CRÍTICA PELÍCULA “MADRE”: CONFIRMA A SOROGOYEN COMO UN GRAN DIRECTOR

La tercera jornada del Festival de Venecia sirvió de presentación, en la sección Orizzonti, la segunda en importancia tras la principal, de la nueva, la quinta, película de Rodrigo Sorogoyen. Público aplaudiendo largo rato y vítores al director y su actriz fue el final de este relato que lleva ya unos años siendo parte de la vida cinematográfica de sus autores.

El corto: todo parte de allí, el cortometraje Madre, que entre otros ha ganado el Goya y estuvo nominado en la pasada edición de los Óscar, es la semilla de la película. Recuerdo (y abro spoilers) que en él, un un solo plano una madre pasaba de un saludo cariñoso a su hijo al otro lado del teléfono a la desesperación absoluta cuando comprobaba que el pequeño estaba solo en una playa de Francia. Desde ahí la película continua 10 años después con esa madre que ahora vive en el lugar en que su hijo desapareció; allí desarrolla su vida que gira absolutamente en esa tragedia, y no es un verbo que elija al azar porque la película también circunvala esa idea durante todo el metraje hasta parecer que apenas se mueve unos milímetros en su desarrollo siendo ésta la parte más flojita de la película.

El miedo: en el encuentro con la prensa posterior al pase la propia Marta Nieto, protagonista de la cinta, afirmaba que ese miedo que supone una desaparición es vital en la creación del personaje. La incertidumbre de lo que habrá ocurrido, cual de las posibles soluciones resultará más dolorosa o el sentimiento de culpa por el “¿y si hubiera hecho?” Con estas premisas tanto Sorogoyen como Marta Nieto construyen un personaje que es la película, esa madre, su psicología frágil, sus acciones a veces absurdas, insospechadas o asombrosas son las mejores armas de la película para que compartamos esas decisiones con Elena por mucho que nos extrañen. Al mismo tiempo conforman la parte más floja de la cinta porque si se centra en un personaje deslavaza a los demás, recurriendo a clichés de cara a su construcción. El mundo foráneo a Elena aun nos parece más extraño cuando debería ser el reglón a seguir.

El juego: “Isabel (Peña, la guionista) y yo concebimos el cine como riesgo como un juego con el espectador. Podemos estar equivocados o no pero es lo que queremos hacer” decía Sorogoyen cuando se hacía referencia a el cómo continúa la historia 10 años después. Queríamos sorprender, no hacer lo que se esperaba tras el corto. Y es cierto, si cada uno de nosotros teníamos un final para aquel ahora son ellos dos los que nos dicen como quieren acabarlo. Un salto al vacío. El vacío que la desaparición de Iván deja en la vida de Elena, en la relación con su familia, con su ex y con el mundo que la rodea.

El morbo: las historias de desapariciones infantiles no están exentas de esa morbo, los cuchicheos aparentemente resguardados hacen que las víctimas de aquello sean señalados continuamente haciendo que una y otra vez los recuerdos florezcan. Las consecuencias de una mente ante esto son múltiples y la de Elena las afronta durante años de forma introspectiva, pero y si aparece el clic que hace cambiar esa forma de afrontarlo, qué necesita alguien así para encontrar refugio en donde otras personas sólo ven inmoralidad. Sin contar mucho más esa caída de Elena en su propia terapia extraviada conforma una de las espirales más morbosas del cine de los últimos tiempos.

El resultado: Madre se conforma como un ejercicio de despiste importante, plantea al espectador que olvide “su” final que traía de casa para dejarse arrastrar al juego de caídas al vacío que proponen los guionistas. Esa es su parte más difícil, un inicio tan potente requiere una potencia desmedida en todo el metraje, es evidente que Sorogoyen no lo va a poder conseguir, es imposible para un mortal del cine, y la película tiene una bache hacia su segunda mitad que suelta a unos espectadores anteriormente atrapados y corre el riesgo de no volver a recuperarlos pese a los estacazos emocionales que sacuden el visionado a lo largo de la segunda parte. Pero si algo sale reforzado es que Marta Nieto está ante un reto excepcional del que emerge como una actriz inmensa, con uno de los papeles femeninos más arriesgados del año, sin duda, con reminiscencias “barbaralennianas”, acompañada por el siempre solvente Brendemühl y la sencillez y naturalidad de Jules Porier como el joven que va a provocar el “clic” en la cabeza de Elena. Una película estimulante, fallida en algunos pasajes por el subrayar en demasía aspectos ya claros en una primera explicación pero honorable en sus intenciones y valentía que confirma a Sorogoyen como un gran director y anima a que se atreva a dar un paso más en su labor como guionista de cara a la concesión que hace siempre a la imagen por delante de la palabra, secuencias estupendamente planteadas que poco aportan a la trama, si consigue eso será uno de los grandes del cine español.

Nota El Blog de Cine Español: 7.

Paulo Campos

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