Víctor Matellano es un devoto del cine de género. O casi podría decirse, de cualquier género. Autor de más de una veintena de libros sobre cine, es un enamorado de la serie B. Obviamente, su puesta de largo cinematográfica, el documental ¡ZARPAZOS! UN VIAJE POR EL SPANISH HORROR se centró en aquello que más amaba. Pasó a palabras mayores con WAX, donde se valía del entonces tan en boga “Found Footage” para homenajear los films sobre el museo de cera protagonizados en su día por Vincent Price, con un elenco repleto de caras conocidas para los amantes del género, Jack Taylor, Geraldine Chaplin, Lone Fleming o Paul Naschy, en uno de sus últimos papeles, prestando la voz a uno de los personajes. Y más tarde, rindió homenaje a alguien tan inclasificable, particular y único como José Ramón Larraz, realizando un remake de “LAS HIJAS DE DRÁCULA” (VAMPYRES), un film de terror a la “vieja usanza”.

En esta ocasión, Matellano nos trae su visión del Euro western, con los ojos puestos en el maestro Leone. Y Matellano, de nuevo, como fan confeso, ha hecho los deberes. En “PARADA EN EL INFIERNO” se dan cita leyendas vivas como Enzo G. Castellari, mito del spaguetti western; Conrado San Martín, amigo del mítico Sergio Leone; Eugenio Martín, director de “EL PRECIO DE UN HOMBRE” o “RÉQUIEM PARA UN GRINGO” ha sido consultor en el guion o José Luis García, el decorador de “POR UN PUÑADO DE DÓLARES”, asesoró el diseño de producción.

Con semejantes mimbres y leyendo las referencias del director (desde Hawks, Hathaway o Peckinpah) y sabiendo que “PARADA EN EL INFIERNO” se filmó en Dehesa de Navalvillar de Colmenar Viejo, donde rodaron Leone o Raoul Walsh, en Tabernas, Almería, donde se filmó la mítica “LA MUERTE TENÍA UN PRECIO” y en La Pedriza, en el paraje de la presentación del personaje de Clint Eastwood en “EL BUENO, EL FEO Y EL MALO”, a uno se le hace la boca agua. Pero es una ilusión que dura apenas unos minutos.

Lo que nos sirve Matellano es, simple y llanamente, un auténtico despropósito al que me niego a catalogar como película. Los primeros compases son impactantes. A través de una pulcrísima y cuidada fotografía, nos presenta a los villanos del relato. Una verdadera patada en la cara, literal y figurada. Mientras sus hombres violan el cadáver de una joven, El Coronel patea sin compasión al padre, mientras recita, cual Samuel L. Jackson, un breve discurso que, al finalizar, acaba con el pobre desdichado totalmente fiambre. En un rápido cambio de decorados, llegamos a la parada del título, Black Hells, donde se apean dos hermanas en espera de la caravana que las llevará a su destino. Hacen aparición El Coronel y sus hombres para hacerse fuertes en el edificio y esperar un carromato repleto de oro.

En este último decorado seremos testigos del grueso de la acción. Y eso le pesa al relato. Matellano no sabe imprimir tensión a las situaciones, alargadas en exceso, narradas a desgana, acompañadas de diálogos pedantes y presuntuosos, despachados sin arte y que, al contrario de las peroratas despachadas por Tarantino, no aportan nada a la trama ni cuenta nada de los personajes, terriblemente desdibujados, a medio construir.

Y la mención del genio detrás de joyas como KILL BILL, PULP FICTION o, oh vaya, que casualidad, LOS ODIOSOS OCHO, no es gratuita. Cuando Matellano no sabe qué hacer con los personajes, desata una violencia inusitada y descontrolada sobre los personajes secundarios, casi siempre a cámara lenta, un recurso que no aporta nada, pero nada, al relato. Es un efecto resultón que solo sirve, si me apuran, para ralentizar más el desarrollo de la trama, alargando el metraje en demasía.

Tengo claro que esta es una producción modesta, realizada con más corazón que medios, tanto técnicos como humanos, pero que se nos ha intentado vender con nombres y localizaciones de culto en el género. Eso no es óbice para entregar semejante despropósito a una platea entregada a una premisa harto interesante y que, francamente, daba para (mucho) más.

A destacar, en el lado negativo, todo el apartado técnico. Desde una fotografía nefasta, nítida y limpia en exceso para la historia que se pretende contar, a decorados vacíos y carentes de vida. Encuadres sin chispa, que sí, que pueden ser guiños a tal o cual imagen mítica, pero que, fuera de contexto, fuera de un lenguaje cinematográfico al que rendirle pleitesía, se quedan en la nada más absoluta. Planos carentes de vida, de expresión, de función, filmados a desgana, frontales en su práctica totalidad, sin profundidad de campo, desaprovechando el espacio.

Un trabajo sonoro inexistente y una banda sonora anacrónica, con sonidos eléctricos y percusiones que apuñalan nuestros oídos sin compasión. Un doblaje sembrado de voces populares y reconocibles, que solo sirven para intentar dar una pátina de calidad al mejunje, cuando lo que se consigue es que el producto huela todavía más a rancio.

Ante semejante panorama, los actores no se esfuerzan en aportar el mínimo carisma o de insuflar de vida a sus personajes. El Coronel, por ejemplo, tiene abundantes líneas de dialogo, pero que no solo no sirven para dibujar a su personaje, sino que son meras excusas para generar la discusión para poder dispararle a algo.

El resto de sus compinches carecen de personalidad y dan más pena que otra cosa. Las hermanas protagonistas no hacen más que estar atadas con cara de cabreo, al igual que el resto de rehenes. Tenemos muchos, pero muchos primeros planos de los ojos, recurso al que el maestro Leone sacó petróleo, pero que aquí están totalmente mal utilizados, y que, además, evidencian la falta de convicción que asumen los actores con sus personajes. No muestran carisma, ni emociones… Nada. Tabata Cerezo, con un balazo en el estómago, es incapaz de mostrar ningún dolor en su expresión… Guillermo Montesinos o Ramón Langa, por ejemplo, participan en un cameo miserable, simplemente para insuflar algo de caché a un cast insuficiente. Y con los secundarios o extras la sensación es infinitamente peor…

El montaje es horrible, dándose en multitud de ocasiones la fractura del lenguaje (planos que no montan, escalas que saltan, saltos de eje…) cuando debería utilizarse para agilizarse el relato. Las secuencias de acción, narradas a cámara lenta, suponemos para acentuar la tensión, insisto, inexistente, solo sirven para detener el relato o subrayar lo obvio.

En resumen, una total y absoluta pérdida de tiempo, con una excesiva carga de violencia gratuita, con ciertos detalles, eso sí, que harán sonreír el fan del género, pero carente de ideas propias, de personalidad o garra en cada uno de los apartados. Evitar a toda costa.

LO MEJOR
Absolutamente nada.

LO PEOR
Absolutamente todo.

Wiman González

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Víctor Matellano es un devoto del cine de género. O casi podría decirse, de cualquier género. Autor de más de una veintena de libros sobre cine, es un enamorado de la serie B. Obviamente, su puesta de largo cinematográfica, el documental ¡ZARPAZOS! UN VIAJE POR EL SPANISH HORROR se...