Películas de acción, escenas de persecuciones, road-movies… Salvo en contadas ocasiones, el camino del cine español siempre se ha extendido lejos del terreno de los géneros cinematográficos y las grandes producciones. Esto podría llevarnos a pensar que el mundo de los coches y el motor apenas tienen un vínculo con el cine español. Sin embargo, en las últimas décadas nuestro cine ha adoptado, cada vez de una manera más prodigiosa, los estándares del cine de género, consiguiendo incluso distribución y fama internacional. Además, basta con indagar un poco en nuestra cinematografía nacional para encontrar cintas costumbristas, comedias y melodramas que se mueven al ritmo de un automóvil o cuyo punto de arranque está relacionado con el mundo de los coches.

Si hablamos de cine español y carreteras es inevitable que el primer título que nos venga en mente sea “Airbag”. La cinta de Juanma Bajo Ulloa llevó a una multitud de espectadores a las salas en época de vacas flacas y se convirtió en la cinta española más taquillera hasta el momento. “Airbag” es una road movie gamberra, absolutamente impredecible y con un espectacular y sorprendente reparto, en la que un novio mojigato a punto de casarse buscará, de burdel en burdel, el anillo de bodas que perdió mientras se despedía de su soltería con una prostituta. Todo ello aliñado con la persecución de su familia, la policía y la mafia hispano-portuguesa de la droga.

En “Los años bárbaros”, de Fernando Colomo, nuestra road movie se mueve por senderos más melodramáticos y viaja hasta los años de la posguerra, cuando unos jóvenes Jordi Mollà y Ernesto Alterio consiguen escapar de su condena a trabajos forzados gracias a la ayuda de dos turistas americanas, con las que recorrerán las carreteras de la España de los años 40 tratando de alcanzar la frontera sin ser descubiertos. En “Carreteras secundarias”, Antonio Resines y Fernando Ramallo dan vida, respectivamente, a un padre fracasado y a su hijo adolescente, cuya única posesión es un Citroën DS, alias Tiburón, con el que atravesarán la geografía de nuestro país en los 70, tratando de buscar fortuna o, al menos, una escapatoria al pesimismo y el tedio en el que transcurren sus vidas.

Lejos de nuestras fronteras pero con la participación de Maribel Verdú, en “Y tu mamá también” asistimos a un viaje por carreteras mejicanas en el que dos adolescentes Gael García Bernal y Diego Luna competirán en un principio por llevarse a su compañera de trayecto a la cama, sin imaginarse que este viaje les deparará un cambio definitivo a la hora de entender el mundo y de verse a sí mismos.

Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar cintas con el coche como protagonista, e incluso en el cine español más costumbrista encontramos historias narradas a cuatro ruedas. En pleno boom económico de los años 60, en el que la venta de coches se vio disparada en nuestro país, un orfanato gestionado por monjas decide modernizarse y comprar un Citroën 2CV. Ya sea por su fascinante reparto (con Gracita Morales, José Luis López Vázquez, Rafaela Aparicio, José Sacristán…), por lo naif de su historia o por su pegadiza banda sonora, “Sor Citroën” se ha convertido en un icono del cine español y de las tan amadas como odiadas ‘españoladas’. Y aún antes, en la década de los cincuenta, dos aclamadas cintas tendrían en la aparición de un vehículo su punto de inflexión. Por un lado, en “Bienvenido Mr. Marshall”, todo un pueblo espera con ansia al coche que traerá a ‘los americanos’ y, con ellos, las ayudas económicas implícitas en el Plan Marshall, destinado a la reconstrucción de los países europeos tras la Segunda Guerra Mundial, y que jamás llegó a España. Por el otro, “Muerte de un ciclista” supone uno de los primeros acercamientos del cine español al thriller psicológico, en el que una pareja de amantes decide darse a la fuga tras atropellar a un ciclista, con el fin de ocultar su relación. Sin embargo, los remordimientos y el miedo a ser descubiertos convertirán sus vidas en un calvario.

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