El mundo avanza a través de un discurso científico, sin embargo, el mundo se interpreta a través de un discurso cultural. La narrativa, el relato, dotan de sentido al caos, a la realidad. Elaboramos una ficción de sentido con el fin de ordenar ese caos amén de proporcionarnos un inmenso placer.
Podría verse, en este sentido la narración, como un desvío del camino balizado que es la verdad, la ciencia. Quizás lo que hace más atractivo ese desvío sea el propio placer de transitar nuevos territorios, el placer del desplazamiento sin importar el destino.

Esa libertad de tránsito es la que se echa en falta en Regression, la nueva película de Amenábar que ha inaugurado el Zinemaldi de este año. Una apuesta valiente por parte del festival la de inaugurar con una propuesta de género, sin embargo se iba sobre seguro, un thriller construido con la uniformidad de la raya del pantalón planchada. Siguiendo un modelo estándar y homogéneo, sin renglones torcidos. Ese es el gran defecto de este film del que no vemos en ningún momento una mirada personal o un punto de vista único. Lo que obtenemos es una muestra más de cine imitativo, un cine homologable y aséptico.

Se partía de unos temas muy sugerentes, los rituales satánicos y el abuso de menores, sin embargo, estamos ante un trabajo de forense más que de cirujano. La materia con la que trabaja Amenábar está muerta, sin nervio. Nuevamente, lo apolíneo ha borrado cualquier tentativa dionisíaca.
Regression se asienta sobre unas estructuras demasiado sólidas y unas referencias (el cine de Kubrick) palpables. Pero se echa en falta un aporte que expanda los límites de la película.
La discusión entre ciencia y religión se cierra de la manera más correcta posible, el policía desbordado y solo contra todos carece de la ambigüedad que un ser fuera de sus casillas puede otorgar, el juego que podría dar lo sobrenatural y lo desaprovechado que está, así como los rutinarios viajes al interior de la mente son elementos que van fraguando una película de la que uno sale con la sensación de lo que pudo haber sido y no fue.

Pese a todo, la película entretiene, que no es poco, pero estamos hablando de uno de los cineastas a los que se debe exigir algo más, como mínimo un rastro de personalidad.

Nota El Blog de Cine Español: 5.

Carlos Escolano

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