ENTREVISTA A VALERIANO LÓPEZ, DIRECTOR DE LA PELÍCULA “JUANA LA LORCA”

Tras su exitosa presentación en el Festival de Málaga 2021, el premio del jurado en el Festival de Cine de Casares y su estreno comercial en los cines Megarama de Granada, de la mano de la productora Siesta Producciones (donde tuvo que prorrogar en cartelera) la película “Juana la Lorca”, dirigida por el artista plástico y audiovisual Valeriano López (Granada, 1963), se estrena por fin en Madrid.

El próximo jueves 23 de junio, a las 20.30h., el cine Palacio de la Prensa acogerá la proyección-evento con taquilla abierta al público, acompañada de una presentación-performance exclusiva con el elenco protagonista, en la icónica Gran Vía madrileña, muy cerca de Chueca y en vísperas del inicio de la celebración del Orgullo 2022.

Antes, el prestigioso centro cultural asturiano Laboral Cinemateca de Gijón/Xixón, proyectará la película de Valeriano López protagonizada por Juan Herrera, quien encarna en el filme al artista transformista Juan Moreno en su nueva identidad como Juana la Lorca. Será el domingo 19 de junio a las 19h en el Paraninfo de Laboral Ciudad de la Cultura, en el marco de la programación cinematográfica coordinada por el Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón.

“Juana la Lorca” es una película inclasificable que se mueve entre la comedia, el musical, la performance, el falso documental y el activismo queer, en la que Valeriano López “no toma el nombre de Federico García Lorca en vano”, como escribe sin fin en una de sus secuencias, sino que lo baja del altar para traerlo a una dimensión humana y carnal, poniendo el foco en su viaje a La Habana. Con él hemos hablado a propósito de su primera proyección en Madrid.

– Juana la Lorca es de esas películas que hay que ver, por más que las palabras intenten definirla. ¿Por qué las sensaciones que deja –divierte a la vez que tiene un poso muy sólido- son tan difíciles de explicar?

Porque se acerca al poeta sin miedo, sin corsé, con espíritu iconoclasta y con muchas ganas de jugar con él, de hacerse amiga. Juana la Lorca es un semillero de lecturas liberadoras que permiten recuperar a un Lorca cercano que no tiene nada que ver con esa imagen construida que se ha hecho del poeta. Esta película es una forma gozosa y vitalista de recuperar a un creador que ha sido elevado a los altares, y lo trae a un contexto de cercanía y autenticidad.

– ¿Qué tiene la figura de Federico García Lorca que encuentra en la película una dimensión distinta, desde el humor que la envuelve?

– Juana dinamita los tópicos más rígidos y casposos, esa erudita ortodoxia que ha convertido a Lorca en algo intocable, en un santo venerado. Es una “granada de mano” colocada en el seno mismo del dogma que desmonta los pedestales para recuperar al hombre con risa de niño, con su espíritu juguetón, aquel que, en palabras de Jorge Guillén, divirtiéndose infundía a todos una máxima salud libérrima y que guardaba una agilísima facultad de juego.

-¿Qué supone esta película para un artista plástico y audiovisual como tú, tras eventos muy importantes en tu carrera, como las exposiciones en la Galería Juana de Aizpuru, tus participaciones en las Bienales de Venecia, La Habana o Dakar y montajes escénicos como La gitana supedotá (creación propia) o El balcón (Jean Genet)?

– Desde los primeros noventa vengo experimentando con el lenguaje audiovisual y gran parte de mi producción artística es videográfica. La performance y el teatro también me han interesado siempre. En cada proyecto que he realizado me he planteado el modo de poner en diálogo todos esos lenguajes y ha sido ahora cuando creo que he conseguido una propuesta que los engloba todos. Como analizan Eladio Mateos y F. Javier Gómez en La memoria transmedia. F. G. L. “Tus asesinos no te olvidan”, Juana la Lorca se inserta en un proyecto transmedia que vengo desarrollando desde 2016, NADIVLO ET ON SONISESA SUT, en torno a la figura de Lorca y su asesinato durante la guerra civil con el universo lorquiano como telón de fondo.

El proyecto se ha concretado hasta ahora en una serie de actuaciones muy diversas. Desde la “okupación” de la Huerta de San Vicente, casa museo del poeta, donde se desarrollaron varias performances e instalaciones, a intervenciones sobre espacios lorquianos (Barranco de Víznar, Centro García Lorca y otros), o apropiaciones de fotografías, poemas, canciones y hasta de la misma Barraca. La película Juana la Lorca sería la culminación de este proyecto transmedia.

En el estreno del jueves 23 de junio en el Palacio de la Prensa de Madrid, incluso, la narrativa transmedia se extiende a la propia sala de cine con las acciones que Juana la Lorca y su troupe desarrollarán en vivo antes de la proyección. Un acto inaugural, musical, como prolongación de la propia película.

-¿Es Juana la Lorca una especie de resumen de toda tu carrera artística hasta hoy?

– Cada proyecto que se realiza contiene el poso de trabajos anteriores, lógicamente, pero no, Juana es un verso libre que me hace un poco más difícil el encaje como creador dentro del engranaje artístico.

-Descríbeme al personaje de Juana la Lorca, magistralmente interpretado por el actor Juan Herrera.

– Es una anarkolailo, un gitano queer rebelde, “temporalmente” lorquiana, que convierte la pena negra en anarquía festiva. Un artista transformista gitano que irrumpe en el entramado lorquiano con sus plumas, pelucas y pestañas postizas para poner en evidencia que el mito Lorca se ha construido a base de maquillaje y retoque. Un Lorca domesticado, construido e inventado. Como denuncia Álvaro García en su texto Retablo de la devastación, Lorca viene sufriendo un proceso de descomposición desposeyéndolo de la potente carga de conflicto que se asocia a su figura, para convertirlo en un fetiche de consumo, en una marca competitiva puesta en valor: “la fábrica lorquiana”. Juana se ha impuesto la misión de deshacer este entuerto.

– Y es que todo el elenco no tiene desperdicio. Qué buen equipo formáis.

– Desde Juan Herrera (Juan Moreno/Juana la Lorca), como protagonista absoluto, hasta Adrián Zamora (El Moreno), Javier Pérez de la Torre (la Pitoti), Ginés Sánchez Blázquez (la Tres Huevos), Antonio Leyva (la Malenkuentro), Waldo Franco (Lázaro el santero), Yolanda Matarán (la librera), o Ana Sola (cantaora) y Pilar Alonso (guitarra flamenca), todos los actores y los músicos que han compuesto la banda sonora somos amigos. Si no hubiese sido por eso, esta producción no habría salido. No ha habido dinero, pero sí una complicidad absoluta, y eso lo transmite la película. Tengo la fortuna de poder contar con su incondicionalidad cada vez que les planteo un nuevo proyecto.

– Para terminar, ¿qué referentes has tenido en cuenta a la hora de abordar Juana la Lorca?

– Un referente (por oposición) es la película Mudanza, de Pere Portabella. Se trata del registro fílmico del proceso de desalojo de muebles y objetos de la Casa Museo de García Lorca, Huerta de San Vicente, lugar que tras el rodaje permaneció vacío durante diez días. Una referencia al silencio forzoso del poeta, su ausencia significativa. En Juana la Lorca hago una acción opuesta: la de poner cuerpo (y sexo) al fantasma y okupar la casa.

También me interesa el cruce entre el cine y el audiovisual con propuestas provenientes del mundo del arte y el museo, como pueden ser algunos proyectos de Pedro Costa o Albert Serra, aunque, paradójicamente, Juana la Lorca no puede estar más lejos de estos autores. Y, por encima de todos, Cervantes es el principal referente. El personaje de Juana la Lorca es realmente La Gitanilla de Cervantes, y también, o sobre todo, un Quijote travesti.

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