A las puertas del cierre del 2018, toca hacer balance de lo mejor que nos ha dado este año. Este es mi top 10 personal, con un ex aequo en el primer puesto ocupado por Petra y El reino.

Os dejo con mi ranking de mejores películas españolas del 2018:

10. Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría

Es el milagro del 2018. Su autenticidad sobrecoge, convirtiendo a esta pequeña pieza en una obra magna y en la película social de la temporada, en un momento de cierto estancamiento en su temática. Una emocionante historia de amor que destaca por su sencillez y una impecable dirección.

9. El árbol de la sangre, de Julio Médem

Un Medem libérrimo y desacomplejado nos brinda este culebrón deluxe absolutamente disfrutable, que además ejerce de greatest hits del imaginario de una de las filmografías fundamentales de nuestro cine.
Divina y terrenal, bordea el ridículo y la genialidad pero siempre deslumbra por su creatividad, su fotografía y banda sonora. Y por su atractiva pareja protagonista (Cervantes y Corberó).

8. Diana, de Alejo Moreno

La peli indie del año en la que nunca se acusa su modesto presupuesto. Muy estilizada y con una cuidada fotografía que enmarca su atmósfera de tensión malsana, con personajes torturados y obsesionados en cuyo catálogo de pecados destacan la codicia y uno que mueve el mundo y pocas veces se había retratado de forma tan desprejuiciada en nuestro cine: el morbo.

7. Un día más con vida, de Raúl de la Fuente y Damian Nenow

Una de las películas más valiosas del año que destaca por su acierto y creatividad a la hora de adaptar el relato de Kapuscinski, convirtiéndolo en una cinta bélica y anti-bélica, tan entretenida como didáctica. Su imagen a través de la técnica de rotoscopia es brutal y la banda sonora de Mikel Salas es quizá la mejor del año.

6. Sin fin, de hermanos Alenda

La esperada incursión al largo de los Alenda nos deja la película romántica del año. Una placentera sobredosis hiperglucémica en la que es imposible no caer rendido ante los encantos de sus dos protagonistas. Una devastada María León y Javier Rey -absoluta revelación del año-, que deberían estar nominados a todo, lo bordan retratando la degradación de la relación de sus personajes. Su parte de ciencia ficción hace de ésta una historia única.

5. Quién te cantará, de Carlos Vermut

Una historia más compleja de lo que aparenta y que pide más de un visionado que ofrezca nuevos descubrimientos.
Esta vez, Vermut ofrece su relato más adictivo y estilizado. También el más imperfecto. No esconde referentes como Almodóvar -las revelaciones familiares y una evocadora Carme Elias-, pero los fans encontrarán lo mejor de sus señas de identidad: sus simbolismos, su estética -la secuencia de baile de las dos protagonistas es oro- o las demoledoras dosis de terror cotidiano.

4. Durante la tormenta, de Oriol Paulo

El guilty pleasure del año es también un chute de cine del bueno y amor hacia el género. Paulo vuelve a demostrar que es un maestro del entretenimiento más sofisticado y brilla tanto en su perfecto envoltorio como en su homenaje al misterio clásico. En esta ocasión, se atreve también con el género sci-fi y, sinceramente, creo que solo él es capaz de salir airoso de sus giros imposibles y hacer que el espectador entre en el juego con la misma pasión que cuando se lee una buena novela de Agatha Christie.

3. Todos lo saben, de Ashgar Farhadi

Erróneamente, muchos dieron toda la importancia a la parte de thriller, algo que puede decepcionar a quienes esperen un desenlace sorprendente, digno de este género. Pero aquí el thriller es lo de menos, un mero mcguffin para conducir la compleja disección social y familiar que propone Farhadi. Con el ejercicio de puesta en escena más deslumbrante de su filmografía, el iraní se integra en la idiosincrasia española con brillantez y descubriendo conflictos universales. Pero, sin duda, el gran disfrute del film es ver a lo mejor del panorama actoral español logrando que todos parezcan estar en su sitio, sin que su importancia interfiera.

2. La noche de 12 años, de Álvaro Brechner

Un retrato carcelario tan físico como emocional, en el que Brechner se centra en la evolución de sus personajes con un magnífico manejo de las elipsis y huyendo de maiqueísmos y panfletos. Milagrosamente, hay un halo muy sutil de belleza -ojo al manejo de la luz de Carlos Catalán-, emoción y esperanza que hace que el relato se disfrute pese a su dureza, aunque no sin un nudo en el estómago. Los tres actores protagonistas impresionan por igual, sorprendiendo especialmente el salto a la madurez interpretativa de un Chino Darín que apunta a grandes cosas.

1 (ex aequo). Petra, de Jaime Rosales

Convertida prematuramente en película de culto -en parte debido a la omisión absoluta de los premios de la Academia-, Petra marca el punto álgido de excelencia en el cine de Rosales. A sus travellings o su obsesión enfermiza por hacernos ver y estar, se suma el mejor guión de su carrera, ofreciendo un inteligentísimo culebrón perverso, trágico y aun así fascinante. Todo ello con un singular montaje en episodios a modo de mosaico griego. Todos los actores deslumbran, pero lo del tal Joan Botey es MILAGRO.

1 (ex aequo). El Reino, de Rodrigo Sorogoyen

La película más importante del año es todo un frenesí cinematográfico que atesora el mayor número de “momentazos”. El recital de Sorogoyen, maestro de la puesta en escena, viene apoyado por un perfecto diseño de arte y banda sonora. Decir que De la Torre está mejor que nunca es mucho decir. Y Wagener y Zahera, que se marcan un Manolo Solo con sendas barbaridades de aroma a Goya.