Parece que el musical está de moda. Y sí, con el nulo porcentaje de películas musicales que se estrenan en las últimas décadas, que aparezca una ya es todo un triunfo para los amantes del género. Con el estreno de La La Land (2016) nos vinimos muy arriba ya que aunque podía haber estado mejor, su mera existencia ya fue sorprendente. El estreno ahora de La llamada, un filme de Javier Calvo y Javier Ambrosi, irrumpe en España con el mismo efecto, llenando las salas con un poco de música y aire fresco.

El guion, adaptación del musical teatral obra también de Ambrosi y Calvo, se desarrolla a lo largo de un fin de semana en el campamento religioso La brújula, en Segovia. Las protagonistas son dos adolescentes, María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) que no piensan en otra cosa más que en burlar la vigilancia de las monjas para irse por la noche a un concierto de música electro latina. Por su parte, las hermanas Bernarda (Gracia Olayo) y Milagros (Belén Cuesta) han quedado a cargo de ambas al haber sido castigadas mientras el resto del grupo se marcha para hacer piragüismo. Sobre estos cuatro personajes gira la película y hay que decir que se bastan y se sobran para darle a la historia la credibilidad y empaque que necesita, pues lo que viene después es un vorágine de sentimientos y sorpresas para todas ellas que consigue resolverse con la intensidad adecuada.

A María una noche se le aparece por sorpresa el mismísimo Dios (Richard Collins-Moore) con la intención de conquistarla cantándole canciones de Witney Houston. Ante este hecho la hermana Bernarda hace todo lo posible para que la joven le corresponda y poder estar en presencia de un milagro. Al mismo tiempo, Susana se siente frustrada por el abandono de su amiga y comienza a acercarse más a la hermana Milagros, quien, aun teniendo a Dios rondando por el campamento, sufre una gran crisis de fe. Y por si fuera poco, todo esto, cantando.

Pese a que todas las protagonistas entonan alguna canción a lo largo del metraje, los números que intentan ser coreografiados resultan pobres y poco originales: la escena de las hermanas en el comedor utiliza con éxito el montaje para suplir la insuficiencia de los movimientos y los pases de baile; y la secuencia final de María y Susana tratando de conquistar a Dios por medio de la música no deja de ser un baile estático que apenas saca partido del espacio de la cabaña en el que se produce. Aún así, en cada una de las escenas musicales ocurren cosas, avanza la acción y los sentimientos de los personajes evolucionan en el transcurso de las canciones, lo que repercute en la eficacia del musical como género vertebrador del film.

Otro de los grandes aciertos de La llamada es sin duda su tono de comedia. Los numerosos gags, bromas y situaciones graciosas inesperadas, unidos a un diálogo inteligente a la par que delirante hacen que esta película sobresalga con orgullo entre el conjunto, nada escaso, de las comedias españolas de los últimos años.

Un guion como éste, que aúna musical y comedia, adolescencia y madurez, sentimientos amorosos, fe, inocencia y homosexualidad, solo podía salir bien con un reparto que fuese capaz de sostener esta exaltación constante con la naturalizad y efectividad con la que logran hacerlo Belén Cuesta, Macarena García, Anna Castillo y Gracia Olayo. Somos muchos los que presentimos que La llamada va a dar mucho de que hablar en las nominaciones a los premios Goya de esta temporada. Veremos si, como se dice en la película, la música obra milagros.

Nota El Blog de Cine Español: 8,5.

Débora Madrid

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