Este viernes la dosis de cine español independiente con carácter autoral que está marcando el 2014 viene de la mano de A Escondidas, una emotiva historia del más puro amor del ser humano: el primer amor de juventud.

El realizador vasco Mikel Rueda ofrece una profunda reflexión sobre temas como la marginación, la inmigración; y sobre personas obligadas a esconderse por distintos motivos. Con él hemos charlado de estos y muchos otros temas. Os dejamos con la entrevista.

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-Mikel, en la película abundan escenas cotidianas entre amigos adolescentes, uno de los aspectos más complicados de retratar en cine, ¿cómo trabajaste las escenas entre el grupo de colegas?

Era fundamental trabajar en la naturalidad y la credibilidad de los dos protagonistas y su entorno. Se organizó un casting de mas de 4000 chavales en el que yo no buscaba actores profesionales. Tras la selección del grupo les dejamos libertad de movimientos, sin marcas ni diálogos que pudieran suponer un corsé. Nos adaptamos a sus personalidades y hubo mucha improvisacion y juegos en los ensayos. Los chavales aportaban muchas cosas constantemente; todavía no habían entrado en el juego de la interpretación, la mentira, el impostar. Les salía de verdad y eso era muy bonito y auténtico. Fuimos el equipo quienes nos adaptamos a ellos.

-¿Cómo surgió la trama marroquí? ¿Tienes alguna vinculación con el país?

No especialmente. Hace años trabajé en un centro de menores y viví la problemática de estos chavales, que cruzan el Estrecho con unas edades muy tempranas y sin referentes paternos se deben buscar la vida. Rodé un corto en Marruecos de chavales que cruzaban el charco, pero me interesaba explorar qué pasa con ellos después, en esa edad tan crucial en la que desarrollan su personalidad.

-¿Te has planteado dirigir la película a algún festival internacional marroquí, como el Festival de Cine Mediteráneo de Tetuán?

Por mí encantado.

-Sería interesante conocer su reacción.

Sí. No sé si les encantaría o todo lo contrario. Que un marroquí se enamore de otro chico puede ser un tema complicado en los sectores más cerrados, pero desde luego, cuanto más visibilidad tenga la película mejor.

-¿Crees que A escondidas puede confundir a parte del espectador, debido a su planteamiento que se aleja del cliché  de “cine gay”?

Es que no creo que se pueda catalogar como “cine gay”. Realmente es una historia de amor. Creo que hablamos de muchas más cosas y siempre quisimos hacer un planteamiento alejado del subgénero de “cine gay”.

-Se retratan distintos tipos de amistad. Es especialmente conmovedora la historia entre el protagonista y su mejor amigo de toda la vida, que da lugar a una de las escenas clave y más emotivas. Háblanos de esa relación.

Me interesaba mucho esa relación. A Escondidas es ante todo una historia de amistad. Así se inicia la  relación de Ibra y Rafa; en principio es una amistad -aunque luego se desarrolla en otras cosas-. Para un chaval de 15 años es importante sentirse aceptado y la gente que le rodea. La amistad con Guille es esa amistad pura y verdadera de la juventud, cuando no hay prejuicios y sólo queremos comprender a nuestro amigo e intentar ayudarle. Guille representa esa amistad: eres mi amigo y te quiero pase lo que pase, por encima de lo que puedas sentir y lo que piensen otras personas. Me interesaba mucho ver cómo Guille despierta, se conmueve, se siente culpable y se emociona al darse cuenta de la situación de su amigo. Son sentimientos muy reales.

-¿Qué has querido trasladar al espectador con el singular montaje?

A Escondidas debía ser un viaje para el espectador a la vez que los protagonistas. De ahí esa estructura no al uso y desordenada. Rafa e Ibra están en un momento de sus vidas perdidos, y el espectador en un inicio debía tener esa misma sensación de desconcierto, por ello hay esos saltos en el tiempo al principio. A medida que los dos reconocen y aceptan sus sentimientos, paralelamente se gana linealidad en la película y el puzle se va cerrando.

-¿Qué buscabas en los dos actores protagonistas, Adil Koukouh y Germán Alcarazu ?

Eran adolescentes que podían tener un conflicto interno al plantearles la propuesta, así que en ambos casos buscaba una gran madurez para entender el personaje. Ambos provienen del mismo sitio, de un casting enorme que tuvimos que hacer para dar con ellos instituto por instituto.
En Germán buscábamos una sensibilidad especial y una madurez para comprender a su personaje y poder llevarlo a cabo con la suficiente naturalidad y sensibilidad que requería. Y la verdad es que una vez encontrado, fue todo muy sencillo, porque era él… y no hacía más que demostrármelo a cada gesto, a cada mirada, a cada palabra que llenaba de verdad.
En Adil encontré una mirada, una soledad. El personaje vive rodeado de gente pero está solo, y él disfruta de esa soledad. A su vez debía transmitir mucho mundo interno. Adil nos dio eso 100% e interpretativamente es un monstruo.
Fue una gozada poder encontrarles y trabajar con ellos. Ambos son unos estupendos actores que estoy seguro que si quieren, llegarán muy lejos en esto.

-¿Tuviste algún problema a la hora de abordar escenas de intimidad con los dos actores protagonistas?

Sinceramente era un tema delicado. Ellos tenían mucha presión al respecto, ya que al acabar la película iban a volver a su entorno. En el momento del casting no se les dijo cuál iba a ser la temática. Cuando ya les explicamos de qué iba la película, tuvimos que ir eliminando barreras con mucha delicadeza.
Aun hoy en día los chicos no somos educados en la sensibilidad. Hay una serie de clichés de cómo tiene que ser un hombre; debes reprimir tus emociones o de lo contrario eres señalado. Nadie les ha dicho a los chavales cómo gestionar sus sentimientos. Por ello, en los ensayos hablamos muchísimo sobre sus sentimientos y sobre sus vidas para intentar desatascar esas barreras impuestas socialmente. Luego fue todo mucho más fácil y pudimos entrar en los personajes sin reparos.

-¿Te has planteado una continuación a lo Linklater, con los mismos actores en otra etapa de su vida? El final es muy abierto…

Linlaker me encanta, pero A Escondidas es lo que es. Hasta que la vida se termina está abierta, por eso quería un final así. Crecemos y nos desarrollamos con las decisiones que vamos tomando. La vida luego te lleva por derroteros desconocidos.
Jamás me habían planteado lo de una segunda parte jajaja, ahora digo que no, pero quién sabe si dentro de 10 años llamamos a estos dos y les proponemos una Linklater…

-¿La película está teniendo demanda fuera de España?

Sí. Nos la está llevando un agente de ventas y por ahora se ha vendido a 10 países como Francia, Alemania, Inglaterra o Italia. Hay varios festivales interesados y sí pensamos moverla internacionalmente tras su estreno en España.

-¿Qué opinas del auge del cine español reciente?

Estuve en el Festival de San Sebastián y vi Magical Girl. Me parece un palmarés acertado y arriesgado, premiando un cine más outsider, con una película que desconcierta; no sabes si te ha gustado más o menos, pero sabes que te has quedado enganchado viéndola. Después, me gustó muchísimo Negociador, de Borja Cobeaga. Sé que mucha gente irá esperando una nueva Ocho apellidos vascos u otra cosa y no es eso ni de lejos. Pero es una película magníficamente construida y delimitada, tanto el tono como su género, que dice mucho de lo que ha ocurrido aquí. Es una película necesaria.

-A modo de homenaje, háblanos de tu experiencia trabajando con Alex Angulo.

(suspiro) Era todo corazón. No sólo un genio profesionalmente. Para mí fue un padre. Me ha costado 7 años hacer esta película y siempre supe que quería trabajar con él. Pese a ser un pequeño papel de acompañamiento que no suponía un reto interpretativo, Alex se volcó y enamoró del proyecto, y me dijo que contara con él. Durante los seis años restantes me prestó su ayuda para sacar adelante la película.
Contrariamente a lo que la gente pueda creer, Álex era un tipo muy tímido y alejado de la farándula que rodea este mundo, sin embargo vino a Málaga, estuvo con nosotros en todo momento… Nos queda su recuerdo, amor y gratitud inmensa.

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Óscar TAEntrevistasA escondidas,Mikel Rueda
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