El actor Gustavo Salmerón ya demostró estar dotado de una mirada única con su disparatada comedia Desaliñada, con la que obtuvo en 2002 el Premio Goya a mejor cortometraje. Quince años después de esa pieza, todas las papeletas están a su favor para conseguir su segundo “cabezón”, esta vez gracias a su salto al documental con Muchos hijos, un mono y un castillo.

Esta crónica autobiográfica se centra en la figura de Julia Salmerón, su madre, retratando toda su grandeza sin ocultar sus miserias.

Es imposible no caer rendido ante el universo de este personaje rodeado de un sinfín de objetos increíbles que sirven a modo de MacGuffin para hablar del apego hacia los bienes materiales. Hay un momento en el que Salmerón hijo le dice a su madre que debería renunciar a tantas cosas para así sentirse libre. “Es mi vida”, responde ella.
Sin duda el castillo ejerce de símbolo perfecto del poder del reinado matriarcal y de ese apego hacia los objetos, testimonios de una apasionante vida. Una vez le es despojado, da la sensación de que Julia encuentra cierta libertad. Su empeño en llevarse todas las pertenencias del castillo -en contra de la opinión de su marido- dará lugar a un desalojo convertido en catarsis, en el que la unión familiar regalará retazos de felicidad a la matriarca, aunque también viviremos su dolor, sus contradicciones y sus miedos.

Y es que, lejos de idealizar la figura de su madre, Salmerón no oculta sus miserias y las de su familia. Hay un momento de absoluta honestidad y emotividad en el que Julia lamenta su incapacidad para mostrarse afectuosa con sus seres queridos. Un alarde de sinceridad que resulta sobrecogedor.

Pero, más allá del testimonio impagable de este arrollador personaje, existe un trabajo de guión y de edición de una enorme creatividad, en el que Salmerón entremezcla vídeos caseros con 14 años de grabaciones -más de 400 horas de material- para el propio documental. Revelándose como un narrador de marcada personalidad, el director compone una delicada orfebrería de emociones perfectamente ensambladas que van desde el humor, la ternura, amargura y tintes dramáticos. De este modo, el filme se aleja milagrosamente del documental convencional y se adentra en la narración propia de una película melodramática con un preciso manejo los tiempos, clímax y códigos cinematográficos.

Por último, el periplo familiar sirve también como desaforada crónica social de la crisis que para tantas familias ha desembocado en el embargo de su vivienda. Imprescindible.

Puntuación: 8,5

ESTRENO EN CINES EL 15 DE DICIEMBRE

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El actor Gustavo Salmerón ya demostró estar dotado de una mirada única con su disparatada comedia Desaliñada, con la que obtuvo en 2002 el Premio Goya a mejor cortometraje. Quince años después de esa pieza, todas las papeletas están a su favor para conseguir su segundo 'cabezón', esta vez gracias...