8 apellidos vascos. ***

¿Bienvenidos al norte? Supuestamente irreconciliables norte y sur, tradicionalmente se han escrito fábulas, chistes y relatos de la enemistad manifiesta entre los dos “polos”. Y en este caso se apuesta acertadamente por la parodia para aproximarlos, imantados por el enamoramiento más tópico en una comedia romántica escrita con buena mano y plagada de gags que funcionan con algo tan concreto y difícil como es la gracia.

No es esta una película que reflexione sobre los mecanismos del galanteo que un señorito andaluz se propone para conquistar a una vasca con muy mala leche y un flequillo muy autóctono. Tampoco habla de conflictos políticos y tampoco de rivalidad propiamente dicha. Pero todo esto fluye con una naturalidad encontrada a fuerza de gracejo, y sobre todo de autocaricaturas, en lo que parece el mejor remedio para acercar posturas: reírse de uno mismo.

Todos los platos típicos y tópicos aparecen como el hilo conductor de una historia que no necesita un desarrollo enrevesado para conseguir su objetivo principal, la risa. En una comedia en la que (como casi siempre) importa más el como que lo que nos está contando, las peripecias de los protagonistas se instalan en el enredo más clásico, envenenado por la mala baba en los chistes y la blancura del fondo de la propuesta de Emilio Martínez Lázaro.

La puesta en escena, formalmente acomodada del director, se muestra invisible para dar protagonismo a un guión cargado de diálogos distraídos que potencian la amabilidad de la película con el fin de llegar a un público mayoritario y hacer pasar un buen rato. Lo consigue, al igual que lo hacía recientemente “Tres bodas de más” de Javier Ruiz Caldera, la película es un producto comercial sin muchas pretensiones y como tal hay que tomarla. Disfrutable sobre todo porque los actores convencen y logran algo tan difícil como el tempo cómico más preciso en sus parlametos, destacando a KarraElejalde y la revelación de la película, el monologuista Dani Rovira. Clara Lago y Carmen Machi cumplen y el dúo responsable de “El mundo es nuestro”, Alfonso Sánchez y Alberto López, se encargan de robar cada una de las escenas en las que aparecen secundando algunos de los momentos más álgidos de la película.

Disfrutado ya el paisaje y la gastronomía del norte, imitado ya el acento y su idioma, vestida ya su ropa y atuendos, es hora de sacar la gomina y las castañuelas para una secuela. Parece ser que la risa es el mejor antídoto contra la crisis, el público está dispuesto a reírse y hay profesionales dispuestos con talento más que comprobado para ofrecerlo.  Así pues, esperamos la próxima invitación a Sevilla, a ser también “Bienvenidos al sur”.

José Manuel López Lillo