Burdeos (Carlos Saura, 1999), La Conjura del Escorial (Antonio del Real, 2008),  Sangre de Mayo (José Luís Garci, 2008), Teresa, el cuerpo de Cristo (Ray Loriga, 2007) o Lope (Andrucha Waddington, 2009).

Otras historias apasionantes nos dejaron la sensación de falta de medios. Historias que sin duda merecen más. Dos ejemplos recientes son Los Borgia (Antonio Hernández, 2006) o Bruc, el desafío, un personaje de aventuras legendario digno de una gran producción.

Sin duda se echa en falta un auténtico disfrute bélico con gran despliegue de efectos especiales, batallas, acción y sangre a raudales. Para ello hay un inconveniente principal: se requiere de un gran presupuesto. En ese sentido la lógica nos hace pensar que un importante proyecto con un director de renombre y con un claro componente cultural/histórico debería contar con un gran apoyo institucional. Una alternativa polémica de cara a rentabilizar un proyecto de este tipo sería rodar en inglés, dotando al film de una proyección internacional.

¿Qué parte de nuestra historia te gustaría ver retratada en la gran pantalla?

Óscar TACuriosidadesPublirreportajeAlatriste,cine historico
La llegada las próximas semanas de la coproducción hispano-venezolana Libertador, con un presupuesto de 50 millones de dólares y donde no se han escatimado medios para dotar al film del carácter épico que requiere la biografía del icono histórico de Latinoamérica  Simón de Bolívar, nos obliga a retomar un...