Hay que agradecer que Isabel Coixet vuelva a reivindicar y descubrirnos a un maravilloso personaje femenino: Florence Green –Emily Mortiner-, luchará por cumplir su sueño de abrir una librería. Esta historia de determinación y superación personal se desarrolla en un pueblo costero inglés durante los años 50, permitiendo a la directora dar rienda suelta a su poderío estético en una brillante y evocadora ambientación, detallista hasta el milímetro.

En los primeros compases hay un interesante atisbo al universo Woody Allen -con el que ya coqueteó en Learning to drive-, acompañada de buenos diálogos y un notable apartado artístico.
Sin embargo, al contrario del genio neoyorquino, Coixet no acaba de evolucionar hacia las pinceladas de thriller que requiere el relato y el clímax dramático llega de forma un tanto abrupta, poniendo de manifiesto ciertos los problemas en cuanto a la adaptación -obra de la propia Coixet- de la novela de Penelope Fitzgerald. Aunque sí acierta en la puesta en escena y se valora su cuidado estético, acompañado de algunos de los mejores recursos fílmicos que nos ha regalado la directora -atención a la preciosa composición secuencial al final del film-; la narración no tiene una necesaria transición y hay una extraña falta de fluidez en el montaje y script, con una inserción de escenas de dudosa resolución o que no se sabe bien qué aportan, mientras que, por otro lado, da la sensación de que hay muchas cosas que no se nos cuenta.

En el lado positivo, Coixet logra que acompañemos a la protagonista en su ilusionante proyecto y, como ya sucediera en Nadie quiere la noche, describe con acierto un personaje fuerte y determinado, magníficamente interpretado por Emily Mortimer. No sucede así con la débil construcción de los personajes secundarios (síntoma también de la dificultad a la hora de trasladar al cine la novela), especialmente de la desaprovechadísima Violet Gamar, interpretada por Patricia Clarckson. No sabemos en profundidad el porqué de sus comportamientos ni sus motivaciones para hacer la vida imposible a la heroína protagonista. Se podría decir lo mismo del resto del elenco.

En esa misma línea, entre cierto tedio y artificio la directora se queda en la superficie del aspecto más interesante del relato: el trasfondo social y reivindicación feminista. En cambio, sí hay un acertado y hermoso canto hacia el placer de la lectura.

Aun así, La Librería es una bonita historia, agradable de ver gracias a su magnífico envoltorio y que encierra un bello mensaje. Pese a sus altibajos ya mencionados, remonta notablemente en su recta final -el desenlace será del agrado del gran público- dejando buen sabor de boca, aunque uno tiene la sensación de que la intensidad dramática queda diluida debido a la débil construcción previa.

PUNTUACIÓN: 5

Óscar TACríticasIsabel Coixet,La Librería
Hay que agradecer que Isabel Coixet vuelva a reivindicar y descubrirnos a un maravilloso personaje femenino: Florence Green -Emily Mortiner-, luchará por cumplir su sueño de abrir una librería. Esta historia de determinación y superación personal se desarrolla en un pueblo costero inglés durante los años 50, permitiendo a la...