Nacido en 1982, David Victori se ha convertido una de las jóvenes promesas en la dirección del cine español. Ganador Mundial del Festival Internacional de Youtube y curtido en la televisión con series como “Pulsaciones” estrena este 17 de agosto “El Pacto”, un thriller sobrenatural que se ha convertido en su primer largometraje.

– Vienes del mundo del cortometraje y de la televisión, ¿cómo has vivido el paso al largometraje?

Pues muy natural. Yo siento que mi época de los cortos no es una época que haya acabado. El mundo del corto y su lenguaje ayudan a un director a conocerse a sí mismo, a descubrir su propia sensibilidad a la hora de trabajar. Por otro lado, la televisión a mí me fue muy bien para coger mucha experiencia y de alguna manera aprender a rodar rápido y a resolver situaciones logísticas; fue cómo ir al gimnasio a “ponerme fuerte”.

Luego llegó el largo, dónde de alguna manera toda la experiencia que tuve en televisión, y todo el conocimiento de mí mismo que pude adquirir en el mundo del corto se mezclaron. Me siento muy afortunado por poder llegar de esta manera a una primera película, acompañado de los mejores. El equipo técnico que he tenido es un equipo de Champions: muchos de ellos venían de hacer grandes producciones como “Jurassic World” con J.A. Bayona, y eso se nota.

Tampoco podía tener mejores productores, que han sido un poco los padres de este proyecto: lo han cuidado y me han cuidado a mí para permitirme, de alguna manera, desarrollar mi visión con mucho respeto y con mucho cariño. Tanto “Ikiru films” y de “4 Cats” como Jordi Gasull y la gente de Sony, han apoyado mucho el proyecto y han respetado mi visión, algo con lo que cualquier director sueña. Además, hay que sumarle la suerte de tener a Belén Rueda y a Dario Grandinetti, y luego a todos los otros actores: he podido tener la libertad de elegir y de probar con gente para los que también eran sus primeras experiencias en el mundo de largo. En definitiva, es un cóctel, un mix yo creo qué soñado por cualquier director novel.

– ¿Y por qué es “El Pacto” la idea elegida para este estreno en el mundo del largometraje?

En realidad, yo tengo varios proyectos de largometraje. Llevo tiempo trabajando con ellos y desarrollándolos; de hecho, están también en financiación. Pero de alguna manera “El pacto” es el que se ha construido antes que el resto y por eso se ha acabado convirtiendo en mi ópera prima. No es que yo la haya elegido, aunque soñaba con que pudiera serlo no era la única posibilidad. La verdad es que me parece que ha sido un comienzo a lo grande, lo cual te carga de responsabilidad, pero también de agradecimiento.

– En tus obras sueles profundizar en temáticas como la culpa, la venganza y la redención. ¿Desde cuando te sientes atraído por estos géneros?

Pues yo siento que es algo que ha estado en mi inconsciente durante mucho tiempo y que he explorado casi sin darme cuenta, pero sí que es verdad que en los últimos años he llegado a ese punto donde uno empieza a ser consciente de cual es su universo y cuáles son sus temas. Al final, de lo que me he dado cuenta es de que yo uso la narrativa, las historias, la ficción, … para indagar en las preguntas a las que no les encuentro respuesta y así explorar aquello que me inquieta o de lo que no tengo una opinión clara. Me estimula construir historias buscando dar respuestas a esas preguntas. Un ejemplo es la propia premisa de esta película: “¿hasta donde serías capaz de llegar por un ser querido?”

– Has estado muy implicado en todo el proceso de creación de “El Pacto”: dirección, guion, … ¿qué ha sido lo más intenso de esta película?

Lo más intenso ha sido todo el viaje de la película. El mix de estar trabajando en algo muy humano y de una gran profundidad y a la vez estar cuidando el proceso para que eso se mantenga en la película, para que esa esencia no se pierda. Al final hay una idea, una emoción que tú quieres transmitir con la película, una investigación que estás tratando de hacer con ella, y lo complejo es que el proceso de creación colectivo en el que se ve envuelta la película conserve esa mirada, conserve una dirección clara. Quizás lo más complejo es ese reto que me he puesto a mi mismo en esta historia, y que intento ponerme en cualquier proyecto de ficción que trabajo, que es conservar la verdad, la esencia durante todo el proceso para que acabe en la pantalla y no se pierda durante el camino.

– Esa verdad depende en esta película en gran medida de la construcción de los personajes. deben ser un conjunto de luces y sombras, capaces de hacer lo peor por conseguir lo mejor. ¿Cómo ha sido el proceso de creación?

De alguna manera, cuando tu materia prima son tus propias dudas como persona, y cuando estás construyendo desde tu propio desconocimiento, es muy natural escribir personajes en ese mismo proceso de descubrimiento y de investigación. Si yo escribo sobre algo de lo que tengo dudas, de lo que no sé qué es peor y qué es mejor, voy a saber crear un personaje que parta de ahí, crear las luces tan bien como las sombras, porque comprendo qué fuerzas y qué dudas son las que están en conflicto. Es una construcción menos arquetípica, más literaria. Pero si escribo sobre un antagonista motivado por cuestiones que ni yo mismo me planteo voy a terminar escribiendo una caricatura de personaje, porque no entiendo por qué hace eso que hace. El bueno será muy bueno y el malo será muy malo, y acabaré escribiendo algo que será un cliché de inicio a fin. Pero si el conflicto es el mío propio, voy a saber llevarlo a la película porque está dentro de mí.

– Nos comentabas que ha sido una suerte trabajar con Belén Rueda y con Darío Grandinetti, pero también el poder contar con actores sin experiencia en el largometraje. ¿Cómo ha sido este proceso de casting, cómo surge contar con cada uno de ellos?

La primera persona que se incorporó al proyecto fue Belén [Rueda], y de alguna manera para nosotros fue un lujo, fue quien dio sentido a ese personaje.

Belén se incorpora porque los productores ya habían hecho dos películas con ella. En una primera versión del guion el personaje protagonista era el padre; es una historia que venía de mi padre y que él construyó desde su propia mirada. Pero un día uno de los productores planteó una cuestión: ¿qué pasaría si fuera la madre el personaje protagonista? Y todos reaccionamos sorprendidos, pero como si se nos abriera la puerta a un mundo nuevo, como si de repente todo tuviera mucho más sentido: una madre haciéndose esas preguntas, que a lo largo de la película hace el viaje que hace, … era mucho más original.

Una vez que se planteó que tenía que ser la madre, el siguiente pensamiento fue “Belén Rueda”, la musa del thriller español. Los productores ya habían trabajado con ella y la contactaron enseguida y le dieron a conocer mi trabajo. Y ella fue absolutamente generosa de sentarse conmigo sin haber leído el guion, que seguía escrito para el padre, y nos dijo que sí sin haber llegado a leerlo: le gustó mi trabajo, confió en los productores y confió también en su intuición, en su interés hacia lo que le conté de la película. Y una vez que tienes a la protagonista, lo demás se construye con una dirección clara. Una vez tienes la primera mirada de esa película, construyes alrededor de eso. Todo el casting está construido en torno a ella.

Cuando supimos que Belén tenía que ser la madre, yo supe que Darío [Grandinetti] tenía que ser el padre, porque es un actor buenísimo, muy especial. No es tan conocido en España, pero siento que era el único actor posible para sostener la energía que tiene Belén, y sostenerla de la forma que había que hacerlo. Es un personaje casi invisible durante la mayor parte de la película pero que de alguna manera, en el giro final de la historia, en su revelación, consigue una contundencia que no todos los actores hubieran podido conseguir. Es un reto muy grande tanto ser invisible como revelarse y que tenga coherencia, permanecer en la sombra, pero manteniendo el pulso y el sostén que Belén necesitaba.

Por otro lado, con Mireia [Oriol] me pasó una cosa de las que emocionan cuando suceden. Con ella encontramos a la actriz para la que habíamos escrito el personaje sin darnos cuenta: cuando la vi, de pronto no podía ver a ninguna otra en el papel. Algo que, además, no era nada fácil, porque es un personaje en torno al cual giran todos los demás, y es alguien que, de alguna manera, tiene una vida que no le pertenece desde hace mucho tiempo, tiene la muerte siempre cerca, hasta casi ser una misma cosa. Y encontrar una actriz que, de una forma tan natural, consigue transmitir esa fragilidad y esa profundidad, sumado a esa belleza inquietante que tiene Mireia, es algo que yo no sabía si encontraría cuando empecé a buscar, y conseguirlo fue un éxtasis. A eso hay que sumar su involucración en el proyecto, su entrega, su energía. Es una actriz que siento que va a trabajar mucho en nuestro cine y también fuera de aquí, y es una alegría para mi que ésta haya sido su primera película.

– La película se resuelve con un giro final poco frecuente en este género. ¿Qué determina este final? (AVISO: SPOILERS)

Para mi el final llega cuando Mónica (Belén Rueda) se transforma. Cuando yo personalmente doy respuesta a esa pregunta que plantea la película y sobre la que he estado trabajando todo este tiempo. Para mí, el final llega cuando los personajes aprenden esa lección tan terrible y difícil: la del héroe que descubre que el acto más heroico que puede hacer es rendirse. Es un final yo creo que complejo, pero porque la vida es compleja también. Es lo fascinante de la vida y del cine, la complejidad en la que se mueven. Para mí, no hay blancos y negros en la vida, es un constante gris de experiencias subjetivas. Y una película no deja de ser regalar tu mirada y tu propia subjetividad sobre algo. De alguna manera, el final al que llega la película trata de inteligente al público, no es un golpe final fácil tras movernos en una historia compleja. El final llega cuando el personaje principal ha logrado entender, y ha cambiado como tenía que cambiar. Y lo más interesante es hacer pensar al público, y que se lleve la película a casa. Y pensar en qué va a pasar tras ese final agridulce e inquietante.

Laura Enríquez Madero

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