Nacho VigalondoSeguimos rastreando la red en busca de información para nuestro blog y nos encontramos en www.elpais.com con una entrevista a Nacho Vigalondo, director de “Los Cronocrímenes”, una película que está dando mucho que hablar por la red desde hace meses. La entrevista ha sido realizada por Jordi Costas en el Festival de Sitges el día 12/10/07.
Pasamos a reproducirla:

Pregunta. Una momia con vendas rosas preside el cartel de su ópera prima. ¿Qué va a encontrar el espectador en Los cronocrímenes?

Respuesta. Empecé a escribir la historia para hacer pesas como guionista, sin ni siquiera plantearme que algún día iba a rodarla. Quise plantear la película más enloquecida de viajes en el tiempo. Cuando, más adelante, apareció en el relato el personaje que interpreta Bárbara Goneaga todo empezó a cobrar forma: con ella, el viaje en el tiempo sirve de excusa para articular una fantasía erótica de tres al cuarto. Los cronocrímenes es más un juguete que una película: tiene muchos mecanismos internos que puedes descifrar con una segunda visión.

P. En su corto Código 7 se levantaba una compleja trilogía de ciencia-ficción sobre unas pocas imágenes de rutina doméstica. 7.35 de la mañana ceñía su argumento al tiempo de una canción. La economía de elementos vuelve a definir Los cronocrímenes. ¿Es su sello personal?

R. Uno de los grandes efectos especiales de la película es su escasez de elementos. Es una forma de estrechar vínculos con el público: es una película con las mangas arremangadas, sin trampas. El espectador sabe que el enigma no se va a resolver en los últimos minutos con una inyección de presupuesto.

P. La acción transcurre en una Cantabria rural con insólitas instituciones científicas que experimentan con viajes en el tiempo. ¿No temía que la verosimilitud se resintiese?

R. Los cronocrímenes empieza como una película de Icíar Bollaín en la que, de repente, aterrizase un ovni. Parece una película española ortodoxa hasta que la ciencia-ficción entra sin avisar. Me gusta jugar con las expectativas del público: mezclar el paisaje cántabro con científicos que viven en un entorno un poco pocho y desprotegido.

P. Y usted se ha reservado, precisamente, el papel del científico…

R. Es un científico de mierda, porque creo que un director sólo puede interpretar en sus propias películas personajes de mierda. Más que un científico parece un niño al que le han dejado los juguetes y se ha dejado la barba para parecer mayor. Tiene que ver con el propio papel de director: la sensación de ser un demiurgo enmascara que eres la víctima de todo. Karra Elejalde es el personaje central. Los demás somos las pelotas que rebotan contra el frontón.

P. La puesta de largo de la película fue en el Fantastic Fest de Austin (Tejas), donde se llevó el premio a la mejor película. ¿Se esperaba esa buena recepción?

R. Al ver cómo funcionó recobré la confianza que tienes cuando escribes el guión, porque llega un momento en que pierdes la perspectiva. El escenario del festival era el cine perfecto: El Álamo Drafthouse, donde puedes pedir comida y bebida durante la proyección sin molestar, ni que te molesten. La selección de platos y bebidas era maravillosa. Ahora mismo están haciendo pases de Los pájaros, de Hitchcock, complementados con un menú de ave o un ciclo de películas de la Nikkatsu con menú oriental. Organizaban parodias de concursos de televisión, cuyos participantes competían por saber cuántos títulos alternativos se sabían de una película de Lucio Fulci. Ahí no hay frontera entre cine de calidad y cine de consumo. Harry Knowles, responsable de la influyente web Ain’t It Cool News, escribió una crítica de Los cronocrímenes y, desde ese momento, la película ha despertado interés a escala internacional.

P. Knowles es un icono de la nueva crítica de la era Internet y usted se ha labrado una reputación de culto entre la comunidad blogger. ¿Estamos ante un relevo generacional? ¿Cuáles serían sus claves?

R. Entre directores y espectadores había un gran vacío. Los cineastas se rodeaban de una aureola de magia y misterio. Ahora, para bien o para mal, estamos tremendamente cerca. Tengo una relación estrecha con mi público potencial porque sé qué series de televisión consume y qué tebeos lee. El flujo de información ya no es unidireccional. Comparto referentes con quienes entran en mi blog: series como Perdidos, cómics con guiones de Alan Moore, Grant Morrison o Peter Milligan…

P. Los cronocrímenes podría tener algo de cuento de Bioy Casares. ¿Cuáles han sido sus fuentes de inspiración?

R. Tanto el cómic como la literatura de ciencia-ficción son capaces de llevar las ideas al límite. Me gusta mucho Bioy Casares, porque utiliza lo fantástico no como excusa, sino como punto de partida. En La invención de Morel conviven una máquina cuyo uso raya lo metafísico y algo tan humano como un ideal de belleza inaccesible. Me noqueó por completo.