Karra Elejalde es un todoterreno. En su carrera no sólo abundan películas de distintos géneros en los que explota toda una gama de registros, también destaca su notable paso por el teatro, así como la escritura de letras de canciones para conjuntos de rock vasco como Hertzainak o Korroskada. Y, si bien es cierto que para todos es conocido más bien por su faceta de actor, también ha ejercido de guionista y director de dos películas: “Torapia” y la taquillera “Año mariano”.

Entre sus muchos reconocimientos destacan los dos Premios Goya como Mejor actor de reparto por sus trabajos en “También la lluvia” y “Ocho apellidos vascos”.

Ahora estrena junto a Dani Rovira y Alexandra Jiménez la película “100 metros” de Marcel Barrena y hemos tenido el placer de poder entrevistarle.

Os dejamos con nuestra interesante y divertidísima conversación con el gran Karra Elejalde.

Karra, ¿qué te ha aportado tu personaje de ‘100 metros’?

El personaje es muy agradecido porque tiene su punto de vinagre, es un hombre que tiene muy pocas ganas de vivir al principio y no tiene ánimos para nadie. Además, piensa que Ramón no es lo que quiere para su hija. No es nada diplomático. Entonces, en principio mi personaje pasa totalmente de él hasta el momento en que se entera de que tiene una enfermedad. Esto no hace quererle más, pero sí quiere a su hija y si ésta le pide que le ayude, lo hace. Con el trato y viendo los huevos que le echa este tío empieza perderle odio y empieza a respetarlo. Al final acaban siendo unos compinches que fuman marihuana juntos y se hacen muy amigos. Este personaje tiene muchas curvas, mucha cromática como también desarrollo y por lo tanto es un personaje muy agradecido.

¿Te lo preparaste a conciencia? ¿Por dónde y cómo lo abordas?

Hay un primer bloque, donde mi personaje piensa en joderle en todo lo que pueda a su yerno; y una segunda fase en la que aparece la enfermedad y las cosas cambian. Automáticamente, si tú sabes pintar una habitación de rosa, también puedes hacerlo de verde y de morado: tan sólo cambias el color y al día siguiente sabes que estás en esa otra fase. Y eso es muy fácil. A diferencia de los personajes de Dani Rovira y Alexandra Jiménez mi personaje forma parte de la ficción y no de la realidad, no era el suegro el que le entrenaba. Hemos creado el suegro con el que el personaje de Dani tiene muy mala relación, y eso gana mucho en la película. Con respecto a la
dificultad de resolverlo, la gente que no es actor piensa que es una enorme dificultad, pero un profesional que se dedica a interpretar sabe que interpretar es mentir. No me he documentado de nada. Dije, este tío que tenga una pinta entre Luis Aragonés y Agorta ¿? con su mostacho y lo demás ya lo haré yo. Esto es como cuando te comes un chuletón, que tienes mucha hambre y dices “¡Sácame un chuletón!” pero se come cachito a cachito. Así hago los personajes. Todo el mundo sabe lo que es un entrenador, puedes elegir que se parezca más a Guardiola o a Mourinho, lo haces y ya está. Lo que sobre todo me gusta es “destrasdescentralizar” lo que es mi trabajo, a lo que los franceses llaman “jouer”, los ingleses “play” y nosotros “metainterpretar” porque somos así, un poco capulletes. Y no, interpretar es fácil, soy un profesional de eso. Es como si admiro al taxista que se sabe todas las calles de Barcelona, bueno y sino hay algo que se llama gps, así que dejémonos de hostias. Hay actores que si tienen que hacer de policías van a comisaría y conviven un mes con la policía. Si mañana tengo que interpretar a un pederasta, ¿qué haré, coger a niños de doce años? Intento quitarle rimbombancia a esta profesión. Es maravilloso contar una milonga y que después de haber pagado por ver la película digan: “Bua tío me lo he creído”. ¡Eso es maravilloso! Y ese es el deporte que practicamos.

¿Cómo ha sido volver a trabajar con Dani Rovira?

Dani es de muy buena pasta, es muy buena persona. Además, es un gran actor, verás la sorpresa que se va a llevar media España viéndole en otro registro. Luego la relación suegro y yerno no tiene nada que ver con “8 apellidos vascos”. Con Dani haría de suegro, yerno, hasta de su hijo o de su perro porque tiene un sentido del humor maravilloso y nos queremos mucho. Además sintonizamos mucho con el humor; cuando te dedicas a hacer reír a los demás, sobre todo en el teatro, hay un momento que es muy difícil que cualquier cosa te haga reír. Dani me hace reír mucho y yo a él, entonces trabajamos muy a gusto y estamos todo el rato intentando hacernos reír. Ya sé que hay un abismo generacional entre los dos pero yo creo que la vejez es mental y yo mentalmente soy un niño sin hacer todavía.

La gente te identifica con “8 apellidos vascos” pero nos alegra verte en un papel como éste y no olvidemos tu maravilloso personaje dramático en “Rumbos”, que personalmente me enamoró…

En “Rumbos” Manuela Moreno Burló me decía: “Se te van a enamorar todas las chicas, porque nos gustan los chicos así.” Si hacemos un gráfico de las películas que he hecho, hay más serias que comedias. Yo he tenido esa suerte de tener una filmografía muy variada, y esa es la suerte que Dani va a tener. Llevaba seis películas todas comedias y es un actor de proceso interno, de encarnar a un personaje no solo desde el externo. Dani es de esos actores de dentro hacia fuera. Es un actor, no sólo un humorista. Y esto es lo que yo llevo mucho tiempo haciendo, tú no sabes la tranquilidad que es que si no se hace una comedia y se hace un drama también pueden contar contigo. Es decir, tener un abanico amplio y ser un poco todoterreno. A partir de esta película Dani va a ser un todoterreno porque la gente va a ver que efectivamente es solvente en otros roles.

¿Es más difícil hacer reír o llorar?

Es más difícil hacer reír que llorar. En esta película Marcel ha tenido un pulso maravilloso porque nos hace reír y llorar a la vez. Hay momentos muy cómicos. Por otra parte momentos entrañables. Soy tan infantil que me hago llorar a mí mismo. Cuando vi por primera vez la película, la escena de la bici en la que yo me veo en el tour, pues ahí me veo llorando y me digo, ¿soy tan imbécil que me engaño a mi mismo? Pues así de bobo soy.

¿Has tenido alguna escena en que dijeras “tierra trágame”?

El momento “Noelia”. Estaba cantando la canción y pensaba, ¡que se acabe ya! ¿Y sabes lo que hicieron en Madrid? Se acabó “Noelia” y todo el mundo se puso a aplaudir. Se trata de no cantarlo bien pero yo me esforzaba en hacerlo bien y no podía. ¡Qué mal lo pasé!

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Tengo mucho trabajo. Antes de fin de año se estrenará “Los últimos de Filipinas”, que es un peliculón dirigido por Salvador Calvo con un gran elenco y producida por Enrique Cerezo. Es una superproducción y va a gustar mucho.
Hacia enero o febrero estrenaremos “La higuera de los bastardos” una producción de Joaquín Trincado con dirección de su mujer Ana Murugarren con Pepa Oniorte, Carlos Areces, Mikel Losada… Paralelamente, no sé si dentro de un mes o dos se empezará a emitir por televisión española 13 capítulos de un programa que se llama “SOS alimentos, Karra al rescate”, alimentos que están en animales como cabras, vacas, pollos, pavos, productos al borde de la extinción y que presentamos.
El día 7 empiezo una película que en principio se llamará “Uno, Equis, Dios” y que es una comedia de curas que juegan al fútbol y que juegan la champion clerum. Trabajaré junto a Alain Hernández, el Langui, entre otros.

Gabriela Rubio

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Karra Elejalde es un todoterreno. En su carrera no sólo abundan películas de distintos géneros en los que explota toda una gama de registros, también destaca su notable paso por el teatro, así como la escritura de letras de canciones para conjuntos de rock vasco como Hertzainak o Korroskada. Y,...