A día de hoy, sobra decir que la presencia de Antonio de la Torre en cualquier reparto da lugar a un éxito asegurado, o al menos, un éxito de expectativas. Y es que después de películas como Grupo 7 (Alberto Rodríguez, 2012), Caníbal (Manuel Martín Cuenca, 2013), La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014) o la más reciente Tarde para la ira (Raúl Arévalo, 2016) —entre otras— parece que nos estamos habituando a que la intriga del cine español aparente ser menos acertada o interesante si no se incorpora a uno de los inquietantes personajes que el actor se acostumbra, cada vez más, y casi peligrosamente, a interpretar. No cabe duda de que se trata de un actor como pocos se pueden contar en nuestra cinematografía, pero sus brillantes interpretaciones—incluida la que aquí comentamos— no lo son todo para lograr un film completamente redondo y Que Dios nos perdone es buen ejemplo de ello, pese a tratarse de una película ingeniosa, estimulante y una muestra merecida del buen hacer de nuestro cine más reciente.

Esta vez interpreta a Velarde, protagonista de la historia junto a Alfaro, interpretado a su vez por Roberto Álamo, con quien ya había trabajado en La gran familia española de 2013 y dirigida por Daniel Sánchez Arévalo. Ambos conforman la principal pareja de la policía de homicidios que investiga el caso de una sucesión de asesinatos en serie que tienen lugar en el centro de Madrid en pleno verano de 2011. La ambientación de la historia en este marco específico reporta diversos elementos que conjugan con la trama principal de manera en ocasiones más y en otras menos perceptible por el espectador. Por un lado, la coincidencia ese verano de las constantes manifestaciones tras la reciente acampada del 15 de Mayo en la Puerta del Sol (solo sugerida en la película) y la llegada de miles de peregrinos de todo el mundo por la visita del Papa Benedicto XVI a la ciudad, confieren un clima aún más asfixiante al pleno centro capitalino que ya de por sí resulta caótico y especialmente sofocante en los meses de verano. Sin duda se trata de un elemento del guion que aporta, si cabe, mayor tensión a la turbadora búsqueda del asesino. Y por otro lado, la propia visita del Papa, y las constantes referencias a la religión católica salpicadas a lo largo del filme (empezando por el propio título) algunas de ellas con una relevancia fundamental en el desarrollo de la trama, terminan de perfilar el carácter de los personajes principales de esta historia. Una narración en la que queda manifiesto que los buenos no son tan buenos, y parece sugerirse que ni siquiera el malo merece la justicia que se le termina reportando. El título nos lleva así a terminar pensando más en la parcial inocencia o la excusa para algunos de los personajes, que en su indudable culpabilidad.

El trepidante ritmo de la película que sabe, no obstante, detenerse en los momentos precisos, proporciona elcompás adecuado para una película inquietante y a la vez agitada, fruto sin duda de un buen control del metraje. Se consigue así, más allá del desarrollo de los crímenes y las historias paralelas, un retrato formidable del ambiente caótico, en ocasiones algo sórdido, pero al mismo tiempo fascinante y excitante, del pleno centro madrileño.

Se trata, por tanto, de un guion interesante y potente que, aun habiendo sido premiado como mejor guion en el festival de cine de San Sebastián, deja algunos cabos sueltos que despistan al espectador, añade elementos secundarios un tanto innecesarios y termina por justificar de forma quizás demasiado endeble la localización final del asesino. El cierre de la película resulta, sin embargo, muy revelador y hace que la lectura del filme vaya más allá de la trama principal, hacia la complejidad psicológica de los personajes. De esta manera, se desvela la que ha sido a lo largo de los 125 minutos de duración, la intriga que ha competido dignamente con la de averiguar el autor de los crímenes: el origen de la tartamudez de Velarde y su extraño carácter silencioso, solitario y de una violencia contenida estremecedora.

Nota El Blog de Cine Español: 7,5.

Débora Madrid

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A día de hoy, sobra decir que la presencia de Antonio de la Torre en cualquier reparto da lugar a un éxito asegurado, o al menos, un éxito de expectativas. Y es que después de películas como Grupo 7 (Alberto Rodríguez, 2012), Caníbal (Manuel Martín Cuenca, 2013), La isla...