Cartas. Destino. José Sacristán.

Así es como empieza el segundo largometraje de Kike Maíllo.

Promete. Y mucho. O eso es lo que pensaba.

“Toro” nos introduce con rapidez y mucha agilidad en la trama sin introducciones innecesarias y eternas. A pesar de ello, a la hora surge un problema en la forma. La persecución de coches entre los hermanos y la policía sabe a poco; incluso recuerda a un intento de emular la primera escena de “Drive” que simplemente deja sin aliento. Y en eso se queda, en un intento.

La película nos transporta cinco años más tarde, espacio de tiempo en el que todo parece calmado. Y sin embargo, el pasado vuelve, y como suele ocurrir, sin previo aviso. A partir de aquí, la película se convierte en pura acción, es agresiva, cruda, sin adornos, aunque demasiado previsible, poco arriesgada. Durante el metraje se espera con ansia un giro argumental que evite catalogar la película como aceptable y con poco a destacar.

El ambiente de tensión que requiere “Toro” y que en gran parte logra, se ve truncado en ocasiones tanto por la actuación de Sacristán como por su banda sonora, que todavía no logro encajar en este tipo de película. Pero vayamos por partes.

Sacristán es un actor muy alabado y ante todo respetado. Sin embargo, aquí no logro respetar a su personaje; no es del todo creíble, resulta ser una actuación plana a través  de un Sacristán cansado. Da la sensación de querer irse pronto del rodaje. Y nosotros de la película. Esta falta de entrega me hizo recordar la magnífica actuación del reciente John Goodman en “10 Cloverfield Lane”. Con una sola mirada logra aterrorizar y a la vez enternecer al público creándole un síndrome de Estocolmo del que no podemos escapar. ¿Le queremos o le odiamos? Sacristán logra aburrirnos. Si queremos explicar una historia convencional y sin grandes giros argumentales, que simplemente entretenga, procuremos contarla con personajes distintos, que nos atrapen, confundan y que nos hagan vibrar en nuestros asientos. Arriesguemos, queridos directores.

La banda sonora. “Toro” está ambientada en Andalucía, y para que no lo olvidemos Maíllo nos deleita con mucho “quejío” constante, lo cual dista mucho de la atmósfera de un thriller de este tipo. Cuando rodamos en Cataluña un thriller no oímos sardanas. O todavía no. Un thriller ambientado en Aragón, por favor sin jotas. Cada género musical en su película que corresponda. Esto sólo logra que nos saque por momentos de la trama.

Por último a destacar dos de los protagonistas: Mario Casas y Luis Tosar. Mario Casas no destaca, ya que nos tiene acostumbrados a este tipo de papeles. Chico duro que no tiene ningún problema a la hora de quitarse la camiseta. Sí es cierto que no hace mal papel pero no destaca en esta película, a diferencia de Luis Tosar que nos tiene acostumbrados hacer de cada papel una obra maestra. Tosar logra que deseemos verle en cada escena de esta película, que dudemos de su personaje, que nos dé rabia por su comportamiento y a la vez le comprendamos  y queramos. Tosar tiene fuerza, carisma y ganas en cada uno de sus papeles, salvando en muchos momentos la película.

“Toro” es una película entretenida, sin grandes pretensiones, a destacar un formidable Luis Tosar. “Toro” gustará, tendrá buenas cifras pero con el tiempo quedará en el olvido por arriesgar tan poco. Una pena.

Nota: 5,5

Gabriela Rubio

Consulta nuestra otra crítica de ‘Toro’

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