CRÍTICA “LA NOCHE DE 12 AÑOS”: TRES HOMBRES ENCERRADOS EN VIDA, EL SILENCIO COMO ARMA REPRESORA Y LA RESISTENCIA INFINITA COMO LA MEJOR DE LAS VICTORIAS

En la cinematografía contemporánea se han producido algunas grandes películas carcelarias. Puede que la memoria nos lleve a Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994) o a Invictus (Clint Eastwood, 2009). Y es precisamente la cinta de Eastwood la que guarda más semejanzas con esta gran obra titulada La noche de 12 años (Álvaro Brechner, 2018). Ambas cintas abordan el periodo en prisión de dos hombres que llegaron a presidir sus respectivos países. Por un lado, Mandela que estuvo veintisiete años en la cárcel antes de presidir Sudáfrica y por el otro, José Mújica que tuvo que soportar doce años de encierro, para posteriormente llegar a la presidencia de Uruguay. No obstante, las similitudes acaban ahí porque la cinta de Brechner tiene un tono muy diferente a otras grandes producciones de Hollywood. El director uruguayo se decanta por una mirada mucho más reflexiva y profunda. Una mirada tremendamente visual, donde el silencio es un personaje protagonista y el contexto histórico pasa a estar en un segundo plano.

La cámara se centra en los puntos de vista de José Mújica (Antonio de la Torre), Mauricio Rosencof (Chino Darín) y Eleuterio Fernández Huidobro (Alfonso Tort), ya que son ellos los únicos protagonistas. Unos tipos retratados mediante una mirada poética para la que priman pequeños detalles como el fulgor de un rayo de sol que les nubla la vista, después de mucho tiempo a oscuras, el tacto del agua contra sus pieles sucias, el crujir de unos nudillos atrofiados que difícilmente pueden coger un lapicero, el júbilo al escuchar un gol de su selección por un transistor… Porque ellos y su resistencia frente a unos militares que ante la imposibilidad de matarles deciden enloquecerles, mediante el más absoluto de los aislamientos, es la clave del relato. Una interesante dicotomía entre la resistencia y la rendición, que sin embargo nunca es puesta en duda. La madre de Mújica personifica a la perfección, a través de un par de secuencias, está absoluta convicción del que está haciendo lo que debe y cree que es más justo. Por ello la resistencia se ve desde la dureza, pero también desde la placidez del que ama la vida y está dispuesto a hacer lo que sea por salir victorioso de semejante barbarie.

Los tres presos Tupamaros son así encerrados en vida en unas condiciones infrahumanas. Aunque sus ideales están tan fuertemente arraigados en ellos que no son las penurias físicas o alimenticias las que hacen más mella. Si algo demuestra la cinta es que el ser humano tiene una capacidad de resistir mucho mayor de lo que cualquiera puede imaginar. Van a ser otros elementos como el silencio, la ausencia de luz o la pérdida temporal, los que perforen sus almas. La noche de 12 años pone de manifiesto la necesidad que tenemos los seres humanos de tener un lenguaje. Cuando se nos priva de comunicarnos, de escribir, de escuchar… empezamos a perder nuestra condición de humanos y comenzamos a caminar por el precipicio. Por eso Rosencof, que es escritor, será quién de con una forma de comunicarse con su compañero Eleuterio, al tiempo que utilizará su pericia con las palabras para confraternizar con algún militar.

Es José Mújica el que va a coquetear más con la locura, al ser él el que más ajeno a sus compañeros esté. Es difícil imaginar la situación, pero ante la imposibilidad de ver o hablar con alguien, uno comienza a pensar de forma compulsiva y esta voz interior te va taladrando la cabeza hasta que dices basta. Más aún si no cuentas con ningún libro o cuaderno con el que ejercitar tu imaginación y si has perdido la concepción temporal. Por ello el reencuentro de los tres compañeros, tras años sin poder verse, será más mental que físico y más sosegado que jubiloso. José, Mauricio y Eleuterio han permanecido tanto tiempo en las sombras que sus ojos han desarrollado un lenguaje más poderoso que el que jamás puedan abordar las palabras.

Algo similar les sucede a los magníficos actores que dan vida a estos luchadores, con la doble dificultad de meterse en la piel de personajes reales. Los intérpretes hacen un trabajo asombroso y muy físico, de gran mérito si se tiene en cuenta que para un actor la palabra es un instrumento de trabajo principal y aquí el silencio lo inunda todo. Destacar a un Antonio de la Torre trasmutado en un tipo de apariencia ensimismada, pero alma firme y un Chino Darín que emociona con sus ojos y su capacidad para apreciar la belleza. Porque aunque no de esa sensación en La noche de 12 años el horror y la belleza están más juntos de lo que parece.

Laura Acosta

Nota El Blog del cine español: 9

4 thoughts on “CRÍTICA “LA NOCHE DE 12 AÑOS”: TRES HOMBRES ENCERRADOS EN VIDA, EL SILENCIO COMO ARMA REPRESORA Y LA RESISTENCIA INFINITA COMO LA MEJOR DE LAS VICTORIAS”

  1. Iré a verla.Recuerdo muy bien la época de los lupanares en Uruguay. Hicieron una peli sobre ellos pero no recuerdo el título.

  2. En la Pura vida era la película.

    Es extraño hoy se sabe que esos 3 delataron a varios de sus compañeros.

    Y tan encantados quedaron con los militares que hasta el día de hoy los protegen.

  3. Es una gran película, no sabía las vicisitudes que habían pasado ésos tres.No se volvierob locos de puro milagro.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *