La idea para realizar un largometraje como Sonata para violonchelo surge, según su propia directora como un proyecto personal para reflejar un tema tan desconocido como la fibromialgia. Una enfermedad que se caracteriza por un dolor constante y contra la cual no existe un tratamiento de curación. Es un cine comprometido para dar visibilidad a una afección y el día a día de las personas que lo sufren. El paso del documental a la ficción por parte de Anna Bofarull, es la historia de Julia, una concertista de violonchelo que padece los síntomas con la incertidumbre de no saber que le ocurre en un principio, y conviviendo después con la confirmación del diagnóstico en contraposición con su afán de superación y su pasión por la música.

El proceso creativo es otro de los temas más importantes de la película, y el instrumento físico la metáfora del esfuerzo por el que pasa la protagonista para hacer surgir su arte a través de su propio dolor y su dureza. Para todo ello, el tono visual que se utiliza se compone de elementos fríos y secos. La pulcritud de las imágenes y el gris como paleta de color clave de la fotografía nos adentran en la elegancia y el elitismo del mundo de la música de cámara. En algunos momentos, planos desenfocados u oníricos nos harán partícipes de los pensamientos de la protagonista, de su desolación y desesperación. De esta manera, nos hace comprender mejor los distintos momentos a los que se enfrentan las personas que sobrellevan esta dolencia y la ansiedad a la que se ven sometidos por el carácter crónico e incurable de lo que les ocurre. El visionado de la película es duro, pero las intenciones son muy loables y siempre trata el tema desde el máximo respeto.

Se puede considerar que la existencia de este tipo de películas son necesarias a pesar de que son difíciles de manejar en el mercado comercial. Merecen atención por parte de los medios para cumplir su función divulgativa porque el cine puede funcionar como una experiencia vívida y gráfica de situaciones invisibles que pueden caer en el olvido de la sociedad.

Rodada en catalán y con un presupuesto limitado el uso de la música es un continuo acompañamiento vital con una función narrativa emocional para la protagonista, interpretada por una espléndida Montse Germán. Le acompañan Juanjo Puigcorbé, JanCornet y la siempre refrescante Marina Salas. Me ha parecido muy interesante como habla de las relaciones personales condicionadas por el estado de ánimo de Julia, y quizá su referencia reciente más lógica en este sentido sea “La herida” de Fernando Franco, aunque sean dos temas completamente distintos y ahí se optaba por no poner nombre a la patología de la protagonista.

Enfrentarse a la adversidad de la existencia, cumpliendo cuentas con el pasado representado en los personajes de la hija y el ex marido, viviendo el presente y mirando hacia el futuro es aceptar la vida como viene. Los músicos deben interpretar mediante su personalidad y al ritmo que marque el momento en el que se encuentran. Quizá confundiendo el sonido del viento con las notas de la partitura.

Nota El Blog de Cine Español: 6

Chema LópezCríticasCríticas,fibromialgia,Juanjo Puigcorbé,SONATA PARA VIOLONCHELO
La idea para realizar un largometraje como Sonata para violonchelo surge, según su propia directora como un proyecto personal para reflejar un tema tan desconocido como la fibromialgia. Una enfermedad que se caracteriza por un dolor constante y contra la cual no existe un tratamiento de curación. Es un...