En los últimos meses las cadenas de cines Kinépolis y Cinesa no han exhibido los últimos estrenos de la mayor Universal por desacuerdos económicos entre ellos.

De este modo, muchos espectadores no han podido ver películas como “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, “Plan en Las Vegas”, “La leyenda del samurái (47 Ronin) o esta semana “El lobo de Wall Street”.

Imagino, con lo que he leído lo poco que hay publicado en la red sobre cómo se reparten el pastel de una entrada de cine las productoras, distribuidoras y exhibidoras, que el problema radica en que los dirigentes de Cinesa y Kinépolis se han plantado ante una mayor como Universal y han dicho basta a sus altas exigencias económicas.

¿Cuáles pueden ser estas exigencias económicas?

Pues, bien, las grandes mayor, como tienen en su cartera películas muy comerciales que todo cine quiere tener en sus salas, exigen con sus blockbuster que, por ejemplo, la taquilla del primer fin de semana se reparta en un 30% para los cines y un 70%, o más, para la distribuidora (que después tiene que repartir con las productoras de la película). Luego, conforme pasan las semanas este reparto se va equilibrando entre los cines y distribuidora pero, claro, cuando más dinero recauda una película es en su estreno.

Sobre el estreno de “El lobo de Wall Street” Cinesa respondía en su Twitter al anuncio de Universal, que su película se podía ver en todos los cines menos en los Cinesa y Kinépolis, con el siguiente mensaje: “Las condiciones exigidas por la distribuidora nos resultaban inasumibles y no podremos estrenarla”.

Raúl Cabrera, director de márketing de Cinesa, ha comentado a la prensa: “Con toda la crisis que tenemos en el sector, con todos los recortes de sueldos y personal que hemos asumido para sobrevivir y las constantes promociones para que los espectadores vuelvan a la sala [recordemos el nuevo paquete de promociones que se ha puesto en marcha este año], no nos podemos permitir las tarifas que exige Universal”.