De Belén Rueda se dice que se ha convertido en una de las musas del cine de terror español; sin embargo, ella ha afirmado en más de una ocasión que nunca se termina de sentir cómoda en este género, y que no es otra cosa sino la historia que se pretende contar lo que la lleva a aceptar un papel. En un año en el que la hemos visto en registros diversos en la gran pantalla (con producciones como “Perfectos desconocidos” o “El cuaderno de Sara”) presenta, de nuevo, un thriller: “El pacto”.

(AVISO SPOILERS: A lo largo de la entrevista se habla explícitamente de “El Pacto” y de alguno de sus giros)

– “El Pacto” parte de una premisa clara: ¿hasta donde llegarías por un ser querido? En tu caso, ¿cómo has afrontado los dilemas éticos de Mónica, tu personaje?

Cuando preparas un personaje así tienes que tener en cuenta cual es su entorno. Mónica es una abogada de oficio a la que, como vemos a lo largo de toda la historia, se le presenta la defensa de un pederasta. Este hecho está muy bien llevado en la cinta porque muestra un poco la esencia de ella: es su trabajo, y tiene que hacerlo, pero está en contra de ello. De igual forma, cualquier persona a la que le preguntes qué haría por alguien a quien quiere mucho, como un hijo, diría “cualquier cosa”. Pero una vez en situación, entramos en harina: ¿qué es realmente “cualquier cosa”? Darías dinero, trabajarías para ellos, pero cuando tienes que arrebatar una vida para ello… es diferente.

Estamos demasiado acostumbrados en el cine a ver matar, la muerte, etc. como algo sencillo; pero luego, cuando lo trasladamos a la vida real, es mucho más complicado. De hecho, cuando preparamos la película, hubo debate en torno a cómo lo íbamos a mostrar: queríamos que quedase claro en la película que quitarle la vida a una persona no es tan fácil. La historia muestra un momento de la vida de Mónica, el proceso hasta tomar la decisión. Pero no se queda ahí, sino que profundiza: cuando ya lo has hecho, ¿qué pasa contigo? ¿eres feliz porque tu hija sigue viviendo? Yo creo que en esa situación permanecen en ti unos dilemas con los que casi no eres capaz de disfrutar de lo que la vida te ha ofrecido en ese momento por haber provocado una muerte. En la película se plantea también que en el caso de su hija Clara (Mireia Oriol), con una enfermedad que sigue estando, existe el riesgo de una posible recaída. Ante eso, ¿es justo lo que se estaría dispuesto a hacer?

En cuanto a la preparación, hay parte de información que recibes de gente que ha pasado por situaciones complicadas, como un accidente de tráfico en el que la otra parte ha muerto, algo que es involuntario pero que resulta difícil de superar. Hay veces que cambiar el curso de la vida si es de una manera digamos normal, asequible, provoca muchas consecuencias emocionales.

– Te sumaste a este proyecto sin ni siquiera haber leído el guion. ¿Qué te llamó de él para unirte así?

Para empezar, venía de la mano de Edmon Roch y de Jordi Gasull, productores con los que ya había trabajado en “El cuaderno de Sara” y en “Séptimo”, y tengo mucha confianza en ellos. Pensé que, si ellos habían dicho que adelante y estaban apoyando a David, era porque el proyecto merecería la pena. Y cuando nos juntamos y me mostraron los trabajos que David había hecho anteriormente, como “Zero” o “La Culpa”, me gustó su universo.

Me gusta trabajar con gente que ofrece propuestas diferentes, y además la historia me enganchó. Pero le dije a David que era la primera vez que trabajaba sin haber leído antes el guion, que a ver dónde me estaba metiendo (risas).

– Entre las reivindicaciones que se le hacen al cine suele estar la queja de que es muy difícil encontrar papeles para actrices mayores de 50, más aún si se trata de protagonistas. ¿Qué opinas de esta situación? ¿Cuál crees que es el camino para que cambie?

Creo que están cambiando cosas, pero… lo primero es que las cosas no cambian de la noche a la mañana, y luego también es que es algo que tiene que cambiar de base. Por un lado, desde la educación a nuestros hijos; yo ya noto que mis hijas, cuando hablan de feminismo, no tienen que explicar lo que es en su entorno, mientras que nosotras tenemos que seguir explicándolo. Y por otro, de base desde nuestra profesión. Que haya más historias contadas por mujeres: guionistas que escriban historias y directoras que las dirijan. Existe además cierta incompatibilidad familiar, una falta de conciliación. Hay determinadas profesiones como la dirección que te exigen el cien por cien de tu día y que parece que, si eres mujer, no puede ser. Es un problema de inercia, por eso el cambio debe ser de base. Esta inercia debe ser solucionada en la educación, pero por supuesto es un tema del que se debe seguir hablando.

– Tras “El Pacto” sabemos que estás preparando nuevos proyectos. ¿En qué rodaje estás inmersa ahora?

Empiezo un proyecto el 4 de agosto con Daniel Calparsoro, que se llama “El silencio de la ciudad blanca”. Es la adaptación de un libro de una escritora, Eva García Sáenz de Urturi. Transcurre todo en Vitoria y allí nos desplazaremos a rodar, y ahora estoy dando los últimos retoques al papel antes de comenzar.

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